TYPHARETH (ESP) – Cold immortality, 1997

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En Subterráneo Webzine ya hemos hablado en más de una ocasión de SÖNAMBULA, la banda donde Rapha Decline deja fluir sus gustos más crudos y pesados en forma de doom death primitivo y corrosivo. Precisamente entre el repertorio de este grupo encontramos un tema que siempre que Rapha toca en directo lo dirige como homenaje «a la banda en la que tocaba en los noventa«. Me refiero a «Typhareth«, que podemos escuchar en Secuela y en el directo de la serie Satán lo querría así. Pues nada mejor que, más de veinte años después de su salida y aprovechando la reedición en CD por parte de Brutal Arratia, hablar del único legado que dejó tras de sí TYPHARETH, cuando Rafa Rodríguez por aquel entonces se juntó con un grupo de colegas y, después de tres años en un sótano entre ratas y humedades tocando temas propios y de NAPALM DEATH, decidieron entrar a grabar su primera y única maqueta, en un fin de semana y como buenamente pudieron con los medios de los que gozaron en 1997. Ganas, muchas, eso sí. No mucho después grabarían otros tres temas más (también incluidos sin título en esta reedición) y dieron por cerrado el capítulo con sólo cuatro años de existencia y sin ver la luz el nuevo milenio. La inmortalidad la consiguieron con esta maqueta, que es un pequeño trozo de historia en la escena metálica vasca.

TYPHARETH tenía buenas ideas y pocos medios. Precisamente el orden inverso de muchas bandas noveles de hoy en día. Partiendo del death metal de aires primitivos, quisieron expandirse y meter muchos detalles técnicos, melódicos y ambientales, en donde el papel en este último caso de Raquel Díaz y Noemí se tornaba fundamental. Sin estos detalles hablaríamos de un grupo que miraba tanto a lo que venía del otro lado del Atlántico (bastantes dejes de CANNIBAL CORPSE y DEATH) como a lo que pasaba en Europa (DEMIGOD, FUNEBRE y ATROCITY). Sin embargo el espectro que reposaba en las cabezas de Rafa, Tomás, Iskandar, Eneko y Javier era mucho más amplio y, tanto por sonido conseguido como por propias ideas, se extendía al black, al doom y hasta algún tímido coqueteo con los ambientes góticos. El posterior devenir en la carrera musical de Rapha Decline demuestra que todo esto ya estaba en su interior con TYPHARETH, pero en Cold immortality, sin pulir, suena mucho más sorprendente. Tan pronto un solo clásico daba paso a un pasaje afilado que se acercaba al black como un violín y la voz de Noemí aportaban un toque a lo MY DYING BRIDE, PARADISE LOST o THEATRE OF TRAGEDY.

Claro está que hay que estar atento. La producción es casi inexistente, en un sentido actual del término. Hay fallos de mezcla, de masterización e incluso algún gazapo en la ejecución (en los tres temas adicionales se hacen más evidentes, pese a que suenan mucho más centrados estilísticamente que los cinco cortes que originalmente constituían Cold immortality). Pero en esta labor de puzzle en la que podemos ponernos en la piel de los miembros de TYPHARETH hace veinte años, uno se entretiene mucho. Quizás lo más difícil de asimilar sea seguir a las guitarras: en la mezcla sufren bastante por un bajo, el de Iskandar, muy inventivo que siempre está por encima, y la batería de Javier que con sus limitaciones en tempo, suena muy variada. La combinación de voces es buena (aunque sonoramente tuviesen que mejorar sobre todo la más aguda) y los elementos aportados por Noemí y Raquel aportan el toque peculiar que les hace diferentes, aunque la mezcla también las hace sonar un poco descabezadas. El corte más arquetípico es precisamente «Pain’s night«, que abre el trabajo, y aun así está plagado de buenos cambios e ideas. Después la verdadera personalidad de TYPHARETH aparece con la genial «Cold immortality«, composición que mejor define todo lo que tenía dentro el grupo vasco.

«Prophecy» también es otro tema muy llamativo, con su introducción de piano (cortesía de Iskandar) y en donde más lucen Noemí y el violín de Raquel. Tremendamente emotivo y al mismo tiempo oscuro según va avanzando el corte. Mientras que el cierre original de «Satan’s time«, aun teniendo todavía detalles ajenos, vuelve a la crudeza inicial. En cuanto a los tres temas grabados posteriormente, tienen un sonido más subterráneo si cabe y siguen el camino marcado, pero destacan por una cosa: las transiciones están más cuidadas. Sin embargo, tanto por el ropaje como por la propia historia interna del grupo, con menos rodaje previo en locales de ensayo, la labor de desentierro es mucho más laboriosa. Eso sí, te dejan con la duda de hasta dónde podría haber llegado este grupo con un poco de tiempo más. Seguramente a aunarse a la tríada con IN THOUSAND LAKES y DORMANTH, cuyas propuestas geográficas y estilísticas estaban cerca, aunque en el caso de TYPHARETH con una crudeza y extremismo más acusados.

La reedición de Cold immortality por su parte es sencilla: un CD-Rom profesional, con una labor de lavado de cara importante en el tema sonoro y la información necesaria en el libreto para ubicar este pequeño trozo de historia. TYPHARETH fue víctima de la época en la que surgió, pero afortunadamente fue el germen para que Rapha siguiese por otros derroteros con muy buenos resultados. Sin semilla no habría árbol; normal que el músico vasco le esté agradecido en los directos al grupo de sus orígenes.

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