VREID (NOR) – Lifehunger, 2018

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Como ya la inmensa mayoría sabe, VREID nace de las cenizas de WINDIR, allá por el año 2004, tras la muerte de Valfar, quien fuera frontman de la legendaria formación de viking.

Desde entonces, estos noruegos han editado ocho largas duraciones contando Lifehunger, sobre el que hoy escribimos. Carrera fructífera la de esta formación que no ha sacado un disco malo a lo largo de todos estos años, cosa cuanto menos admirable.

No debió ser tarea fácil el crear un nuevo proyecto bajo la gloriosa sombra de WINDIR, pero ya con aquel primer LP demostraron tener la entereza y profesionalidad necesarias para seguir forjando su leyenda particular, siempre con el black metal por bandera.

Eso es algo que siempre han sabido mantener. Por más que cada disco haya presentado diferentes connotaciones con un mayor o menor protagonismo, VREID siempre ha defendido su particular manera de expresar el black metal; renovado, con alma old school, ciertos destellos rockeros y un trasfondo musical melódico, quizá más en unos discos que en otros.

En el caso de Lifehunger han retomado un poco el camino de sus primeras obras, rindiendo pleitesía al black metal más puro, sonando más oscuros, más tenebrosos, pero siempre con ese toque macarra que tanto les caracteriza, que en gran parte hay que agradecer a esas partes de guitarra con cierto deje arrastrado (en el mejor de los sentidos), con criterio y con clase. De hecho, me han recordado en “Hello darkness” a la era más moderna de SATYRICON, con esas peculiares guitarras liderando la canción que suenan fatídicas, melancólicas y tenebrosas, combinando con esas voces limpias (que por suerte se repiten de manera puntual a lo largo del disco) consiguiendo potenciar esas sensaciones, otorgando un punto de distinción al álbum, además de variedad y personalidad. Por supuesto, también hay que mencionar el carismático matiz de los guturales de Sture Dyngsøyr, tan reconocibles y bien ejecutados. Es una voz que me gusta mucho.

Lo cierto es que no me extrañaría que VREID se atreviera en un futuro a experimentar con un disco más enfocado al black metal ‘rockandrollerizado’, como bien han hecho los ya mencionados compatriotas SATYRICON, KHOLD o DARKTHRONE.

Trabajo finísimo el de Steingrim tras los platos, quien, lejos de ser un batería rapidísimo, tiene una clase brutal a la hora de realizar cambios de ritmo y puentes, y que le da muchísima variedad a los ritmos, elevando al mismo tiempo la variedad que ofrecen las guitarras entre riffs, tremolos, melodías e incluso algunos recursos más actuales.

La conclusión es que VREID ha vuelto a superarse, que parece que no va a tener problema en seguir haciéndolo en el futuro y que, de manera humilde y discreta, se seguirán manteniendo en lo más alto del podio mundial del black metal con total seguridad.

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