THE DELTA SAINTS (USA) – Death Letter Jubilee, 2013

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Siento una mezcla de alegría y tristeza, una especie de sensación agridulce con este disco. Y es algo que por desgracia me ocurre más a menudo de lo que quisiera o al menos, pueda considerar habitual. Eso se debe a que por un lado tengo ante mí un disco realmente increíble, se trata de una joya de principio a fin, sin nada que sobre ni falte, de excelente producción e inmejorable interpretación. La parte amarga de todo esto y que ensombrece la escucha, es que me atrevo a vaticinar que pasará prácticamente inadvertido para la gran mayoría. Y esto es así, porque a excepción de un pequeño porcentaje de público amante del buen Rock and Roll, que no se deja hipnotizar por los resplandecientes y fugaces descubrimientos del momento en cuestión, el resto de la gran masa sí lo hace y caen presa de productos efímeros, caducos y perecederos, pero que en su fulgor momentáneo, eclipsan  y anulan la grandeza de bandas como la que centra este espacio ahora mismo.   

THE DELTA SAINTS son una joven banda que inició su andadura en Nashville en 2007, movidos por el amor común a los sonidos más añejos del Mississippi. Comenzaron a ganar notoriedad gracias a sus intensos shows, si alguno los ha visto en directo podrá confirmar lo que digo, y es que esta banda posee uno de los directos más arrolladores que jamás he visto en una banda de su género, menos aún teniendo en cuenta su juventud. Ese entusiasmo los ha llevado a girar por medio mundo, dando más de 150 conciertos en un año en la presentación de su primer larga duración “A bird called Angola”.

En “Dead letter jubilee” encontramos un disco que sigue la línea compositiva del grupo, quizá un poco más Soul en ciertos aspectos, pero continúan sonando a DELTA SAINTS; música orgánica y de raíces que hace honor a los grandes bluesman que han  cantado su dolor a la orilla del gran río. Emociones a flor de piel, a ritmo de Rock and Roll y Rhythm n’ Blues, una voz que grita su mensaje envuelta por un manto de excelente arquitectura instrumental. Liar abre el disco y batería, bajo y guitarra crean un groove único del que es imposible huir, mientras Ben Rigel nos conduce al grito de “Come on!” nos adentramos de lleno en su terreno.

Chicago aparece cautelosa y calmada, contándonos una fría historia, con la nieve y las luces de la calle de fondo,  vista a través de la ventana de una habitación de hotel. Poco a poco el tema crece y se desarrolla, hasta desgarrarse en un ardiente final marca de la casa. 

Dead letter jubilee da nombre al disco y representa quizá el tema con más magnetismo del álbum, es Nueva Orleans en estado puro, auténtica carne de escenario, un tema en línea ascendente que derrocha energía y sentimiento, con la harmónica jugando un papel fundamental, no queda más que dejar que la corriente nos arrastre y disfrutar de la gran fiesta. 

En contraposición, Jezebel calma ligeramente el ambiente en una pieza de blues añejo, de mínima instrumentación que nos traslada a otra época, mucho más dura, donde la música era el único medio de huida y el remedio para mitigar el dolor. En esa línea lírica continúa Boogie pero recobrando la energía con un Rn’B directo y aplastante, agitándose hasta los huesos según se acerca el final en un incesante galope en medio de una batalla entre voz y harmónica.

Hemos cruzado el ecuador del disco y Out to sea vuelve a colocarnos en esa dinámica de subidas y bajadas a modo de montaña rusa emocional, con tan solo una guitarra y una harmónica de fondo, la voz suena a historia de vagón de tren, a melancolía y pesadumbre, a soledad y pena, a canto de góspel en una calurosa tarde de domingo solitaria.

La enigmática Sing to me nos sitúa nuevamente en la vía correcta, el tren parte de nuevo y la locomotora ha comenzado a rugir, que no te despisten las delicadas voces del comienzo, esto es Blues Rock en toda regla. Tras ella llega Drink it slowly y su ritmo vacilón, con lejanos aires de jazz y percusión que invita a dar un trago tras otro a esa botella de Blues de alta graduación.  

From the dirt suena a Blues pantanoso y a auténtico Rock sureño, mientras que The Devil’s creek nos pone de nuevo en la ruta del ferrocarril del Blues, con un incesante galopar funky que se acelera hasta la perdición.

Llegamos a la recta final, River recupera ligeramente el ambiente de Jezebel, en lo que parece un himno de góspel, prácticamente a cappella y auténticamente negro, dando paso a la intensa Old man, con guitarras afiladas que crean un ambiente agobiante a una composición inmensa y de una intensidad trepidante.

Jericho marca la despedida a golpe de Blues de calidad, con una base rítmica muy marcada mientras la harmónica y las trompetas entablan su particular conversación, en una espiral ascendente en la que las guitarras pondrán la guinda al pastel, poniendo fin a un magnífico trabajo. Permaneced atentos pues este último tema contiene una pista oculta instrumental al más puro estilo Jazz-hot de Nueva Orleans.

Escuchar a THE DELTA SAINTS supone más que una simple experiencia sonora, es un viaje en el tiempo y el espacio, hacia otra época, otro lugar y en definitiva otra forma de hacer música. Os puedo asegurar que el directo que tan famosos ha hecho a estos músicos es tan impresionante como dicen, por lo que sería un error perder la oportunidad de verlos en alguna de las fechas que tienen programadas por todo el país este verano. Por mi parte haré lo propio en 25 de junio en la Sala Son. Hasta entonces, disfrutad de una auténtica joya.  

 

 

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