TALES OF THE BUGABOO (ITA) – Eating children disorder, 2019

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Desde Italia nos llega la opera prima de este desconocido grupo, que según ellos mismos se creó en noviembre de 2018. Posiblemente estén nominados a la banda más rápida en sacar su primer disco aunque, como también explican, los temas ya estaban planteados por su cantante desde el 2017.

Detrás de este estrambótico nombre se esconde una banda que parece tener claro lo que quiere hacer, a pesar de ser algo que a primera escucha suene raro, algo disperso y poco serio. Lo de poco serio viene dado, sobre todo, por los títulos de las canciones, por lo que puedo intuir de las letras y por la portada del disco. Estos tres aspectos dan a entender que no nos enfrentamos a una banda al uso y que el humor, la ironía y la crítica van a estar muy presente en todos sus temas.

Hay que echarle una escucha muy atenta al disco para ir descubriendo las coñas, ruiditos (relojes de cuco incluidos), vocecitas de pitufo, de “orcos”, efectos sci-fi y mil chorraditas más que van apareciendo en cada tema. Y es que si algo se puede decir de este trabajo es que es variado como pocos y que no da ni un segundo de tregua al oyente. Este opus nos hace viajar desde la locura violenta y caótica de “Doggerel of truth” para luego llevarnos a una fiesta completamente etílica y desquiciada en un pueblo perdido de México o de Cuenca en “Fanculos amigos”.

Supongo que llegados a este punto os preguntareis: ¿dé que coño va este disco? Pues hay ratos que yo también me he hecho la misma pregunta. Y la verdad es que, después de unas cuantas escuchas, no importa mucho. Aquí o eres una persona bastante abierta de mente o te puede dar una embolia cerebral al intentar asimilarlo. Lo mejor es dejarse llevar por la locura musical de estos italianos y disfrutar de las mil y una influencias que construyen este plástico.

Partiendo de una base de death metal con tintes melódicos, el abanico de estilos y grupos a los que podemos hacer referencia es bastante amplio. Así de primeras me recordaron a unos SYSTEM OF A DOWN mucho más metalizados y con la locura de AVATAR pero añadiéndole los toques circenses y teatrales de los rusos MECHANICAL POET y el amor por la serie B y el cine de terror de ROB ZOMBIE. Otra buena referencia podrían ser los japoneses SIGH, de los cuales veo la locura poco contenida en las estructuras de los temas y cierto gusto por introducir orquestaciones épicas en ciertos momentos.

Esto en el apartado más metálico del grupo. Porque también tienen ramalazos punk/rockeros y ska (sobre todo en ritmos y velocidades), con lo que a mí me recuerdan muchísimo a los zumbaos de VOODOO GLOW SKULL. La voz de Naza es otro aspecto que los aleja un poco del metal. La mayoría de las veces huye de la voz gutural más propia del estilo para afincarse más en terrenos hardcoretas y punk rockeros, aunque siempre está bien respaldada por otro tipo de registros. Unos más chillones, otros más guturales, otros completamente desquiciados, coros de chicas, voces angelicales o como colchones de fondo, dándole a los temas cierto aire misterioso y terrorífico…

Si a todo esto le añadimos que cada canción es un mundo y que podemos encontrar partes power metaleras, riffs que beben directamente del heavy metal o sonoridades más modernas con sintetizadores, bases de ritmo y samplers, “Goooooo Satan!”, para dar más ambiente a los temas… nos encontramos con un opus bastante inclasificable.

Tras este pupurri de influencias se podría llegar a pensar que esto va a ser un pastiche infumable y un caos insufrible, pero nada más lejos de la realidad. La destreza musical de los cuatro componentes del grupo y el gusto al juntar todas estas influencias es excelente, lo que hace que nada quede fuera de sitio ni desentone, aportando al conjunto mucha riqueza y variedad. Uno de los pilares de esto es, sin duda, el trabajo de Riki a las baquetas. Son casi infinitos los tipos de ritmos que se marca durante todo el plástico, ejecutando a la perfección las partes más rápidas, con solidez y pegada pero aportando infinidad de redobles, fills, juegos con los platos y timbales que aportan a cada tema su propia personalidad y le dan al conjunto del plástico una riqueza y diversidad envidiables.

Si sois amantes de los grupos variados y con sonoridades modernas, no tenéis miedo a los samplers, ruiditos mil, ni a los conejitos psicópatas, seguramente encontraréis en este Eating children disorder de TALES OF THE BUGABOO un disco al que sacarle mucho partido durante las largas y calurosas noches de verano. Refrescante y lisérgico a partes iguales.

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