TANKOGRAD (POL) – Totalitarian, 2019

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En su Bandcamp, los TANKOGRAD se presentan como “doom metal para los hijos e hijas de los koljóses [granjas colectivas, ndr.]”. Estos polacos, nietos de la devastación nazi e hijos del yugo soviético –Herr Feldgrau (aka Tomek Walczak, ex-DOPELORD) al micro y guitarra, Herr Berg (aka Grzegorz Góra) a la guitarra, Herr Doktor (aka Michał Skuła, MAJOR KONG) a la batería y Herr Schnitt (nombre real no disponible) al bajo– presentan su primer LP: Totalitarian (Godz ov War Productions). La portada, un sinnúmero de soldados adoctrinados para romper la humanidad, augura la base emocional del bombardeo que sobreviene. Con una combinación en polaco, inglés y alemán, la banda repasa la historia reciente de Europa desde la perspectiva personal de aquellos que ejecutaron o vivieron las consecuencias de los totalitarismos.

El LP abre con el pesado primer riff de “Ostatni Sen Joachima” (“El último sueño de Joaquín”). En seguida se da paso a un atmosférico pasaje de perdición gracias a los arpegios de guitarra, 45 bpm y una voz solemne. Esta comienza con un listado de pueblos belgas que fueron escenarios de la masacre alemana y, según progresa la música, se revela el siniestro diálogo interno de Joachim Peiper. Como me detallan por e-mail, este oficial de las SS y criminal de guerra -quien no concebía el mundo sin la violencia más brutal- traía la muerte hasta a sus propios hombres usándolos como detectores de minas de carne. El paralelismo temático con «Angel of Death» de SLAYER es evidente. Las guitarras, aunque técnicamente no son brillantes, son las protagonistas indiscutibles, manteniendo una atmósfera perforada aquí y allá con oscuros acordes. El bajo, siempre apoyando con dedicación, consigue destacar en momentáneas líneas donde los demás guardan silencio.

Un glacial juego de guitarras abre “Arkhangelsk”, que pasa a un ritmo más acelerado y contrastado con voces limpias y lentas. Estas cantan sobre otro escenario de la II Guerra Mundial: el puerto militar soviético en el Mar Blanco. Siendo el tema en inglés, sugiere que el protagonista pertenece a las fuerzas británicas o estadounidenses, y que está a bordo de un desprotegido convoy de ayuda hostigado por U-boots y la Luftwaffe. Se trata de un tema dinámico que transmite con éxito el helador pero inquietante ambiente de la escena. Un sencillo solo juega con el riff, acompañado de acentos de plato que recuerdan a los momentos más pegadizos de CONAN. Tras sumergirse a las profundidades de los 30 bpm, nos encontramos con la angustia y el desamparo de quien conoce su violento destino (“What the fuck are we supposed to do?”). En este marco, se incorpora en segundo plano el característico sonido de los Stuka abalanzándose, que las guitarras imitan luego en cierta medida. El tema concluye con lo único que oirían los cadáveres al hundirse: el sónar de un submarino.

Lot do Kraju” (“Vuelo a Polonia” si Google acierta, aunque en diminutivo, “kraju” se traduciría como “al país”) podría pasar por una balada de los propios RAMMSTEIN por el registro de la melancólica voz, elementos de estilo industrial y porque la mitad de las letras están en alemán. Por otra parte, consigue diferenciarse mediante los acelerones-desaceleraciones típicos del doom y stoner modernos. Es un tema más complejo en el que cada instrumento de cuerda se concentra en melodías diferentes pero hábilmente entrelazadas. Lo mismo ocurre con las letras –cortas estrofas alternadas en polaco y alemán– que relatan en dos momentos paralelos la perspectiva de un solo personaje: las reflexiones de un soldado nazi acerca de las abyectas consecuencias que han causado él y el nazismo (perspectiva 1). Ya acostumbrados a los efectos en segundo plano, se oye el fragmento de un discurso de Adolf Hitler y la ovación de la que participaría el protagonista. Este, sin embargo, ya solo quiere escapar del frente y de la trampa mental, sabiendo que nunca podrá ser perdonado (perspectiva 2).

La apatía se exprime con un monocromático riff a lo largo del extenso “Żelazne Trumny” (“Ataúdes de hierro”). La cadencia se mantiene mientras se suman poco a poco todas las cuerdas y las distantes voces. Solo las ocasionales florituras de guitarra e imitación de alarmas de inmersión submarina aportan frescor a un tema relativamente sencillo. Los polacos consiguen transmitir el debilitante hastío de una tripulación aislada, aunque no ajena a la guerra: se perciben las vibraciones de alguna batalla lejana, pero si se acerca el peligro la única opción es aislarse aún más… hasta lo que aguanten las baterías de los sistemas de soporte vital.

Un álbum titulado Totalitarian no podía dejar escapar un comentario sobre el proyecto bolchevique. El último tema (“Mir”, la primera estación espacial) comienza con cósmica parsimonia a la que se le une una meditativa voz. Siguiendo una sencilla estructura, el tema se acelera a casi 130 bpm llevando el riff a nuevas alturas y paisajes acústicos, en los que el canto se hace raspado. Las expectativas de que la intensidad crezca se rompen al llegar a una órbita de microgravedad musical. Temáticamente, las letras saltan a la segunda mitad de los años 80. La Mir, brillante, inalcanzable y triunfo de la ciencia soviética, es vista con indiferencia por un alienado trabajador del Bloque. Mientras, la estación misma observa como un demiurgo la decadencia del experimento socialista. Un breve bombardeo sónico, tal vez rememorando la desintegración de la nave, sirve de desenlace para el tema y el álbum.

En el burbujeante mundo del doom y stoner actuales, es difícil encontrar bandas cuya temática se asocia más a géneros como el thrash, el death y el war metal. TANKOGRAD, sin embargo, tienen buen ojo al detectar elementos oníricos de la guerra como el vuelo de distantes aviones, la inmersión submarina y, por supuesto, naves espaciales (en el marco de la Guerra Fría). Sin ser especialmente técnicos, aportan elementos psicodélicos de otra naturaleza, como la estructura de las letras (ej. alternancia de estrofas en “Lot du Kraju”) o inclusión de samples de sonidos reales y su imitación (ej. motores, alarmas). Aunque musicalmente las estructuras y tempos son generalmente sencillos y los instrumentos algo planos, en el ámbito emocional se trata de un LP muy bien trabajado. La angustia, el miedo, el desamparo, la melancolía, la apatía e incluso el arrepentimiento de un tumultuoso siglo XX se transmiten de manera multidimensional y muy creíble. A fin de cuentas… ¡mi abuela me contaba espeluznantes historias del Frente Oriental que encajarían en este álbum perfectamente!

PD: Agradezco a los miembros de la banda por las numerosas aclaraciones.

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