TEMPLE OF VOID (USA) – The world that was, 2020

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Portada del álbum "The World That Was" de Temple of Void.

Se trata de una percepción puramente subjetiva, y probablemente fácil de desmontar con argumentos sólidos en forma de bandas que aún no conozco, pero desde hace ya unos años siento que existe una cierta tendencia dentro del death metal a estancarse y dar vueltas sobre uno mismo, con bandas que técnicamente ofrecen todo lo que cabría de esperar de una producción de este estilo pero que no logran despertar en mí ni siquiera un atisbo de emoción o interés. Esto se debe en la mayoría de casos a unos parámetros compositivos a mi parecer demasiado pretenciosos para lo que realmente pueden ofrecer, y a unas canciones por lo general demasiado largas e innecesariamente enrevesadas. Insisto, es una opinión personal y no una afirmación categórica, y desde luego existe una buena cantidad de bandas que contradicen esta idea. Sin ir más lejos, el magnífico Hidden history of the human race de BLOOD INCANTATION que vio la luz el pasado 2019 es un ejemplo perfecto de cómo puede compaginarse una composición y factura técnica excelentes con la tortuosidad más desgarradora que ha existido en años dentro del metal extremo. En el caso que nos ocupa, TEMPLE OF VOID alcanzó cierta fama con el Lords of Death de 2017, que se podría definir como un álbum bien ejecutado, potente y conciso en su acercamiento particular al death/doom, pero con una ambición musical que solo se dejaba entrever en forma de algunos interludios acústicos y de puntuales cambios de frase y de tempo. Con este The world that was, la banda tenía por delante una buena ocasión para desarollar un poco más este punto de innovación en su sonido.

Lo primero que salta al oído al escuchar este álbum es que, efectivamente, TEMPLE OF VOID ha querido dar un paso más en esa dirección. Desde el tímido slide a lo GOJIRA en los primeros compases de «A beast among us» o las partes cantadas a coro en «Leave the light behind«, se puede apreciar un esfuerzo consciente para expandir los horizontes musicales de su estilo que, como decía antes, ya posee un cierto sello personal desde anteriores trabajos. Quizá lo más destacable de su sonido era el buen uso de la suciedad propia del género, que encontraba su punto álgido en la combinación de la voz gutural y la saturación de efectos presentes en la distorsión de las guitarras, y que se veía reforzada con los tempos arrastrados característicos del death/doom.

En este nuevo disco, sin embargo, parte de esa mugre se pierde desgraciadamente a causa de una producción más limpia y cuidada. Si bien suelo mostrarme favorable a que un álbum goce de una mayor calidad en la mezcla, especialmente si la música de la banda exige atención a la complejidad y sutileza de los detalles instrumentales, a veces este factor puede llegar a jugar en contra, y creo que The world that was es uno de estos casos. En los dos trabajos anteriores de la banda esa sensación de suciedad era el vehículo conductor de la mayoría de canciones, y al prescindir (al menos en cierta medida) de este aspecto, la música de TEMPLE OF VOID se nos presenta de forma más «desnuda» y clara, lo cual lleva a preguntarnos hasta qué punto todo esa carga de efectos servía, simplemente, para tapar el hecho de que tampoco tenían nada especialmente interesante que decir. Desde esta perspectiva, The world that was es la ocasión perfecta para responder a esta pregunta.

A nivel compositivo, en prácticamente todas las canciones del álbum la banda empieza sus temas con ideas interesantes, pero en lugar de desarrollarlas de manera eficaz, acaba divagando por derroteros que están vagamente relacionados con los motivos iniciales, sin más. Es difícil discernir una estructura clara, ni tampoco se aprecia ninguna construcción efectiva hacía un clímax (que podría ser una excusa para algunas de las secuencias iniciales). Dicho esto, el disco no está exento de momentos interesantes. La pesadez y contundencia de los riffs convierten a «Casket of shame» en uno de los puntos álgidos de la producción, pero aparte de esa y un par más de canciones interesantes, no hay nada mucho más relevante que se pueda destacar. La tercera canción es un breve corte acústico con un aire cercano al flamenco que, si bien resulta interesante en sus primeros instantes y despierta intriga por cómo podría desarrollarse, acaba siendo redundante y poco inspirado, sin quedar claro si actúa de introducción para el siguiente tema o es simplemente un interludio para romper la tensión acumulada.

Por otro lado, en lo referente a la producción, la mayor calidad de la que goza The world that was respecto a trabajos anteriores es, como he comentado anteriormente, un arma de doble filo. Es indiscutible que la ejecución técnica es más que correcta, y el nivel de los músicos, especialmente de unas guitarras con una ejecución muy cuidada, cumple perfectamente. En ese sentido destacaría también el cavernoso registro de la voz de Michael Erdody, y es que si se tiene en cuenta el bagaje de la banda, podría llegar a afirmarse que es uno de los elementos claves de su sonido. Se puede decir que The world that was es una obra interesante en la carrera de la banda, ya que con ella han abierto las puertas a una mayor experimentación y variedad en su sonido, pero también resulta inevitable la sensación de que, con este material de base, se podrían haber alcanzado cotas de calidad mucho más altas.

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