VACÍO – Océanos, 2014.

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vacio16Importante salto cualitativo es el que demuestra VACÍO con su tercer LP Océanos, cuatro años después de aquel ya lejano Mi dulce infierno (2010). Casi un lustro es mucho tiempo, más para un grupo que, da la impresión, ha decidido desligarse de influencias más o menos obvias que mostraban en su anterior álbum, y que sigue creciendo. No obstante el recorrido de VACÍO es una carrera de fondo. Formados en 2003 editan una demo inicial de poca repercusión, debutando discográficamente, cinco años después, con su álbum homónimo, Vacío (2008).

Es así como se forja la carrera del grupo, una formación que, con Océanos, des-soberiza su sonido, liberándose de esta etiqueta que tantos y tantos grupos poseen, y de la que suelen renegar casi todos. Si con Mi dulce infierno VACÍO podría decirse que formaban parte de un amplio grupúsculo de bandas cercanas al sonido SOBER, y que a su vez ofrecían “algo más” (pienso en CRYOGEN, SEXMA o AUTOMOTIVE por citar tan solo unos ejemplos), con Océanos se desvisten de este vínculo, aunque la conexión siga existiendo en menor escala. VACÍO endurece su sonido, aunque siga siendo rock / metal de marcado acento melódico, y continúa colocando la tilde en la luminosidad que les da esa acentuada carga melódica.

Ese es uno de los secretos para valorar Océanos. Por un lado el grupo permanece fiel a sus raíces; por otro evoluciona hacia algo más personal, maduro e inspirado. De esta forma tenemos entre manos un disco más profundo, más enriquecedor, menos plano. Vuelto a grabar en los estudios AMA (más los AENIMA), como Mi dulce infierno, Océanos nos muestra el camino de una mayor contundencia con temas como “Hazlo”, el corte más metal a nivel instrumental, al menos en partes.

Los magníficos estribillos de Mi dulce infierno tienen su continuación (y mejora) en “Sueño de sueños” y en la más hardrockera y potente “Errores”, mientras también hay momentos más relajados como el medio tiempo “Esperanzas” y la balada del disco, “Enmascarada”. El interludio “El mar” ayuda a crear esa dualidad entre períodos de relax y de frenesí, favoreciendo una mayor consistencia del redondo.

La inspiración a las seis cuerdas es, igualmente, mayor que en Mi dulce infierno (solo hay que escuchar “Pedazos de mí” y “Utopía de papel”), aunque lo mejor es el crecimiento a nivel de inquietudes musicales del que hace gala el grupo. En este sentido, “Mentiras de plástico” es un buen ejemplo de ello, una composición “diferente” a lo escuchado hasta ahora en VACÍO, pero que mantiene el sello particular del grupo: más de ocho minutos con partes flamencas y árabes con palmeo incluido (cómo me gustaría escuchar la versión original de quince minutos que se quedó fuera). Un tema con partes progresivas y su composición maestra hasta la fecha, así como –paradójicamente- la menos identificable con su personalidad. La inclusión de la viola de Fulgencio Sandoval en “La vieja plata de alquitrán” (una canción muy interesante que, en cierta forma, también se desliga de la consistencia formal del álbum) es otra muestra más de lo que indico. Otro corte muy diferente a lo hecho hasta ahora por el grupo.

En definitiva, estamos ante un álbum que, si bien rescata la esencia de Mi dulce Infierno (el paradigma de esto puede ser “Hasta pronto” y “Tanteos”) da un paso adelante en la carrera del grupo. Éste potencia una mayor contundencia en su sonido, se desliga de influencias obvias de su pasado y enriquece su propuesta con temas más enriquecedores para el oído crítico. Quizás la inmensidad y profundidad de Océanos ha llenado el pequeño vacío que nos dejó el álbum anterior, aun tratándose –aquel- de otro disco magnífico. Publicado por Rock Cd (esta vez no está detrás El Brujo Records), además nos muestra una preciosa portada diseñada por Fernando Nanderas, que es la guinda final al pastel. Excelente paso adelante, sí señor.

firmatopo

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