VIVID REMORSE – Down to the Wire, 2012

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Continuidad. Ese es el término que me viene a la cabeza tras escuchar el nuevo disco de VIVID REMORSE. Esa prolongación -no tanto de sus primeros trabajos en forma de demos y EP’s- como de su ópera prima The Seed of Malaise (2010), es persistencia -y secuencia- de patrones ya establecidos por el grupo en su álbum debut.  De hecho, no sorprende (así, de primeras) que el corte inicial lleve como apellido la semilla de aquel disco de hace dos años, transfiriendo en cierto modo ese malestar (malaise en inglés) a la tierra oriunda de estos capacitados músicos catalanes. Biopiracy (The Seed of my Land) es buen tema para comenzar, y haciendo caso al perfil autóctono antes referido, el grupo nos obsequia con un corte como L’Angoixia de L’Existéncia, algo no del todo novedoso en la formación barcelonesa (pienso en Sammy), que se ha atrevido con el idioma catalán para vestir la música de una de sus canciones.

Down to the Wire (2012) supone, en cierto modo, una forma de afianzar el “sonido VIVID REMORSE”, de apuntalarlo y darle un plus más de convicción, de consolidarlo y reforzarlo llevándolo a un lugar escogido para unas pocas bandas en este país. De hecho, esta revisión de ideas se materializa en un highlight como Theory of Fear (heredero de cortes que se salen de los patrones básicos del thrash metal, como el pretérito Mind Killers) o la final The Never Falling Cries (testamentaria de composiciones pasadas como Lizzy’s Rain). Hasta en esa semejanza conceptual entre las canciones más heterodoxas de ambos trabajos (siempre dentro del eclecticismo tan carismático de la banda) existe esa sugestiva correspondencia entre The Seed of Malaise y Down to the Wire.

De hecho, ese sonido groove de cortes pasados se puede sentir en Involution, especial por esa heredada pesadez de las guitarras, así como son fácilmente palpables dos de sus principales influencias. Por ejemplo en Overdosed (me recuerda al grupo de Scott Ian y Joey Belladonna, ANTHRAX) y en Nobody Answers, un tema overkill-actualizado.

No obstante, mentiría si afirmara que existe una involución en el sonido de la banda. De hecho, supondría una cómica paradoja atendiendo a lo apóstata y mestizo del thrash metal que practica el grupo. Si The Seed of Malaise (y ahora contemplo la magnífica portada de Down to the Wire realizada nuevamente por Maite Ramis) representaba una partida clásica de ajedrez de movimientos magistrales, este nuevo trabajo supone una partida blitz o relámpago, más agresivo, con canciones quizás más directas, cortas, a la yugular. Más explosivo, vaya.

Ejemplos de esta mecha encendida que expande su fuego con rabia podrían ser Seven Days of Fire y Stop on Time. Y paradigma de esta ganancia en agresividad: Imaginary Actress e Involution, donde Joel muestra su faceta más salvaje y hasta nos deleita con gruñidos death y grind, respectivamente.

Por lo demás el disco goza de una buena producción (algo vital por la idiosincrasia contemporánea de la banda), es versátil y me atrevería a decir arriesgado, además de presentar un equilibrio difícil de conseguir entre el thrash metal clásico, el más contemporáneo y ese mestizaje tan distintivo de otros subgéneros explorados por la banda.

Por otro lado se pierde el factor sorpresa del pasado y el disco va de más a menos (difícil de mantener el nivel del fantástico primer tercio), dejando ante nosotros una nueva partida triunfadora, pero sin ese jaque mate final que convierte en sobresaliente un trabajo muy notable.

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