VALDRIN (USA) – Effigy of nightmares, 2020

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No sé lo que pensaréis vosotros, pero en mi opinión el black metal empieza a estar saturado del uso de temáticas satánicas o blasfemas porque sí. El mensaje ya quedó claro a principios de los años 2000 y, aunque ciertamente siguen surgiendo nuevos proyectos muy interesantes que siguen recreándose en él y es cierto que son precisamente esos temas y ese mensaje la identidad del género en general desde su origen, me atrevería a decir que éstos se han convertido en la escena pop del black metal. Dicho esto, VALDRIN es uno de esos grupos que se mantienen conservadores a estas temáticas, sin aportar innovación de elementos o estilo de composición, y, por lo que yo percibo, buscando la herencia directa de bandas como WATAIN.

En este su segundo álbum de estudio, titulado Effigy of nightmares, recurren a escenas y atmósferas que ya todos los que escuchamos este género conocemos muy bien. Rituales, sacrificios y grandes y oscuras salas del más vampírico ambiente. Melodías de piano, órgano y guitarras frenéticas son el pincel para este cuadro. La desgarradora voz de Carter Hicks me recuerda mucho a la del infame Erik Danielsson, y en el más positivo de los sentidos. La potencia que transmite sin duda es gran parte de la energía que empuja las canciones hacia delante. Hasta a mí, que no me gustan los moshpit, me darían ganas de empezar a empujar y dar vueltas para canalizar la energía de la música.

La calidad de producción es excelente. Me alegra ver que éste ya es un factor recurrente en la escena, la verdad. A día de hoy, como ya he dicho en alguna ocasión, no tiene sentido de peso ninguno el recurrir a una producción LoFi o de mala calidad. Cada uno de los elementos de la composición está bien colocado en la mezcla, y los teclados y órganos envuelven todo el muro de sonido, dándole una amplitud muy satisfactoria.

En cuanto a la música, en general los temas son buenos, aunque no destacaría ninguno por nada en especial, exceptuando quizás el interludio con inicio acústico que nos ofrece el cuarto, titulado «Serpentine bloodhalls«. Un tema en el que sonoridades de dungeon synth acompañan a unas tranquilas pero inquietantes guitarras y susurros en oración, abriendo poco a poco el paso para la penúltima canción, «Basilisk of light«. El resto, aunque muy disfrutables, no me transmiten nada nuevo.

Yo el potencial que le veo a VALDRIN es, sin lugar a dudas, el directo. Espero poderlos ver en concierto algún día en este lado del Océano Atlántico y disfrutar de un espectáculo de luces de vela, mucha sangre y dolor de cuello a la mañana siguiente de tanto sacudir la cabeza al ritmo de la música. Effigy of nightmares es un álbum correcto del que sin duda va a disfrutar mucha gente.

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