THRONEHAMMER (int) – Incantation rites, 2021

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Del abismo, donde las criaturas no conocen la luz salvo la que brilla ante unas fauces, sale Incantation rites (Supreme Chaos Records) de THRONEHAMMER. Este acto internacional (sus miembros se distribuyen entre la Gran Bretaña y Bavaria) fermenta doom épico con poso de sludge de muy alta graduación. Y cambiaron ligeramente la receta. Respecto al debut, este álbum trae mayor fuerza en sus riffs, aportándoles atmósferas de magia oscura mientras que apenas queda regusto de lupulado stoner. No por ello el psiconauta se queda descontento. Incantantion rites anima a levantar el hacha para conquistar el cosmos durante setenta y cinco minutos de suma aventura.

Si no hubiera pandemia no me extrañaría verlos tocar en festivales junto a SCALD y ATLANTEAN KODEX. ¡Trampa! Resulta que esto ocurrió en el Hammer of Doom XIV, en el ya lejano 2019. Solo espero que hayan hecho planes parecidos para cuando nos inmunicemos. Si me leéis, Kat Shevil Gillham (voz), Stuart “Bootsy” West (guitarra, sintetizador), Tim Hammersmith (guitarra), Uwe Void (bajo), Markus “Kid Dynamite” Ströhlein (batería), ya sabéis. Aprovecho para comentar que se trata de músicos muy experimentados y listar sus currículums superaría mi límite de palabras. A la Encyclopaedia para eso. Lo que sí cabe mencionar es que la banda se está abriendo paso no solo musicalmente sino también en materia social. Seguro que Kat tiene algo que contar al respecto, ya que se presenta, no sin cierto humor, como “Controversial transsexual frontwoman”.

Démosle al play. Con una embestida sónica apoyada por líneas melódicas de cuerda, el filo de una espada desgarra la realidad, seguida por una silueta de retorcidos cuernos que asoman. El primer corte del álbum no se anda con tonterías; el nivel de epicidad ya se ha atascado al once. Para conseguirlo, esta figura se apoya en tres grandes pilares: el trance del riff, la inmanente voz y una atronadora batería.

Los acordes, abiertos, y las melodías, zurcidas, construyen una muralla sónica que se extiende y se disuelve en el tiempo. El acorde como entidad definida pierde sentido, trascendiendo hacia a la vibración universal. Así, los ocho primeros minutos de “Incantation rites” pasan volando siendo un solo gran ciclo que engloba otros menores. Pero no es todo un constante muro, ni mucho menos. Casi todos los temas tienen sus espacios de heladora calma puntuada por elementos psicodélicos, pero siempre usados como antesala para riffs bien gruesos. Para su repertorio más potente hay que escuchar “Of mountaintops and glacial tombs” y “Eternal Thralldom”. Paradójicamente, este último es, junto a “Thy blood”, uno de los temas más agiles, cortos y con mayor gancho. Por otra parte, el álbum no trafica con solos de guitarra salvo por algún que otro trémolo agudo. El frescor del viaje llega con la negra niebla que cubre “A fading king” y “Beneath black cloudmasses”.

¿Cómo consigue integrarse Kat en este sólido entramado? Su voz emana en perfecta sincronía con los tempos durante todo el recorrido. Sacerdotisa de artes prohibidas, su voz es solemne, profunda, delatora de su pasado biológico. Si el momento requiere de energéticos rugidos (“Devouring kingdoms”, “A fading king”) o de timbres más hard-rockeros (“Thy blood”), Kat los aporta sin problemas. Otras bandas de altos vuelos como ATLANTEAN KODEX y KHEMMIS son cojonudas, pero les falta ese vigor pulmonar al que tan mal nos acostumbraron CANDLEMASS. Con THRONEHAMMER este hábito no muere. Y las historias a las que nos transportan también pertenecen al mismo reino del género. Siendo públicamente antifascistas, no es extraño encontrar letras antiautoritarias escritas desde el prisma de la fantasía épica, como sucede en “Eternal Thralldom”.

Para el tercer pilar, Tim arremete continuamente con unos tambores de guerra de los que es imposible cansarse. Su mampostería consiste en tiempos lentos y medios que le permiten tallar con sus toms un horror vacui de decoraciones. Algo parecido sucede con THE WANDERING MIDGET. Y, por supuesto, cuando los temas llegan a clímax, los platillos se agitan despertando a los dioses.

¿Qué más encontramos en el álbum? ¡Un nuevo logo! Retorcido y sangrante sobre un atormentado color Red Gore (de las antiguas pinturas Citadel). Dominando la escena se encuentra la regia figura armada con acero, que recuerda a los Nazgûl de Bakshi. Como detalle curioso, las tropas que le acompañan son las mismas que aparecen en el anterior largo Usurper of the oaken throne.

Y bueno, se me acaban las palabras, pero sigo dándole a Incantation rites y no me da resaca. A mí dadme riffs en bucle, añadidle tenebrosas atmósferas, una majestuosa voz y las letras de mil hechiceros en eterno ciclo de renacimiento y seré menos infeliz. Echando una mirada de vuelta al abismo, las criaturas adaptadas a vivir bajo la demoledora presión y oscuridad estarán escuchando THRONEHAMMER, sin duda.

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