WHITECHAPEL (USA) – The valley, 2019

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Lo admito, he caído. He caído en las redes del deathcore, un género que hasta no hace tanto me daba un poco de pereza. Bueno, y me la sigue dando, qué demonios. Por lo general el deathcore me sigue pareciendo un género aburrido, predecible y poco auténtico, cuyos grupos se escudan en la brutalidad para no evolucionar en su sonido y ofrecer algún otro argumento a personas que escuchen otros subgéneros del metal para comenzar a escucharlo.

Y es que el salto entre el metalcore y el deathcore es bastante importante. Y se está acentuando en los últimos años teniendo en cuenta que el primer género apuesta por incorporar cada vez más melodía y el segundo es mucho más reacio a abrirse. O al menos lo era hasta ahora, ya que una de sus puntas de lanza se ha atrevido a abrazar sin complejos otras sonoridades. A hacer más accesible su sonido, algo que ya se venía intuyendo en su último álbum Mark of the blade, en el que Phil Bozeman experimentaba con las voces limpias en «Bring me home» y la progresiva «Decennium«.

Los de Tennesse parecen haberse inspirado en el espíritu de estos dos últimos temas a la hora de componer The valleydisco conceptual autobiográfico centrado en la dura infancia de Phil Bozeman. La inicial «When a demon defiles a witch» y la final «Doom woods» tienen características similares: arrancan con una instrumentación limpia, pero van ganando en intensidad. Además, el primero tiene un estribillo limpio que lo acerca al metalcore. «Black bear«, «We are one» y «Lovelace» -esta última con pasajes en los que Bozeman se desgarra la garganta- tienen un ritmo mucho más groovie y cañero, mientras que «Forgiveness is weakness«, «Brimstone» o «The other side» se aproximan al death metal de grupos como HYPOCRISY.

Aunque las absolutas ganadoras de este disco son, sin duda, los medios tiempos «Hickory creek» y «Third depth«, en los que la banda, y especialmente Phil Bozeman, muestran su madurez. Las comparaciones con STONE SOUR y Corey Taylor son inevitables, pero estos temas alcanzan una oscuridad y una intensidad que la banda del frontman de SLIPKNOT jamás ha alcanzado.

Aunque no suela hacerlo, merece la pena destacar la calidad de las letras -alejadas de los estándares del género y de lo que hacía la banda en sus comienzos- y el artwork de los catalanes Branca Studio, con aire de película de terror de los años 80. No obstante, la edición en vinilo incluye un maxipóster que se asemeja a los que hay en los cines anunciando las películas de estreno.

Sería muy pretencioso por mi parte decir que es el mejor disco de la carrera de WHITECHAPEL cuando la propia banda, honestamente, admite que no es su mejor trabajo hasta la fecha. No me he hecho fan del deathcore, me he hecho fan del ‘chapelcore’, la reinterpretación del género que los de Knoxville han hecho en su nuevo disco. Es heavy, duro e intenso, pero sin ser un clon del resto de bandas del género, porque incorpora brillantemente la melodía, un elemento poco visto en el mismo. Ahora que han encontrado su propio camino, lo peor que les podría pasar, tanto a ellos como al deathcore, es que el resto de bandas intenten seguir sus pasos.

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