XIBALBA (USA) – Años en infierno, 2020

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Ha llovido muchísimo desde que XIBALBA saltase a la fama en el underground por aquel Hasta la muerte de 2012, su segunda obra y primera bajo el auspicio de Southern Lord. Por entonces fueron confundidos erróneamente por una banda más deathcore. Una identificación errónea pero comprensible. Si bien estrictamente mezclaban hardcore con death metal, poco o nada tenían que ver realmente por sonido con un estilo que por entonces se encontraba en su pico comercial. Los mismos ingredientes no aseguran la misma comida ni el mismo sabor. Para empezar porque sus raíces se hundían en el beatdown hardcore, pero con un traje de death metal europeo. Parece algo sencillo de ver, pero nadie más sonaba como ellos. Y ahora menos. No es que el grupo, a medida que pasaban los años, metiesen más determinado de género y cambiasen de barco como hicieron otros. XIBALBA son directamente una entidad distinta, juegan solos en su propia liga. 

No sabemos en este Años en infierno dónde comienza el beatdown, acaban los homenajes a BOLT THROWER o podemos hablar de un trasvase de sucio sludge. Los de Pomona tienen entre manos un denso mejunge que atrapa hasta la luz del sol y no deja que nada sobreviva. 

El grupo ha ido haciendo progresivamente discos más breves y homogéneos sin que esto signifique algo negativo. Todo lo contrario, significa que han perfeccionado la fórmula empleada desde Madre mía gracias por los días para llegar a este punto culminante. Porque una década da para mucho. 

Nada más comenzar con «La injusticia» podemos ver que continúan continúan los riffs gordísimos y ultragraves que juegan con la beligerancia de medios tiempos de BOLT THROWER, hasta los breakdowns exageradamente lentos que invitan a la violencia. No se busca un contraste exagerado entre ambas partes, sino que todo fluya y sea este único pozo petrolero. Como aquella canción de VAN HALEN, cogen lo mejor de ambos mundos y te lo plantan durante 35 minutos a la cara, como una paliza de muerte. ¿Corto? Sí, pero no deja espacio para la dispersión mental, ahondando en la sensación de «directo» que ya comenzaron a explotar en Tierra y libertad. No me extrañaría que hubiesen dejado temas fuera que alterasen el ritmo de este Años en infierno.

El perfeccionamiento de la fórmula no impide que no se cumplan pequeñas tradiciones, en este caso una nueva inclusión de un tema instrumental, «Saka«, que cuenta con extra de percusión tribal y sirve como transición entre las más cazurras «Santa muerte» y «Años en infierno«, y una portada que vuelve a ser una pirámide azteca (ya van cuatro, entre tres álbumes completos y un EP), sólo que esta vez en llamas. 

Pero la tradición más importante y que abre puertas al futuro con su perfil experimental es el largo corte de cierre, «El abismo«, aunque esté dividido en dos partes. La evolución va más allá del uso de voces limpias por parte de Nate Rebolledo (algo que tampoco se le da nada mal), porque no es que sea el recurso más revolucionario del mundo, sino por el ambiente que genera. Una tristeza y sensación de vacío a base de reverb y sonidos limpios que retrotraen a los escapes sonoros de CORRUPTED. Todo dentro de unos límites, claro está. No pueden evadirse durante una hora como les gusta a los japoneses, pero sí ofrecernos cierta desolación alternada con breakdowns y riffs de hardcore más familiares para los californianos, tan sólo dejándose llevar por esta nueva cara en los minutos finales de la obra. No obstante, y para que nadie se lleve a equívoco, la dinámica de «El abismo» no es «poli bueno, poli malo» o «bella y bestia», no. Está entre «intento de suicidio» y «furia homicida». Una fiesta de la negatividad y la desesperanza que eleva a XIBALBA a unos altares en los que nadie ha estado.  

Su prueba definitiva de triunfo será cuando comencemos a ver nuevas bandas que los miren como referencia. Aunque, pensándolo bien, el mayor reconocimiento que pueden tener es el ser absolutamente inconfundibles. 

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