STAINED BLOOD (ESP) – Nyctosphere, 2019

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Muchas veces se ha hablado de STAINED BLOOD como uno de los cuatro componentes del “Big Four” patrio del deathcore, pero por suerte o por desgracia hace ya mucho tiempo que ellos están un peldaño por encima de estas denominaciones. Los de Barna han sabido anteponer lo que querían hacer en cada momento a cualquier tipo de etiqueta o encasillado, como tiene que ser. No se han dejado arrastrar por modas, sino por lo que les pedían sus influencias y estado de ánimo en cada uno de sus lanzamientos. Es por eso que quizá este nuevo trabajo, Nyctosphere (una vez más editado a través de Blood Fire Death), nos ha cogido a más de uno por sorpresa. Pero vamos a poner a los nuevos en situación.

STAINED BLOOD nace en 2005, habiendo editado desde entonces una demo y dos LP, sin contar este opus sobre el que hoy escribimos. Por conocimiento de los mismos, en One last warning presentaba el caldo de cultivo que haría que todo evolucionase hasta lo que escuchamos hoy. En aquellos días, un deathcore con gancho y ciertas connotaciones macarras muy propias del hardcore hacían que muchas miradas se posasen sobre estos muchachos, transformándose años después en el espectacular death metal melódico que expelía el fabuloso Hadal, que ya daba pequeñas pistas de que poco ‘core’ iba a haber en un futuro si la cosa seguía así; y así ha sido.

Petardazo que han pegado los de Sant Boi, transformándose de manera casi catártica en un nuevo ente oscuro y despiadado. Ya se flirteaba en Hadal con sonidos y recursos más cercanos al black metal, pero lo que nos presenta hoy este polivalente combo de músicos es black metal de la escuela más actual, con una producción más orgánica, más natural, que han sabido escoger para favorecer al máximo esa nueva manera de expresar sus sentimientos a través de la música. Sí, ciertamente, todavía se puede reconocer a los STAINED de siempre en los cortes de este álbum, pero quizá menos de lo que había percibido con el primer single “The lightless walk”. Sea como fuere, un servidor percibe esa esencia que en su día me enganchó tantísimo, pero en esta ocasión viene cubierta de una densa y umbrosa capa de negro metal, que puede que sea uno de los géneros que más he escuchado a lo largo de mi existencia.

Siguiendo (aparentemente) la estela de bandas como DER WEG EINER FREIHEIT, WOLVES IN THE THRONE ROOM, MGLA o AUDN, por poner algunos ejemplos, STAINED BLOOD ha sabido adoptar a la perfección esta nueva faceta y eso es algo que nadie puede poner en duda, ejecutando un black metal de mucha más calidad que bandas de nuestro país que llevan muchos más años practicando este estilo. Les ha sentado bien la incorporación de los nuevos componentes, David Rodríguez a las guitarras y Narcís Boter encargándose de las líneas vocales.

Sin desmerecer la labor de Borja y Rou, lo que han aportado estos dos miembros es más que evidente, siendo más palpable la labor de Narcís en la voz, a quien ya conocía de sus andadas en DOOMINATION. Lo que aporta este hombre es bestial, con un grosor vocal acojonante, buenas modulaciones, énfasis gutural perfecto cuando ha de imprimirlo y unos registros que, si bien parecen partir de las frecuencias medias, tienen una textura exquisita, ya sea cuando sube a los agudos, cuando se mantiene en esos medios tan atractivos o cuando baja a otros más graves. Sensacional trabajo el de Narcís, quien además ha tintado la temática lírica del disco (así como el artwork) de un aura mortuoria que acentúa todavía más esa nueva adquirida oscuridad.

Pero no podemos dejar de mencionar el resto de aspectos, ya que Salva también ha mejorado una puta barbaridad aumentando su ya de por sí rápida técnica a niveles asombrosos, acompañando en todo momento con interminables blastings a los afiladísimos tremolos con los que nos acometen las guitarras. Como decía un par de párrafos más arriba, podemos seguir reconociendo el sello de identidad que tan buenas críticas le granjeó a esta formación en algunos riffs (como por ejemplo en la ya nombrada “The lightless walk» o en el primer tercio de «Winterflesh«) y sobre todo en los solos y algunas melodías ornamentales («Shrine of loss«), que ponen la guinda a este mortífero pastel. No me gustaría acabar sin hacer mención al papel del bajo, el cual ya destaqué en la crítica de Hadal, pero al que se le ha dado una vuelta de tuerca para que suene más redondo, natural y vibrante que nunca, ensalzando su protagonismo y lacerando esas frecuencias tan importantes de rellenar entre las guitarras y la batería.

¿Tienes depresión? ¿Tu vida es un vacío existencial en el que las dudas te corroen por dentro? ¿Tienes ganas de que el final de todo llegue cuanto antes? ¿Odias a los modernos que van con los pantalones enseñando tobillo? ¿No sabes dónde encontrar krokodyle y te subes por las paredes por probar mierda buena? Nyctosphere; no lo pienses más.

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