WOLF KING (USA) – The path of wrath, 2021

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Con el black metal en pleno apogeo «comercial» y creativo estamos siendo inundados por toda clase de material, desde pésimo hasta excelente, mezclado con todo tipo de estilos, con resultados variados. No todo es post black, aunque sea la etiqueta más presente desde mediados de la década pasada. Incluso, para regocijo de los más puristas, las variantes tradicionales siguen gozando de muy buena salud, sobreviviendo a todo tipo de corrientes e «intrusos». 

Entre el amplio abanico de estilos mancillados se encuentra el hardcore. Una mezcla que ha existido casi desde finales de los 90, sin ser demasiado popular y que a día de hoy no ha mejorado demasiado su situación comercial. Entiéndase que jamás ha generado, ni ayer ni hoy, una especie de movimiento propio separado del resto, siendo en su lugar contadas excepciones en un mar de grupos distintos. No existe una escena blackcore como la que sí existe en black atmosférico, el melódico… Incluso si piensas que tu raza es superior al resto, tienes todo un movimiento esperándote. 

Poco importan las razones detrás de esa escasez. Importa que tenemos delante a una de las pocas bandas del estilo con sus propias características. 

Normalmente, aquellas bandas que mezclan hardcore con black metal suelen tener una base muy arraigada en el primer estilo, añadiendo a esta trémolos, blast beats y cierta aura oscura (HIEROPHANT, ERDVE…). Un hardcore/metalcore ennegrecido, por resumir bastante. Y, en efecto, así eran los californianos en su primer EP y álbum (Loyal to the soil). Lo no tan habitual es el paso que han dado en este The path of wrath. La dosis de black metal ha subido tanto que en muchos momentos domina por completo la ecuación, llegando a ser un grupo de black con cierto toque de hardcore. Una escucha a ciegas de «Wandering soul» puede hacernos olvidar las raíces de WOLF KING, por citar uno de los cortes más sumergidos en el fango negro. Y gran parte de la culpa de esta nueva identificación es del cambio de registro de Timothy Wilson al micrófono, con una voz rasgada perfecta y que dista mucho de lo visto en anteriores entregas. No es sólo que haya cambiado los ladridos del hardcore; es que también ha prescindido casi por completo de los rugidos profundos que le daban a WOLF KING cierto toque de death metal. Pero no considero que este dos por uno sea negativo, pues parece que ha estado ensayando toda la vida con su nueva voz y, siendo realistas, era lo que mejor encajaba con la música. Al final, entre tanto trémolo y voz rasgada, sólo un d-beat nos recordará dónde estamos. 

Bajo estas coordenadas, todo adquiere un matiz distinto. Incluso las canciones más apegadas al hardcore en su construcción, como «Sanctuary» o «The path of wrath«, no se libran de esa pintura a lo WATAIN en ningún momento. Algo que puede gustar más o menos, pero cuando la banda entra en el modo lento resulta ser el doble de devastadora. 

Entre tanta agresividad incontrolada el grupo tiene incluso, llamémoslo, ciertos conatos de amabilidad en los que se muestra algo más accesible. Las partes relajadas de «The oath» proporcionan un descanso necesario tras medio disco de ataques continuos y con la otra mitad esperando nada más finalizar, aunque más sorprendente es «Grief portrait«, no ya sólo porque sus primeros segundos sean parecidos a «The oath«, sino por la voz doblada limpia que nos acompaña en los versos, siendo probable que enganche a muchos oyentes que, a primera instancia, hayan sentido cierto rechazo por tanta violencia. Porque WOLF KING se presentan a esta reunión destrozando todo.

No existe un equilibrio perfecto entre estilos. Se podría argumentar que quizás tanto black haya desestabilizado la balanza más de la cuenta. Pero el papel todo lo aguanta y creo que en este desequilibrio los chicos de California han salido ganando, porque siguen estando lejos de todo lo que pueda ser considerado «black metal» a secas o «post black». Las raíces del hardcore siguen estando ahí, aunque en algunas ocasiones cueste verlas. Pero habría sido un mayor ultraje haber dado un cambio de ciento ochenta grados para ser irreconocible. Y aunque siempre hay que respetar el deseo de los músicos de evolucionar, ¿de qué sirve si te conviertes en uno más? WOLF KING, sin embargo, siguen siendo WOLF KING.

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