VELD (POL) – S.I.N., 2018

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Hay épocas en las que bandas de cierto género y cierto país marcan la diferencia casi al unísono, formando fenómenos a los que podemos denominar como oleadas. La first wave del black metal noruego, la NWOBHM, el pagan metal de Turingia… podríamos nombrar muchas de ellas, incluso presentar estudios que demostrasen algunas que no están reconocidas “de manera oficial”. En algunos casos, nos podemos referir al conjunto de bandas de una zona o país y de uno o varios estilos en concreto, como la escena o la escuela. Pues bien, en este caso podemos incluir a VELD en la escuela de death/black-death polaca.

Los de Listenable Records, originarios de Bielorrusia pero asentados desde hace años en Polonia, han seguido la estela de grandes bandas del género en el mismo país. BEHEMOTH, VADER, HATE, LOST SOUL o AZARATH son buenos ejemplos de la escuela polaca, a la que ahora también se suma este power trio of death. No tienen nada que envidiar a ninguna de las bandas mencionadas.

Un servidor descubrió a VELD de casualidad, en una de las decenas de recomendaciones de YouTube en la que vi la miniatura de la portada de Daemonic: The art of Dantalian, su disco anterior. Me llamó muchísimo la atención aquella portada, y a día de hoy me sigue pareciendo un art cover atractivísimo y muy acorde a lo que luego ofrecía la música. Tres años después vuelven a la carga con este S.I.N., una descarga de death metal con dejes black metaleros evidentes, oscuro y rápido, sin contemplaciones ni miramientos.

Como si de una prolongación del anteriormente mencionado Daemonic se tratase, S.I.N. sigue la misma línea compositiva, sin experimentar demasiado pero sonando igual de potentes y arrolladores. Voces guturales en las que predominan los registros graves (recordando a Nergal de vez en cuando) que aportan esa connotación de rabia que tan sólo unas voces de estas características pueden conseguir. Las guitarras en lo suyo, afiladas, de esas cuya brutalidad y blasfemia parecen capaces de invocar demonios y resquebrajar los cielos por su propia cuenta. Me gusta muchísimo este tipo de death metal, en el que los riffs se funden con el black de manera casi imperceptible. Por supuesto, se notan los dos estilos bien definidos, pero están tan bien homogeneizados que parecen un solo elemento que percute tus oídos y tu cerebro de manera constante, con la inestimable ayuda de una batería que bien podría metaforizarse con ejemplos parecidos a los de antes; bien ejecutada, bien sonorizada, equilibrada en la mezcla y sobre todo rápida e irreverente como un sacerdote desnudo montado en ciclomotor.

Muy buen trabajo, aunque igual peca un poco de repetitivo, algo que no sería tanto “problema” si su anterior obra no hubiese pecado de lo mismo. Esperemos que de cara a un futuro prueben a imprimir un poco más de variedad a su obra, porque calidad tienen de sobra.

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