WYRMWOODS (FIN) – Earth made flesh, 2018

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Enfrentarse a según qué críticas puede ser sumamente difícil. Más cuando el artista ha perpetrado una obra con la intención de que sea harto complicado hacerte a ella. Y no porque sea un cabrón y quiera ir jodiendo a sus oyentes, sino porque ha clavado la intención de que su pequeño retoño sea algo insano, caótico y desagradable a la par que bello e hipnótico.

Este Earth made flesh no es un disco fácil. Es más, yo diría que no es un trabajo para mentes cerradas ni para oyentes estándar. Incluso para aquellos que están metidos dentro del metal extremo, y más concretamente en el black metal, puede que sea un disco que no les atraiga de primeras.

Bajo la premisa de un black metal de la vieja escuela se esconde un ente mucho más profundo y ancestral. Una música que destila la maldad y rabia típicas del black metal, sí, pero también esconde un caos descontrolado, una locura insana, como sería ver a uno de los monstruos primigenios de los mitos de Cthulhu y perder completamente la cordura. Y también momentos de mucha calma y atmósferas inquietantes, que no hacen más que acrecentar más nuestros temores por lo que está por llegar.

Toda esta atmosfera se consigue con una producción muy orgánica y que si me dicen que fue grabado hace quince o veinte años me lo trago sin problemas. Unas guitarras crudas y afiladas, pero sin ese sonido tan agudo característico del género, sino con una ganancia hiper saturada que embrutece el sonido y en algunos momentos llega a ser algo caótico pero que no hace más que darle ese punto de crust y de sonido guarro que le va perfecto al aura del disco.

En cuanto al tema vocal el disco está provisto de una amplia gama de voces, susurrantes, guturales, gritos desgarrados que parece que provengan del mismísimo averno o que estén escupidas por algún tipo de criatura fantástica y monstruosa. Todo el abanico para que nos sintamos como si estuviésemos en un aquelarre o en una invocación demoníaca pagana.

Pero el punto más destacable del disco es sin duda el apartado musical. La recreación de ambientes es fantástica, sobre todo esa sensación de caos y de locura que impregna a toda la obra. Esto lo consigue con pasajes muy rápidos, creando disonancias con las guitarras y los teclados, haciendo una mezcla entre black metal y noise, con momentos muy locos en los que realmente no sabemos muy bien lo que está pasando o con la sorprendente incorporación de un saxofón en algunos temas, como en “Break the seal” y su momento free jazz totalmente desconcertante y bello.

Como ya he dicho, también hay lugar para la calma y las atmósferas. Sus máximos exponentes son “Saturnalia”, un pasaje instrumental de siete minutos, o “Primordial waters/The well of Urth” con su inicio totalmente pinkfloydiano que poco a poco va perdiendo su parte psicodélica para estallar en una orgía de locura, cortesía de unas guitarras con la ganancia en limites inhumanos, una batería machacona y un saxofón totalmente desatado y fuera de sí.

Nos encontramos pues ante una obra que hay que tomársela con calma y dejarla reposar, ya que seguramente no entrará a la primera y puede que tampoco a la segunda. Pero para los amantes de las sonoridades oscuras, claustrofóbicas y malignas será una grata sorpresa, y es que  Nuurag-Vaarn, el artífice de esta terrorífica hermosura, con este disco de WYRMWOODS ha conseguido crear un viaje a lo más oscuro de los miedos y terrores humanos. Sabiendo conjugar perfectamente los momentos de caos con las partes más ambientales, aprovechando las disonancias y la estridencia, pero sin olvidar ese puntito de melodía, aunque sea malsana, ni los riffs hirientes que se te quedan clavados en la memoria, “The greater festival of masks”.

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