UTSIK (ESP) – El camino del miedo, 2020

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El término «hombre del renacimiento» suele aplicarse a aquellas personas que presentan un alto grado de maestría en diversas artes, como aquellos artistas de la mencionada época, duchos en multitud de escenarios creativos. Aún no he visto cómo esculpe estatuas el señor Phlegethon, pero teniendo en cuenta que toca guitarra, bajo, batería, canta con unos cuantos registros guturales, crea portadas y en ciertos casos produce, me vais a permitir que use tal expresión, por desmesurada que sea. Conocido por estar en varios grupos afincados en el lado más bruto y técnico posible del metal, sorprende el volantazo hacia algo tan relativamente «sencillo» como es este proyecto de grindcore en el que sólo se basta de sí mismo para absolutamente todo. Y encima el resultado es más que notable. 

El camino del miedo es un piso patera musical. Esto es, en un corto espacio de tiempo, trece minutos, habitan hacinadas muchísimas influencias musicales. Obviando el aspecto lírico, donde escupe a la ludopatía, la vanidad de gimnasio, la impasividad ciudadana o las políticas migratorias occidentales, cabe el grindcore en el sentido más puro (más cercano al hardcore que a ser, simplemente, una versión acelerada de death metal), el d-beat en cantidades generosas, como en «Un estatus«, «Adicto legal» o «Gymme«, la velocidad a niveles innecesarios en «Dopaminación» y que recuerda sobre todo a los adictos al speed de AGORAPHOBIC NOSEBLEED (aunque dudo que en este caso haya baterías programadas a 300 o 500 bpm).

Lo más paradójico, contradictorio y puede que únicamente producto de mi sugestión personal es que el sonido a nivel de estudio es impecable, pero a su vez presenta una falsa sensación de suciedad, simulando un sonido garajero y salvaje, más producto de alguien que sabe lo que hace a los mandos que a un amateurismo auténtico. Quizás sea por los riffs, por la corta duración, por el odio a través de las letras o porque las influencias están ahí, pero a la memoria me han venido grupos de crust suecos como SKYTSYSTEM, que a su vez como cualquier otro pedante (como el que escribe esto) diría que estos se alimentaban del grind, del hardcore… Al final del día en estos estilos hay una endogamia lo suficientemente grande como acabar reinando un país durante siglos. 

Como encanto final está «Demasiado pronto«, el corte más diferenciado de todos y que, salvando las distancias, posee esa lentitud industrial más propia de GODFLESH, sólo que condensada en dos minutos y medio. Sería más coherente que El camino del miedo hubiese muerto a base de blastbeats, pero finalizar con una canción lenta y amarga, mostrando un tipo distinto de negro, es un mejor final.

A estas alturas dudo mucho que Phlegethon tenga algo más que demostrar. Es lo suficientemente listo como para saber hasta dónde extender sus tentáculos sin cagarla. Desde aquí sólo esperamos que próximamente coja su cincel. 

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