THROANE (FRA) – Plus une main à mordre, 2017

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Tengo predilección por las cosas que edita Debemur Morti. El sello francés relacionado con BLUT AUS NORD saca cosas tan esquizoides como la citada banda francesa, por lo que los que somos amantes de darnos de bruces con la música más nihilista y extrema que te puedes echar a la cara disfrutamos sus lanzamientos como enanos. De una de estas incursiones salió THROANE, y su debut Derrière​-​nous, la lumière me trajo a la mente lo mejor de BLUT AUS NORD en su etapa más frenopática. Pura locura in-existencial en donde el ruido y la atmósfera se daban la mano en medio de un aura de maldad absoluta que atraía y era repulsivo al mismo tiempo. No ha pasado casi ni un año y aquel plástico tiene continuidad con Plus une main à mordre y todo sigue igual de absoluta y apeteciblemente caótico y apocalíptico.

A sabiendas de lo que me iba a encontrar era una tormenta de decibelios, gritos y estructuras deconstruidas, la primera vez que escuché este nuevo trabajo de la banda francesa me lo puse en casa. A oscuras. Con cascos y a todo volumen. Traté de no distraerme ni un momento y empaparme de todo lo que entraba por mis tímpanos que inicialmente fue de auténtico y puro rechazo a la vez que las agónicas e inhumanas voces de Vincent Petitjean, alias Dehn Sora, hacían su aparición. Lo mismo que me produce siempre escuchar la discografía de los citados BLUT AUS NORD es lo que me genera THROANE: un compendio infrahumano de black, metal industrial, ambient, drone y disonancias por todas partes, todo ello en medio de un aura suicida y de odio que no tiene parangón.

Desde DIAPSIQUIR no había tenido una sensación tan de “túnel del viento” como con THROANE y este segundo trabajo confirma lo que su debut ya me dejó entrever. La discontinuidad estructural, el constante golpear de pasajes, de voces, de espectros, de sonidos que no parecen naturales, de ritmos entrecortados, el sonido catacúmbico… todo era nota dominante en cada tema, acompañado de la propia voz de Dehn Sora que por momentos parece un grito desesperado y extasiado de odio, dolor y placer. La oscuridad se cierne en cada atmósfera, en cada armonía disonante y atonal, en cada golpeteo sepulcral que retumba en nuestras sienes mientras las guitarras tejen una madeja de ecos que acaba por hacernos creer locos en un manicomio.

La desquiciada tragedia tejida en poco más de tres cuartos de hora te mantiene en vilo gracias a una genial línea de tensión y calma que tema tras tema, y es imprescindible escuchar el disco en el orden en que se concibió, hace que te agarres a la silla como si el mundo bajo tus pies se empezara abrir. La primera parte del disco es más condescendiente armónica y rítmicamente, nos quiere atrapar en su decadencia con “Et ceux en lesquels ils croyaient”, para que el extremo fervor de “Et tout finirá par chuter” con acoples, ruidos y disonancias varias nos lance brutalmente al abismo sonoro de “Mille autres” con susurros y cacofonías y un ritmo descompasado que nos termina de poner nerviosos para la apoteosis final.

Son ejemplos de sangrienta honestidad musical y mente perversa que nos es repulsiva al mismo tiempo que no podemos escapar de ella. El famoso “no mires” que nos impide girar la mirada de algo que sabemos que nos dará asco, es lo mismo que nos atrae a la música de THROANE. Un pulso para nuestra paciencia y para nuestros sentidos que, si logra atraparte, no te dejará escapar. Como si de una droga suicida se tratase, tus venas se engrosarán hasta que sólo quede de ti tu instinto más primigenio. Sólo una parada más en el viaje.

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