STILLBIRTH (DEU) – Revive the throne, 2020

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Ya comentábamos hace poco en la crítica del Mephitic de AHTME que algo estaba pasando en las oficinas de Unique Leader Records, desde las cuales se está forjando uno de sus años más legendarios en cuanto a lanzamientos de altísimo nivel; a recordar, para el que no me haya leído con anterioridad, el de los mentados AHTME, EXOCRINE, INGESTED, CYTOTOXIN, KROSIS, HUMANITY’S LAST BREATH, SIGNS OF THE SWARM o KATALEPSY. Brutal selección la que nos ofrece este año el sello estadounidense, a la que debemos sumar el lanzamiento del séptimo LP de los alemanes STILLBIRTH, quienes vuelven cargados de brutalidad como para parar el asteroide que colisionará con la Tierra en Armageddon 2: la venganza de Bruce Willis. Revive the throne supone un nuevo ejercicio de brutal death con matices cada vez más enfocados al deathcore o al slam, que es algo que se les da bastante bien hacer. Aunque con parones en su carrera, los de Bilstein llevan desde finalísimos de los 90 repartiendo zapatilla, poniendo de moda los matasuegras en los entierros, haciendo que la gente sustituya la harina por cemento en sus recetas o provocando el colapso de la Gran barrera de coral, con lo cual han tenido tiempo de afilar y perfeccionar su estilo, a pesar de no salirse demasiado de los estándares dentro del género.

Con una producción entendible pero ligeramente fangosa han adornado los germanos los cortes que componen los treinta y seis minutos de duración de Revive the throne, que, si bien es cierto que no suele ser la habitual en bandas que coqueteen con el deathcore o que lo practiquen de manera deliberada, a la combinación que propone STILLBIRTH le queda bastante bien. Quizá la batería sí está un poco más sobreprocesada, pero la producción le resta un poco de digitalidad al sonido de la percusión, haciendo que suene ligeramente orgánica a pesar de estar tan procesada. Esto, por supuesto, es una apreciación personal, puesto que habrá gente que prefiera que el sonido de una banda como esta sea más moderno o que suene incluso más a pantano.

Sea como fuere, STILLBIRTH es una máquina apisonadora, que además posee en sus inmensos rodillos puntiagudos y macizos pinchos de hierro para picar la carne de cualquier ser que se interponga en su camino. No se andan con florituras: dedican casi el cien por cien de sus esfuerzos en hacer que el death metal de corte brutal suene conciso, arrollador y bailongo. Dan ganas constantes de asentir con la cabeza con la cadencia propuesta por los ritmos de Revive the throne. Y es que no únicamente podemos percibir un brutal death con tendencias deathcore o slam; también hay bastante groove, hay death metal old school e incluso pinceladas de hardcore. ¿Son bastante simples con las estructuras? Puede, pero me suda los tímpanos. Lo que escucho me gusta, me da ganas de bailar con un collar de bombonas de helio colgando de mi cuello como única vestimenta y entrar en una tienda de lápidas al grito de “¿cuándo me tocará a mí, abuela?”.

Por supuesto, la batuta de las influencias está enarbolada principalmente por las guitarras, pues de éstas emanan todos los estilos perceptibles. No quiero decir con esto que el resto de instrumentos no tengan nada que ver en eso porque, aunque el bajo tiene pocos caminos que escoger en este caso, la batería, que sí podría optar por proponer más variedad en los ritmos, se limita un poco a bailar al son de las guitarras, nunca mejor dicho.

Líneas vocales que rozan lo más grave en los graves y hace lo propio con los agudos, son justamente ejecutadas, modulando bien, dejando respirar bastante bien a la instrumental, pero sin demasiada variedad en los registros.

En líneas generales, me ha gustado bastante, pero es un estilo en el que considero que hay que currárselo más para despuntar. Eso sí, si tuviera la oportunidad de pegarme unos bailes con un directo suyo, estaría allí el primero, blandiendo sendas mallas de cinco kilos de naranjas y con una sonrisa demente en la faz.

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