THECODONTION (ITA) – Supercontinent, 2020

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El dúo romano G.D. y G.E.F. aterriza su primer LP –Continent– como el meteorito de Chicxulub. Como podemos recordar en el artículo THECODONTION (ITA) – Jurassic, 2019, estos chicos están comprometidos con experimentar con la música pesada acorde a los acontecimientos más heavys de la historia de la Tierra. Se dicen “prehistoric metal of death”, han firmado con Repose Records (para el vinilo) y Voidhanger Records (CD) y, como novedad a nivel compositivo, incluido una guitarra. Para quienes no sepan de qué van, la propuesta inicial de la banda era excluir este instrumento. Otra novedad es la participación de V.P. a la batería, de J.G.P. con su guitarra en el tema “Laurasia-Gondwana”, de la voz de R.C. en “Pangaea” y del artista gráfico Skaðvaldur, también con su voz, en “Ur”. Lo que sigue igual es la fijación de THECODONTION por los estratos geológicos, los cuales examinaremos luego en estricto orden cronológico, porque no se formó la Tierra para que luego haya peña que crea que tiene seis mil años y es plana.

Sospechaba, cuando reseñé su anterior trabajo, que seguirían experimentando con la brutalidad y hasta el noise. En cambio, su primer largo demuestra una importante evolución manteniendo al mismo tiempo la esencia original. Mejor dicho, a los salvajes bajos y blastbeats se les ha añadido una capa de psicodelia precisamente mediante esas pistas de guitarra. Me pegaría que fueran la opción más dura del Sonic Blast del año que viene. Sin pretender asustar con el cliché de la extensión de los temas en los subgéneros psicodélicos, THECODONTION mantienen una estricta brevedad. Cuarenta y cinco minutos divididos en once canciones, de las cuales siete tienen una duración de tres a siete minutos. Las restantes se mantienen alrededor de la marca de los dos minutos y sirven de apertura, pausas y cierre del álbum.

El nuevo estrato stoner ya se aprecia en el tema de apertura “Gyrosia”. Y os preguntaréis qué coño es el título, pues aquí G.D. nos instruye (puesto que, aunque los temas cortos no tengan voces, se acompañan de una especie de cuarteto): hace más de cuatro mil millones de años, Gyrosia fue el primer superocéano de nuestro planeta y rodearía los supercontinentes Vaalbara y Ur, objetos precisamente de posteriores temas. La atmósfera carecía de oxígeno, y las primeras formas de vida comenzaban a aparecer entre las aguas y el fango. Este pasaje introduce al oyente a un ritmo tranquilo, similar a unos NAXATRAS pasados al sludge, que se va recrudeciendo para prepararlo a la subsiguiente embestida. “Vaalbara”, comenzando muy animadamente a ritmo punk y con breakdowns proto-death, es una clara reminiscencia del EP Jurassic. Pero quien esperase una rigurosa continuación se encontrará con una guitarra casi átona con el reverb al once añadiendo capas oníricas. En cuanto a las letras, esta sigue siendo prosa científica de Wikipedia aplastada entre los riffs como estratos geológicos. Es didáctica y carece de rimas en todo el álbum, si bien ocasionalmente se atreven a expresarse con una narrativa más libre.

Ur” podría ser el hilo musical perfecto para leer La epopeya de Gilgamesh: oscura, arcaica, enigmática. Empero, la historia abarca un tema aún más misterioso como es la supuesta existencia del supercontinente homónimo, cuya hipótesis contradice a la de la formación de Vaalbara. La grave voz gutural, casi raspada, recuerda en algunos momentos sardónicos a Attila Csihar. La guitarra psicodélica reaparece a menudo con tono nostálgico y amenazando con perpetuarse durante el resto del álbum. Dobles voces comienzan en “Kenorland” abriéndose paso por los blastbeats blackers y un riff muy crudo. Se echan de menos unos desgarros de guitarra. Aunque melodías de guitarra similares a lo ya escuchado reaparecen, se interponen luego tramos más venomescos o motorheadianos parecidos a los del EP. Vamos avanzando en el tiempo y nos encontramos hace 2700 millones de años, coincidiendo con la aparición de los primeros seres vivos fotosintéticos y del tóxico oxígeno (spoiler: la vida llegó a adaptarse al gas y a prosperar). Tal vez sea este lento proceso el que exprese el ritmo casi kraut del superocéano “Lerova”. Con esa continuada cadencia y tensión se podría engañar a algún centennial con que el tema está sacado del Doom II. Estos dos minutos sirven muy bien como primera pausa y, salvando su brevedad, es mi tema preferido.

Nuna”, con una métrica más corta y dinámica, y “Rodinia”, más death, vuelven a la tónica general: blastbeats, voz cruda y melodías atmosféricas sobrevolando los eternos bajos. Ocasionalmente, algunos riffs sludge y breakdowns interesantes destacan entre la uniformidad de las canciones. En el tema que trata la fragmentación del supercontinente de Rodinia (hace 1100 – 650 millones de años), la tralla se interrumpe con melodías a las seis cuerdas que restan seriedad al acontecimiento. Este, coincidente con las mayores explosiones evolutivas que darían a casi todos los grupos animales actuales, incluidos auténticos enigmas (Dickinsonia, Opabinia, Hallucigenia, ya extintos), debiera merecer todo el hierro del asunto. A la cierta suavidad le sigue la segunda pausa del álbum, que está muy bien conectada con el tema y la sensación del agua. El gran océano “Tethys”, situado entre Laurasia y Gondwana (252 – 66 millones de años ha) traza similitudes con la psicodelia de MY SLEEPING KARMA y diluye fronteras entre subgéneros.

El último tramo del LP no aporta sorpresas. Los riffs de “Laurasia – Gondwana” se dejan mascar muy bien, especialmente en las partes más pausadas de la percusión. La guitarra se torna más agresiva, pero sigue sin atreverse a formar parte de los riffs. El penúltimo tema y último supercontinente de lo que llevamos de planeta, “Pangaea”, hereda todo lo expuesto anteriormente. En este punto, la falta de rasgueos de guitarra que aporten timbre y acidez se hace notar demasiado. De hecho, el instrumento tira hacia una melosidad que, acoplado a un ritmo más mecanizado, da sensaciones de melancolía noventera. Y para terminar, otro tema corto. No muchas bandas se atreven a cerrar un álbum con una canción expresamente diseñada para ese fin. Y menos si suena a rock gótico de los THE SISTERS OF MERCY más alegres. “Panthalassa” enseña que hasta el blackened death más prehistórico se puede despedir con una tonada de rock sencilla que diga “¡hasta pronto, amigos!”.

Sigo con interés a esta banda. No obstante, no deja de sonarme como una exploración musical de frikis de la facultad de paleontología (que es fantástico). Aun habiéndolo escuchado y saboreado muchas veces, me sigue pareciendo un álbum algo monótono. Su EP era más primitivo y bruto, casando muy bien con la temática; debo admitir que todos los aspectos de la paleo o la geología son pesados, desde el trabajo de campo hasta la evidencia del paso del tiempo en los estratos. Sin embargo, sus ideas sobre las rocas (en inglés esto sonaría mejor) se han decantado hacia la mezcla con el stoner suave, pudiendo pasar de la parrilla del Death Feast a la del Sonic Blast. La guitarra psicodélica es una inclusión muy interesante pero la falta de diversidad en las melodías (o incluso de efectos) llega a ser un poco aburrida. A nivel compositivo es un trabajo más maduro y atrevido, que se aleja de los lares más brutos mientras que la producción es más limpia y cuidada. Los temas cortos aportan frescor, variedad y estructura a un sonido algo caótico derivado de la hiperdependencia del instrumento de cuatro cuerdas. Personalmente, no me termina de convencer la propuesta instrumental, pero, aun con todo, defiendo el experimento de THECODONTION. Y si su siguiente LP trata de las extinciones masivas a lo largo de la historia planetaria, los celebraré por todo lo alto.

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