WHITE MOTH BLACK BUTTERFLY (GBR) – One thousand wings, 2013

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whitemothblackbutterfly01Es momento de hablar de algo bastante alejado del contenido habitual de esta página. WHITE MOTH BLACK BUTTERFLY es el último proyecto del vocalista inglés Daniel Tompkins. Este nombre puede resultar conocido para quienes estén familiarizados con el movimiento djent, por haber prestado su voz a algunos notables proyectos del género, como TESSERACT o SKYHARBOR. Si bien en la actualidad Daniel es miembro oficial de esta última banda, esto no le ha impedido desarrollar por su cuenta inquietudes musicales más personales enfocadas a la experimentación, dando como resultado el disco que nos ocupa. Para ello se ha formado una banda completa entre cuyos miembros destaca el nombre de Keshav Dhar, el talentoso guitarrista indio fundador de SKYHARBOR, y Acle Kahney, lider de TESSERACT.

La experimentación está en este caso lejos de ser un mismo eufemismo. Lo que ofrece “One thousand wings” es algo totalmente distinto a lo que podríamos esperarnos si nos interesamos por los antecedentes más metaleros de las bandas mencionadas más arriba. Quien busque la agresividad o la contundencia de unas guitarras eléctricas distorsionadas que no espere encontrar nada de eso aquí. La música de WHITE MOTH BLACK BUTTERFLY es ciertamente particular y difícil de caracterizar, pero consiste en general en líneas acústicas y en muchos casos electrónicas, con predominancia de texturas formadas por tonos altos y brillantes sobre ritmos lentos y apacibles. La percusión es escasa y principalmente electrónica, y las guitarras toman un papel eminentemente ambiental junto con el uso de sintetizadores y efectos, e incluso un piano. Por encima de todo esto brilla la genial voz de Daniel Tompkins, como era de esperar, y también la de Jordan Bethany como valor añadido.

¿En qué se traduce todo esto en términos pragmáticos? “One thousand wings” se aleja del metal para ofrecer una creación que brilla por su carácter introspectivo y atmosférico, melancólico en muchas ocasiones e indudablemente meritorio por su originalidad. Se trata en general de un album bastante heterogéneo y abierto a distintas aproximaciones, ligero y fácil de escuchar si se alcanza el estado mental necesario. Sirvan como muestra The world won’t sleep, Certainty, la más oscura Omen o mi favorita, Rose, con una línea de piano verdaderamente estremecedora.

Por lo dicho, “One thousand wings” gustará a los abiertos de mente, pero quienes basen su gusto musical fundamentalmente en el metal tampoco deberían temer darle al menos a WHITE MOTH BLACK BUTTERFLY el beneficio de la duda. Más allá de eso, que cada uno decida.

firmaantonioandrades

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