YERÛŠELEM (FRA) – The Sublime, 2019

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Pasadas ya las dos décadas desde que naciera esa criatura cambiante y vanguardista llamada BLUT AUS NORD, la mente de sus dos fundadores continúa siendo germen de nuevas expresiones musicales. Vindsval y W.D. Feld unien nuevamente sus talentos creativos, esta vez bajo el apelativo YERÛŠELEM.

Resulta interesante reparar en la descripción de la neonata obra que figura en su propia página de Bandcamp. Más allá de la grandilocuencia con la que este tipo de páginas suelen presentar a los artistas, abusando de las etiquetas y acumulando adjetivos que buscan atrapar al oyente con la descripción antes que con la música, una de sus frases contiene una información muy reveladora que puede pasar desapercibida. Definen The sublime como “música con un núcleo conocido que ha colapsado y ha sido reestructurado con nuevas formas, donde los fantasmas se crean a partir de la ausencia”.

Quizá sea sólo una expresión con más continente que contenido, pero ya sea a propósito o no, esconde un poso de verdad que nos ayuda a conocer la naturaleza de este trabajo. No cabe duda de que BLUT AUS NORD está ahí. Puede que no en cuerpo, pero sí en espíritu. Esa bifurcación entre lo orgánico y lo industrial que nunca llega a concretarse en un solo camino es una constante, y a lo largo de todo el disco encontraremos muchas referencias, en especial a la trilogía 777. No obstante, lo que la citada frase contiene de verdad velada es que, en realidad, The sublime puede definirse, tanto o más que por las similitudes, por todo aquello que falta de BLUT AUS NORD en YERÛŠELEM.

La percusión extrema ha desaparecido en favor de unos ritmos mecánicos sin afán de protagonismo, que funcionan como el armazón que envuelve al conjunto. Los guturales han dejado paso a las voces limpias pero muy lejanas, encerradas entre el entresijo de sonidos hasta el punto de resultar indescifrables en muchos momentos. Las guitarras se acercan al post punk, arañando también notas que recuerdan, si no en la melodía al menos en la sensación, a las desquiciadas notas tan características de KORN.

Dicho esto, no todo surge del vacío. El poder atmosférico de este trabajo es mayúsculo, emanando una penumbra que evoca a NINE INCH NAILS en una vertiente más inquietante que sensual. La capacidad de construir una ambientación extrema a partir de elementos que no lo son propiamente es notable, y es que su impronta sonora es tan distinguible como lo ha sido siempre, esta vez bajo una nueva denominación. The sublime es una sombra en sentido literal, pues de algún modo ocupa el espacio que permanece en la oscuridad tras el black metal. Como toda ausencia, ésta tiene vacíos impenetrables que ahogan y disminuyen aquello que sí es tangible. Para alcanzar el grado de estímulos sensoriales requeridos, YERÛŠELEM se abandona a la repetición incesante. Por supuesto esto tiene ciertas ventajas, como la de contribuir a esa atmósfera con una fuerte inducción al trance, pero también corre el riesgo de que la abstracción se evapore súbitamente y caigamos en la desidia.

Si tomamos fragmentos cortos, nos encontramos una delicia musical con una carga comunicativa inmensa, pero si los unimos, la singularidad se transforma en un continuo autorreplicado. Una pista en mid-tempo o down-tempo que transcurre durante cuatro o cinco minutos sin cambios de ritmo (o con una o dos variaciones casi imperceptibles) puede acabar siendo un desarrollo lineal insostenible. La posibilidad de que a media canción aparezca la tentación de mirar el tiempo transcurrido o, peor aún, el restante, es de los peores escollos con los que puede encontrarse una obra musical. En su defensa es de justicia decir que en los géneros que rondan la música electrónica e industrial las variaciones de tempo suelen ser mucho menos utilizadas.

Puede que a oídos poco proclives a abandonar los límites del metal extremo, con sus cambios de ritmo y velocidad endiablada, resulte una experiencia demasiado reiterativa. Para mí no ha resultado un obstáculo insalvable y, de hecho, si se logra sumergirse en la atmósfera que nos propone, YERÛŠELEM sabe transmitir mucha intensidad. Es innegable que The sublime es denso, redundante y consuntivo, pero ¿acaso de la ausencia podría surgir algo diferente?

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