WORMWOOD (SWE) – Nattarvet, 2019

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Cuando comenté el primer LP de esta banda lamenté haberlo analizado durante el año posterior a su lanzamiento, ya que de haberlo hecho dentro del plazo habría formado parte de mi top diez subterráneo sin ninguna duda. Al tratarse de un disco de un año anterior, no procedía. Este año la cosa cambia.

Los suecos WORMWOOD vuelven con una obra que muy poco tiene que envidiar a su predecesora, que cosechó buenas críticas por doquier. En esta ocasión, de manos del también sueco sello Black Lodge Records (RAISE HELL, A CANOROUS QUINTET, MAZE OF TORMENT), editan Nattarvet, una obra repleta de matices y sentimientos y mucho más madura que cualquier otra obra que hayan lanzado con anterioridad.

Para empezar, el sonido, aunque sigue siendo bastante orgánico, se antoja más cristalino y definido que su predecesor, habiéndose prestado mucha más atención a elementos que a veces pasan desapercibidos, como puedan ser las líneas de bajo o las atmósferas. El bajo, más concretamente, suena perfecto, realizando dibujos y estructuras que no se limitan a seguir las tónicas de la guitarra, aportando dinamismo y consistencia.

Compositivamente, WORMWOOD no es que se haya reinventado demasiado, pues sigue intacta su devoción por el sonido nórdico, como no podía ser de otra manera, haciendo alusión tanto al black metal de la primera oleada como a hornadas posteriores. Pero sí que han sabido madurar su estilo hacia algo más sofisticado, sin llegar a adentrarse en lo vanguardista, integrando elementos que bien podríamos encontrar en bandas post metaleras.

Mucha más atmósfera también en este Nattarvet, de la que se benefician sin duda alguna las melodías, ya sean de índole melancólica, triunfal o de desesperanza. Cada vez que los ingredientes melódicos y atmosféricos se entrelazan, la epicidad es absoluta y gélida, como un iceberg blandiendo ocho hachas de manera simultánea. Cuesta de imaginar, pero cuando lo consigues, ¿es épico y gélido o no?

También ha habido una mejoría en el apartado vocal. Aunque no se ha notado tanto en los guturales, que ya de por sí eran y son de una técnica perfecta y un color muy atractivo, en las limpias y los coros sí se percibe una mejoría bastante notable, empleando más las armonías, todo mucho más entonado y moldeado. Sencillamente perfecto.

Tampoco han dejado de lado aquella vena pagana que les otorgaba no sólo esos riffs de batalla a medio tiempo, sino también la inclusión de instrumentos folclóricos; a destacar el violín que tan buen resultado dio en anteriores opus.

Sin duda alguna, una obra de arte destinada a ocupar las listas de favoritos de este año en muchos medios especializados, entre los que, seguro, no va a faltar este para el que hoy publica un servidor.

 

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