SVART CROWN (FRA) – Wolves among the ashes, 2020

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Casi tres años exactos separan la anterior obra de estos franceses con su más reciente lanzamiento, que es este Wolves among the ashes. Nuevamente edita SVART CROWN su arte a través del potente sello que es Century Media Records, en lo que para mí es el mejor disco de los de Niza. 

Si con Abreaction ya ganaron un seguidor, con Wolves among the ashes han conseguido un fan. No hago más que leer por ahí comparaciones de estos franceses con la superfranquicia polaca BEHEMOTH, pero os digo una cosa: ¡qué más quisiera BEHEMOTH! Y mira que me gusta la formación liderada por la estrella de Instagram Nergal, pero no hay punto de comparación. Lo que presenta SVART CROWN en su quinto larga duración es brutal, reinventándose a sí mismos y brindando al género un soplo de aire fresco, sin miedo a combinar, sin miedo a atreverse, sin miedo a componer de manera sincera, haciendo caso omiso de lo que podría pensar el a veces no tan respetable público. 

Y es que en la música, como en la vida en general, ¿cómo vas a gustar al resto si no te gustas a ti en primer lugar? No ha acusado la banda en absoluto la vuelta de su batería Nicolas Muller, en detrimento de la bestia que es Kévin Paradis, quien, desde mi humilde punto de vista, le daba un toque muy personal a la banda. Pero Nicolas ya sabe lo que es estar defendiendo el negro estandarte de la muerte junto a JB Le Bail y sus muchachos, pues participó ya en su disco de 2013, Profane. De esta manera, ha ganado SVART CROWN en pegada, ya no sé si por el mero hecho de haber cambiado de baterista o porque la música en esta nueva y brutal entrega pide más tralla. Puede que sea también una mezcla de ambas cosas, aunque puede que nunca lo sepamos con certeza, como cuál es la mejor manera de que un caballo lleve pantalones.

Sea como fuere, Wolves among the ashes supone un paso adelante en la carrera de estos franceses, quienes mantienen intacta su esencia pero no dejan de evolucionar con cada disco que lanzan al mercado. Como un violento vendaval, acometen al oyente con un black/death metal sofisticado, moderno, que no le hace ascos a las influencias clásicas, pero que por encima de todo tiene carácter y un aura de aviesa lobreguez que te embauca y te consume sin que te des cuenta, como la más pura y letal de las drogas. 

Además, la variedad de ritmos que ofrecen, ya sea con cuerdas o con percusión, abre un abanico de opciones monumental, coqueteando con recursos que bien podríamos estar acostumbrados a escuchar en bandas de vena progresiva o incluso algún destello que podría aproximarse de alguna manera al djent o similares. De cualquier modo, este tipo de ingredientes están aplicados con muchísima sensatez, sin abusar y cuando realmente lo pide el progreso de cada tema. Disonancias que evocan el más delirante e interminable de los vórtices jamás imaginados en una pesadilla añaden un grado de locura a esta magnífica obra de metal extremo. Perfecta dicción y técnica en las líneas de voz, que suelen encontrar más comodidad en los registros graves pero que modulan hacia agudos o incluso se atreven con otros recursos vocales más creativos, dando lugar a un trabajo digno de una interpretación teatral. 

No hay ni una sola fisura en esta soberbio trabajo, que supone uno de los más profanos altares del metal extremo erigidos este año que, aunque en muchos aspectos (muchísimos) ha resultado ser un año para olvidar, desde luego en lo musical no deja lugar a otra cosa que no sea el reconocimiento y el disfrute.

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