YEAR OF THE KNIFE (USA) – Internal incarceration, 2020

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La mente humana es un ecosistema peligroso para su propio y único dueño, aquel lugar donde se esconden los autosabotajes, fobias, odios y adicciones variadas que contribuyen, aún más, a que la existencia de cada individuo sobre la faz de la tierra sea aún más miserable si cabe. No hace falta que ilustre la negativa frase inicial con ejemplos, pues cada uno tiene suficiente con lo suyo, pero bajo esta premisa tan familiar ha nacido una de las mejores obras de metalcore desde que dicho género existe.

Pero como es una de las etiquetas empleadas de manera más amplia y en la que caben cosas absolutamente dispares, hagamos una distinción. Pasada la década de los ochenta y aquel fenómeno denominado crossover, que esencialmente era thrash más acelerado aún y muy punkarra, llegamos a los noventa: las bandas siguen mirando a SLAYER, pero deciden bajar la velocidad, afinar más grave y hacerle ojitos al death metal que se encontraba en su pico comercial, y consiguen crear una corriente totalmente diferente de sus padres espirituales de donde saldrían nombres de culto como MERAUDER, EARTH CRISIS, ALL OUT WAR, COLD AS LIFE, EIGHTEEN VISIONS o CONVERGE. Ya en la década siguiente se impondría el fusilamiento de riffs a AT THE GATES e IN FLAMES y aquel sonido chico-malo-y-agresivo-en-los-versos-pero-sensible-y-comprometido-en-los-estribillos que todos conocemos de sobra y que se apropiaría del término indefinidamente.

En esa segunda generación es donde YEAR OF THE KNIFE residen y han decidido expandirse. Sería muy cómodo afirmar que simplemente hacen una versión moderna de aquella corriente, pero si hay un revival de este estilo no es porque simplemente sean copias; más se esconde bajo el agua. Internal incarceration es media hora de odio y violencia que en ningún momento cesan. Y aunque pecan de cierta previsibilidad si conoces el género, no impide que la patada en la boca duela. Hay velocidad controlada, chugging en las partes más lentas, breakdowns, d-beats, riffs similares a ENTOMBED y que los sitúan en la órbita de BLACK BREATH como en «Final tears«, e incluso versos marcados que hacen que los cortes se te queden en tu memoria, nada fácil si te pasas media hora dando hostias sin respiro. Todo ello envuelto bajo los ladridos de un Tyler Mullen que hace un trabajo excelente a la altura de sus compañeros. La operación para reparar sus cuerdas vocales en cinco años valdrá la pena. Cada parte de esta enumeración funciona porque está incluida en pequeñas dosis equilibradas y, como ni siquiera hay una fórmula fija, cualquier sorpresa es posible. 

Situémonos en el tema homónimo: comienza siendo un medio tiempo fangoso y sucio y no tenemos pruebas para pensar que no seguirá así en su minutaje restante. Error: apenas un segundo de pausa que da lugar a un riff rapidísimo y a partir de ahí el corte da un giro de ciento ochenta grados, para acabar a base de breakdowns. Un dinamismo que impulsa a seguir escuchando. 

El único defecto que detecto son los fundidos al término y comienzo de cada canción, que rompen ligeramente la atmósfera violenta que se ha creado. Cuando se prescinde de estos, como entre «Get it out» y «DDM» aumenta la sensación de estar escuchando un directo, que es el auténtico hábitat de los temas. Puedo entender que los inicios, en ocasiones, no dan para un continuismo sonoro, pero cuando acaban en una nota mantenida creo que es el momento de no bajar el volumen. 

Se dice que una banda tiene toda una vida para escribir un primer disco, pero apenas unos meses para el segundo. Por eso las óperas primas, si son de calidad, tienen esa frescura que no conservan subsecuentes discos (siempre generalizando, claro, y sin que sea indicativo de la calidad). Por eso, y excluyendo EPs previos de la banda para este símil, este Internal incarceration es el Van Halen del metalcore por su frescura y fluidez. Pero el mayor y mejor logro es que en unos años será de obligada escucha para entender esta nueva ola del género.

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