THE HOLE – A monument to the end of the world, 2014

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Se suele caer en el error de que por tocar un estilo, sea cual sea, al estilo de la vieja escuela, automáticamente caerá en gracia para los seguidores de susodicho que, cual zombis, consumirán ese sonido sin preocuparse de nada más. Nada más falaz, pues querer emular a los grandes suele salir caro. La parroquia más tradicional del género estará más atenta que nunca para evitar posibles sacrilegios y lapidar al pecador. Tranquilos que, THE HOLE no han cometido ninguna herejía para los seguidores de los SEPULTURA más auténticos (antes de que descubriesen la percusión tribal allá por el 93), los últimos AT THE GATES, o los olvidados NOCTURNUS

Ahora bien, tampoco nos encontramos con una obra maestra, nos situamos en un punto medio, con sus momentos buenos y no tan buenos. Desde el comienzo de la reseña diré que es una buena obra, pero le falta un plus que le haga ser más adictivo, que no pesen los minutos y estos transcurran sin darnos cuenta. O lo que es lo mismo: mientras ciertas canciones pasan delante de nuestros oídos como un torpedo, otras pasarán sin pena de gloria (eso sí, no son mayoría). Por eso puede pasar que el entusiasmo inicial de «Crushin’«, precedido por una introducción de tintes apocalípticos (al fin y al cabo, el disco trata el concepto del fin de la civilización humana), vaya desvaneciéndose poco a poco mientras pasan los minutos, y encontremos alguna canción más gris como «Hellride».

Pero si algo bueno tiene este álbum es que alberga pequeños detalles, realmente buenos, que estemos distraídos o atentos, llaman nuestra atención al instante. Como por ejemplo el guiño inicial en «Warrior’s roar» al black metal melódico. Algo breve, pero esa es la gracia. 

Hay que reconocerles también el mérito de no querer hacer todos los temas exactamente iguales, que algunos salgan más o menos inspirados, es otra cosa, pero se esfuerzan en los cambios de ritmo, véase «Moonlight», que muta de un inicio calmado, hasta una sección rapidísima para cerrarlo. La noche y el día en casi cuatro minutos. Incluso en el aspecto vocal, aunque por norma general es monocorde en este A monument to the end of the world, de vez en cuando, y para incidir en los momentos más contundentes, la voz rasgada evoluciona a un registro más grave, más propio del diafragma que de la garganta. 

Así, si hay ciertos cortes que buscan cambiar de ritmo, también tenemos otros que no pierden tiempo nada más que ir rápido, que posiblemente sean los temas más apegados a la vieja escuela («The third seal»), y otros tantos que hacen lo contrario y se conforman con el medio tiempo. Así es «Dark of my soul», inspirada en las enseñanzas de la escuela sueca de death melódico, más concretamente las de DARK TRANQUILLITY, según el oído de un servidor. 

A pesar de las citadas, me quedo con «Harsh times», que tiene el mérito de ser bastante pegadiza en estos tiempos que corren, con tanta música gratuita por todos lados, y que acabará siendo una de las favoritas de público y grupo en directo. 

Para ser el primer disco, pueden darse por satisfechos. Es difícil pillar el encanto a este «monumento» nada más encontrarse con él, y posiblemente sean los detalles puntuales lo que hace que el compacto gane puntos. Probablemente si los canarios se hubiesen empeñado en llenar todo de «tupa-tupas», yo no estaría aquí escribiendo. Se han molestado en ser fieles a la tradición, sin acabar siendo un coñazo clónico. También es cierto que hay instantes en el que un tema nos deje fríos y tengamos ganas de pasar al siguiente. Lo bueno es que todavía hay tiempo mejorar y pulir detalles de cara al futuro, les dejaremos margen. 

 firmapablobalbontín

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