TRIBULATION (SWE) – Where the bloom becomes sound, 2021

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tribulation_cover_wherethebloombecomessoundCreo no confundirme si digo que un disco como The children of the night se cuenta como uno de los más aplaudidos de la segunda década del actual siglo en cuanto a temática rock y metal se refiere. Aquel trabajo situó a una banda como TRIBULATION, que había hecho carrera a base de un curioso death metal, en la pole position de la escena underground. The children of the night es un testigo vivo del curioso hermanamiento entre ese heavy rock sueco tan genuino junto con sonoridades más cercanas al dark metal y que consiguió llegar a un público variopinto. La banda no dejó caer en saco roto su buena fortuna y se afanó en dar shows muy competentes que ayudaron a que aumentase su popularidad.

Seis años después de aquel inesperado éxito, TRIBULATION nos presentan su nuevo trabajo bajo el título de Where the bloom becomes sound, en lo que es una poética manera de referirse a la música oscura que tanto nos gusta por estos lares. Si algo bueno tiene esta banda, además de una gran calidad, es que no se ha dormido en los laureles y, a pesar de que no se prodigue demasiado en estudio, ha sabido evolucionar de manera natural conservando a sus fieles seguidoras a lo largo de un camino que de momento no parece tener fin. Ya con Down below la banda bajaba algo las revoluciones para adentrarse en terrenos más rockeros, dando muestras de querer acercarse a sonidos más propios del gothic metal. Con Where the bloom becomes sound no hacen más que reafirmarse en esta idea. Un disco que respira rock por los cuatro costados, que te abraza sensualmente para susurrarte al oído “te quiero, pero es demasiado tarde para amarte”; así de sutil y duro es este nuevo trabajo de los suecos.

Pero antes que nada vayamos con algunas curiosidades que puede resultar de interés mencionar. Disco centrado, más que nunca, en ese apego de la banda por la temática mitológica. Quizás por ello han elegido para la portada la imagen de una escultura realizada por Fernand Khnopff a finales del siglo XIX inspirada en la mitología grecorromana. Elegante presentación como viene siendo costumbre. Buscar la calidad total del producto es sinónimo de profesionalidad. En cuanto a cuestiones musicales me gustaría mencionar el trabajo de ingeniería de sonido, donde podemos encontrar a Magnus Lindberg, guitarrista y percusionista de CULT OF LUNA. El equipo de producción ha conseguido un sonido explosivo y ganchero sin perder ese halo místico y el disco se escucha tan plácido y ameno como un océano sin olas.

Hay, sin embargo, un detalle que me ha dejado algo atribulado, y es el haberme enterado de que este ha sido el último disco de Jonathan Hultén tras dieciséis años siendo un pilar básico del cuarteto nórdico. Siendo TRIBULATION una banda que basa mucho de su esencia en el sonido y el trabajo exquisito de las guitarras, cabe estar expectante ante el impacto que pueda suponer esta baja y ante cómo se acople el nuevo fichaje, Joseph Tholl. “La vida es demasiado corta para no seguir a tu corazón, donde quiera que éste te guíe. No sé qué deparará el futuro, pero lo que sí sé es que tengo que intentar vivir de una forma que me haga feliz”. Estas son algunas de las palabras que Jonathan Hultén firma en su comunicado de despedida. Palabras que respiran sabiduría. Un buen tipo al que deseamos suerte en su proyecto musical más centrado en el folk.

Tras unas escuchas rápidas a Where the bloom becomes sound, podríamos pensar que estamos ante un disco algo más soso y plano que los anteriores. Es cuando profundizamos y le damos más vueltas cuando empezamos a valorar realmente la calidad de este trabajo, que me ha parecido el más frágil y emotivo de todos los que han editado hasta la fecha. “In remembrance” es un buen comienzo: los TRIBULATION más rockeros y góticos hacen acto de presencia. Es un tema que ejemplifica muy bien el global, con guitarras muy rockeras que ofrecen multitud de variaciones, que suenan con ese grano de las fotografías antiguas y cuyo sonido crepita como una hoguera en una noche invernal. La voz ya se amolda al gothic metal de manual, dejando el death metal para mínimos recuerdos muy lejanos. La banda se muestra heavy como los tristemente desaparecidos IN SOLITUDE, junto con ese gancho más popular de bandas como MOONSPELL o los actuales DARK TRANQUILLITY, una comparación que solamente persigue describir a modo de brusca pincelada la propuesta de TRIBULATION. Esta sensación se potencia con uno de los temas destacados del disco, “Hour of the wolf”, un single que es carne de directo. Con “Leviathans” y “Dirge of a dying soul” puede que esa sensación de quietud de la que hablaba antes se manifieste con mayor candor y consideremos el perder voluntariamente el interés por la escucha del resto del álbum, lo cual, amiga, puede ser un gran error. Es a partir de aquí cuando hay que abrir bien las orejas para percibir los detalles menos evidentes que engrandecen este trabajo. Un track con el que dejarse embelesar por su melódica oscuridad. O soy yo o juraría que “Dirge of a dying soul” la podrían haber facturado los mismísimos GHOST.

El disco se toma un respiro con la emotiva instrumental “Lethe”, tocada a piano por Jonathan Hultén con una sensibilidad que eriza el vello. Toda la vida condensada en una gota de sal; deberíamos llorar al menos una vez al día al abrir los ojos para encarar el día con una mayor humildad. El enérgico “Daughter of the djinn” nos evade de esa idea maldita que solamente puede brotar de la cabeza de un melifluo redactor en horas bajas. “Elementals” es otro de los estandartes de este trabajo y posiblemente cuente con las guitarras más heavys que se puedan recordar en cualquier trabajo de TRIBULATION. Ojo a la parte central de los solos. Crema. “Inanna” se escapa algo de la tónica dominante, algo más compleja en sus formas y donde se nota la parte más atmosférica de la banda, algo que comparte con una «The Dhampir» que figurará para la historia con la triste etiqueta de ser un bonus track de ¡dieciocho minutos y medio! Finalizan con dos buenos temas que combinan ese apego al heavy metal añejo junto con unas progresiones más modernas y unas melodías de guitarra que  se me asemejan cada vez más a las de GHOST, y puede que algo tenga que ver en ello uno de los productores del disco, Tom Dalgerty.

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