THY CATAFALQUE (HUN) – Vadak, 2021

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Hace algunos meses en el staff de Subterráneo Webzine tuvimos que hacer frente a una de esas circunstancias que de vez en cuando se dan y que siempre son un tanto tristes, y fue la marcha de un puntal y uno de los más activos miembros de esta nuestra comunidad, el señor Jabo García. Yo, que como quien dice soy de los “nuevos”, desde el primer momento detecté la pasión que nuestro excompañero profesa por la escritura y por los más diversos subgéneros del metal extremo, habiéndonos dejado un legado merecedor de los más honrosos calificativos y digno de estudio por todo aquel que algún día se plantee juntar letras dentro del oscuro mundo de la crítica musical. Si hoy me dispongo a escribir sobre el nuevo disco de THY CATAFALQUE es gracias a Jabo García, ya que repasando parte de sus reviews de 2020 me topé con la de Naiv y tras su lectura me vi tentando a ir directamente al bandcamp del músico que se esconde tras THY CATAFALQUE, Tamás Kátai. Al instante quedé prendado de la música de este artista. Además del citado Naiv, que no ha salido del pen del coche desde hace meses, me dejé llevar durante varios días, y sobre todo  noches, en viajes cósmico-antropológicos a bordo de discos como Geometria, Meta, Sgùrr o Rengeteg. Hoy, aquí y ante ustedes, me declaro fan de THY CATAFALQUE. Objetividad la justa.

Apenas un año después de la edición de un Naiv que causó un gran revuelo en la escena metal a pesar de su carácter experimental nos honramos de poder disfrutar de nuevas composiciones del maestro Tamás Kátai. A la que te pegues una vuelta por la red comprobarás que Vadak se postula en muchos sitios como uno de los discos del año y parte de este alcance viene derivado de la buena aceptación que tuvo un Naiv con el que el húngaro logró sacar la cabeza más allá de las obtusas fronteras del avantgarde metal, aprovechando además la ola de bandas que dentro de este singular subgénero han ido saliendo últimamente causando cierta normalización y por tanto una más fácil aceptación, como pueden ser IGORRR, ORANSSI PAZUZU o IMPERIAL TRIUMPHANT. Algo se mueve en las turbulentas placas tectónicas que sustentan el metal experimental.

Lo propio cuando a uno le llama mucho la atención una banda, o, como en este caso, el proyecto de un músico en particular, es interesarse y documentarse lo máximo sobre el mismo. Esta información se encuentra en las entrevistas mejor que en cualquier otro medio. No es Tamás Kátai un tío que se exprese con una verborrea típica de los metaleros; más bien es refinado, breve y bastante directo en sus respuestas, si bien he encontrado una entrevista en un medio húngaro en la que nuestro hombre se explayó algo más de la cuenta dando muchas claves para entender un proyecto como THY CATAFALQUE. En esa entrevista el artista, porque así es como ha de denominársele, nos desvela su pasión por la poesía, la fotografía y la música, siendo esta última disciplina la que mejor se le da y con la que mejor se expresa. Sorprende saber que se trata de un músico autodidacta y reconoce que si hubiese recibido una formación específica y técnica tocaría mucho mejor y sobre todo se acordaría de ejecutar los temas tras haberlos grabado. De aquí deriva, en parte, la particularidad de que no ofrezca directos ni tenga intención de hacerlo. Al no tener que ir de gira con cada disco, esto le permite estar continuamente pensando en crear nuevos discos con sus distintos proyectos. Tamás Kátai escupe su música. En ocasiones ha de levantarse de madrugada para escribir riffs que se le olvidarían fácilmente. Tiene la humildad de reconocer que sus discos aumentan en calidad gracias a los músicos que en ellos colaboran, cada vez más y muchos de los cuales son amigos desde hace tiempo y quienes sí tienen una formación musical. Pareciera que nuestro amigo Tamás Kátai es un alma cándida, un derroche de sinceridad y un ejemplo de humildad, pero lo cierto es que estamos ante uno de esos sucesos extraordinarios, el de una persona con un talento natural para la creación artística en diversas disciplinas, un creador que no está aquí por la pasta sino para vomitar todas las ideas que surgen de su inquieta cabeza a veces sin un criterio concreto y como una necesidad casi orgánica.

Orgánica. He citado el término clave que me lleva a describir a grandes rasgos la música que podemos disfrutar en Vadak. Estamos ante un disco que a pesar de su complejidad y su mezcolanza de estilos (lo que viene siendo habitual en este proyecto) suena dinámico y te lleva de la mano desde el principio hasta el final. Aunque las composiciones siguen un patrón similar al del anterior Naiv hay en éste un esmero por mejorar en todos los sentidos y sobre todo en la producción, acaso el punto más criticable achacable a casi todos los lanzamientos de THY CATAFALQUE hasta el mencionado Naiv en el que ya sí se notaba una mejoría notable en este sentido. Pero Vadak está a un nivel incluso superior repescando lo mejor de la discografía de THY CATAFALQUE. Las colaboraciones ahora son más numerosas; instrumentos folclóricos, cuerda y viento hacen de este un disco mucho más coral. Escuche por favor esa maravilla que cierra el disco, “Zúzmara”, con ese piano de transcendental música clásica, con los instrumentos de cuerda dando el toque sinfónico y una Martina Veronika Horváth recitando verdadera poesía con una voz delicada y tremendamente evocadora. Pero para llegar a ese gran opus finale has tenido que pasar por toda una montaña rusa de metal experimental, vanguardista o llámele como usted quiera. Todos los componentes que Tamás Kátai maneja en su música y donde, recordemos, él es el principal compositor y ejecutor, están más y mejor empastados que nunca y lo que debería ser caos se convierte en un viaje del que uno nunca quiere bajarse. El uso de sintetizadores con el que su música alcanza una especie de halo industrial es variado. El primer corte “Szarvas” es un perfecto ejemplo de cómo aunar en un solo tema los ecos de los grandes KRAFTWERK con solos de guitarra netamente heavys de una forma tan natural que cuesta creerlo. Pellizcos en las mejillas. A la que te despistas te lanza un corte a lo ELUVEITIE, aderezado con samples, sintetizadores a lo space rock y una voz femenina que nos pone la piel de gallina y despierta todo un ancestral sentimiento por su tierra húngara. Para mí, esta vertiente folklórica de THY CATAFALQUE con ese rollo del este europeo es lo que me tiene mayormente enamorado. A partir del tercer corte, “Gömböc”, el disco ya empieza a ser una masterclass de metal instrumental experimental, con algunas de las piezas más metaleras y relegando la voz a un segundo plano, con algunas partes narrativas, voces espectrales y todo lo que sale de la mente imaginativa de este señor.

Algo tiene la música de THY CATAFALQUE que me hace bailar. Sí, ahora estarán pensando que este tío se ha vuelto loco de tanto darle al teclado. Pero es verdad, hay un “algo” en este disco en particular que acelera mis pulsaciones y me lleva hacia adelante sin hacerme pensar en nada más, como si levitara por el universo arrastrado por el viento sideral viendo a la humanidad arder en el fuego de sus propias tribulaciones. Claro que también hay sus momentos reflexivos, esas partes donde Kátai nos dará su ración particular de modern jazz, «A kupolaváros titka» (otra vez aquí geniales las colaboraciones) o momentos donde el metal de corte más atmosférico provoca en mi interior deseos de que este horrendo verano acabe ya de una santa vez y que todo se cubra de una espesa niebla y el único sonido que llegue a mis oídos sea el ulular del faro más cercano. Oh, Dios, solo tú sabes cuánto amo y deseo esos días de quietud y soledad.

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