VOIVOD (CAN) – The wake, 2018

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Si quisiéramos decidir cuál es la banda más infravalorada de la historia del heavy metal es probable que VOIVOD fuera uno de los nombres de más peso en la discusión. A pesar de ser un grupo tremendamente respetado parece que el éxito masivo siempre les ha sido esquivo, y durante años se han mantenido como un grupo de culto que mucha gente no tiene más remedio que admitir que “no le entra” al tiempo que muchos grupos hablan de ellos como de un punto de inflexión histórico dada la cantidad de puertas que abrieron en su día. Con VOIVOD se acabó el cuatro por cuatro, el power chord, las estructuras clásicas, la armonía tonal funcional y en general casi todas las convenciones que se siguen en la música porque funcionan. Es difícil imaginar cómo sería el metal actual si VOIVOD no hubiese existido nunca; probablemente otros grupos y otros músicos habrían roto las mismas convenciones en un momento u otro, pero el caso de VOIVOD supuso una ruptura tan brusca y tan radical que aún hoy su música nos resulta extraña e incomprensible.

Los amantes del grupo nos llevamos una alegría en 2013 con la aparición de Target Earth, en el que el grupo estrenaba formación con la incorporación de Daniel Chewy Mongrain a la guitarra. El álbum tuvo una gran acogida y en retrospectiva podemos verlo como un retorno a la actividad regular, puesto que desde entonces han sacado un EP, Post society, y algunos splits en los que han hecho, en mi opinión, que grupos de gran renombre parecieran unos novatos.

Existe una tendencia muy común entre grupos veteranos que han tenido importantes cambios estilísticos a lo largo de sus carreras, una tendencia que a mí me parece muy sana y que consiste en renunciar a elegir entre distintas facetas de la banda, optando en cambio por combinar los distintos recursos disponibles creando trabajos más completos y variados. En trabajos como Target Earth y siguientes VOIVOD ha mostrado un retorno a los tiempos de metal progresivo de raigambre thrash que hizo historia en su época clásica manteniendo un acercamiento a la elegancia y la accesibilidad de sus trabajos posteriores. The wake prosigue la exploración en esa dirección llevándola adelante con maestría.

Encontraremos temas más largos que en Target Earth y también más partes rápidas y caóticas, pero también abundantes texturas y riffs directos que nos recordarán a la época de Angel rat o The outer limits. La atmósfera oscura del primero está especialmente presente en pasajes en los que la guitarra muestra un sentido de melodía más clásica de lo normal en VOIVOD quedando el ritmo armónico en manos del bajo, lo que permite reparar en la presencia del bajista Rocky. Esta concesión a la armonía más común, si bien leve, es notable y supone una de las novedades más interesantes de The wake, además de dejarnos ver cómo Mongrain se permite mostrar más de sí mismo de lo que hizo en Target Earth, donde respetó al cien por cien el legado del siempre recordado Piggy. Todos estos detalles son apreciables de inmediato desde el primer corte, “Obsolete beings”, antes de que todo empiece a retorcerse y transformarse…

La pegada de Away en la batería mantiene el motor en marcha y funciona como catalizador de la fórmula, además de ser la gran mente creativa tras el particular universo conceptual de VOIVOD. Por su parte, Snake plantea una interpretación vocal en la que las frases más agresivas se intercalan con las más frías y reflexivas mientras nos ofrece algunos estribillos sorprendentemente pegadizos. Todo esto hace que The wake se convierta en uno de los álbumes más accesibles y fáciles de escuchar que el grupo haya hecho hasta el momento.

Ahora bien, obviamente esto último hay que entenderlo en perspectiva. Seguimos hablando de VOIVOD, y la sensación de desorientación y de “qué coño estoy escuchando” siempre van a estar ahí. La experiencia onírica-alucinógena y el no saber ni cuántas canciones has oído después de llevar un rato con el disco puesto son parte de la gracia y de lo que hace de este grupo algo único. Como queriendo acentuar este efecto, el último tema, “Sonic mycelium”, cuenta con referencias constantes a ideas que ya hemos oído a lo largo del disco, convirtiéndose en uno de los temas destacados (además del más largo) y cerrando The wake dándole un sentido de coherencia holística inigualable.

Si Target Earth fue una buena noticia está claro que The wake confirma que estamos en una nueva época para VOIVOD, una época en la que hasta el momento no han ofrecido otra cosa que un contundente éxito artístico. Si ya eres fan de VOIVOD este álbum te encantará. Si no te gustan, puede ser un buen momento para darles una oportunidad. Y si es uno de esos grupos a los que nunca has prestado suficiente atención, no seas gilipollas y prueba con The wake, que es seguramente un gran punto de partida. Llevando en sus cimientos toda una carrera pero siendo al mismo tiempo un nuevo paso adelante, The wake se acabará convirtiendo en un clásico más para quienes amamos a uno de los pocos grupos para los que adjetivos como “únicos”, “inimitables” o “irrepetibles” resultan ridículos por su extrema obviedad.

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