VULVODYNIA (ZAF) – Mob justice, 2019

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Poco o nada sé de la escena metalera sudafricana. Lo cierto es que desde que descubrí a la formación sobre la que hoy escribo no he indagado en una escena que, a pesar de no contar con un número de bandas abrumador, sí que soy consciente, tras haber indagado un poco para escribir esta crítica con un poco de fundamento, de que hay un buen cartel al que puedo echar mano para descubrir nuevo material.

De hecho, al poco de ponerme con este texto me puse en contacto con la música de VOMIT CAKE, que me gustó bastante. No me sorprendió, ya que dos de sus miembros forman filas en este proyecto que me reúne hoy con las teclas llamado VULVODYNIA.

Descubrí a estos sudafricanos poco tiempo después de que lanzaran Cognizant castigation, su primer LP. Antes habían sacado un EP, también en 2014. Desde entonces, me ha parecido una de las bandas punteras dentro del estilo y han sabido defender bien el nivel presentado en sus dos primeras obras. Suman en su discografía, además de los trabajos mencionados, un compartido navideño junto a BATIONMASTER, BEFORE THE HARVEST, THE CAKE IS A LIE, CEREBUS y CUNT CUNTLY, dos extended plays y dos long plays, entre los que se encuentra el más nuevo, Mob justice, editado a través de Lacerated Enemy Records.

Mob justice tiene todos los componentes para hacer que, cuando le das al play, tus brazos, rodillas y cuello se muevan en comunión, estirándose y contrayéndose como una mangosta peleando con una cobra, ambas puestas de anfetas. Para empezar, los tres principales estilos que forman esta aberrante pieza de metal extremo brillan por igual, siendo quizá la carga de slam la que más pesa en la mayor parte del redondo. Las guitarras, pesadísimas, machacantes e hirientes como golpes de un machete, te van marcando el ritmo de los vaivenes con los que tu cabeza aprueba la calidad de los cortes. Quizá en lo que a producción se refiere echo un poco de menos algo más de grosor, ya que en estos géneros que van más por la vena moderna, en los que se tiende a procesar más la batería, por ejemplo, todos los elementos instrumentales tienen que ir de la mano para que no se creen sensaciones como la que os comentaba, esa falta de grosor. Aunque con todo y con eso, ya os digo, la calidad de las composiciones, a pesar de la aparente sencillez de las mismas, hace que te quieras armar de valor y correr hasta el zoo a saltar la valla de los gorilas para que descuarticen tu cuerpo mientras suena Mob justice por la megafonía del parque.

Esas guitarras lanzando pesados cortes slammer están debidamente acompañadas por una batería que de pronto sigue la batuta slam como de repente te convierte esos riffs en breakdowns que hacen relucir el elemento deathcore, del que podemos escuchar también otro tipo de riffs en forma de tremolo, aunque aparecen con menos asiduidad. En esos casos, Thomas Hughes sube las revoluciones tras los platos, dando ese punto extra de brutalidad. Es cierto que no se inventan nada, pero lo hacen muy bien. Me gustan mucho también esos destellos de corte más técnico donde la guitarra incluye arreglos virtuosos que le dan un toque enfermizo a los temas.

Apartado vocal a la altura de la circunstancia, con guturales graves bestialísimos, pig squeals (el que va al ritmo de la música en “Nyaope” es antológico), screams agudos de los que te hacen poner cara de roedor rabioso y alzar una mano semicerrada al cielo y, para colmo, colaboraciones de lujo que hacen de este disco una auténtica joyita: Alex Taylor de MALEVOLENCE en “Born into filth”, Martin Matousek de GUTALAX en la ya mencionada “Nyaope” y Trevor Strnad de THE BLACK DAHLIA MURDER en “Reclaim the crown pt.I: The burning kingdom”, hacen de ésta una fiesta en la que la brutalidad es la etiqueta y los detalles técnicos la piñata y la tarta.

Si ya conocías a VULVODYNIA, no te lo pienses y dale cera a Mob justice a toda hostia en tu equipo o en tus cascos. De lo contrario, una turba enfurecida hará caer sobre ti todo el poder de la justicia popular y morirás entre antorchas, porras y horcas.

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