SHARPTOOTH (USA) – Transitional forms, 2020

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SHARPTOOTH llevan varios meses, pandémicos meses, presentando su último trabajo Transitional forms. En primer lugar destaca una portada bastante elegante y pulida desde el punto de vista del diseño, y totalmente desligada de sus anteriores artworks mucho más «callejeros» y toscos. Un fósil de un dinosaurio con cráneo humano a medio desenterrar, que mi mente tiende a relacionar con un intento de reavivar ese «core-medio-metal» que ha sido dejado un poco de lado en la escena actual.

Lo que más me ha gustado de las letras de este disco es la evolución que demuestran a cada tema, y es que inicialmente podrían ser (como muchas) el diario personal de quien las haya escrito. Porque mis diarios siempre fueron una mezcla de frases aleatorias e inconexas, y nunca una obra literaria. Una mezcla de sentimientos que en Transitional forms empieza negándolo todo con «Say nothing (In the absence of content)«. En general transmite poca inspiración a la hora de escribir dicha letra o, quién sabe, quizá una obra maestra de la prosa contemporánea. A nivel musical no es un grupo que destaque en exceso por su innovación compositiva, pero sí por su energía, su carga emocional y por un sonido crudo y visceral. Hardcore con tintes metálicos que recuerdan al metalcore de los inicios, pero sin llegar a caer en los excesos que tanto se le han criticado al estilo. Sin olvidar sus influencias del punk más puro, que tiñen cada tema como una camiseta roja en una lavadora de ropa blanca. Breaks para dar y tomar, two-step bailable y una batería que remarca cada nota de las guitarras. Una vuelta de tuerca a cómo hacer algo llamativo y brillante a partir de un estilo especialmente desgastado y maltratado en las últimas décadas. Llama la atención el videoclip de este «Say nothing (In the absence of content)» por la similitud con escenas de vídeos de artistas como Lady Gaga o Katy Perry. Un guiño cómico que se agradece entre tanta sobriedad.

Con «Mean brain» pasamos a un nivel más de profundidad filosófica en las letras. Un tema rescatado del tracklist ya habitual en la banda, publicado con anterioridad a este disco. Y si bien antes estábamos en un caos creativo en el plano lírico, en su segundo tema se adentra en la psicología de la ansiedad y la depresión. Simple y parca en palabras, pero fácil de entender y de hacer llegar a su público. Si alguien conoce la historia personal de quien escribe, sabe perfectamente de qué van sus canciones más intimistas. Pura rabia. Y también en lo referente a las voces, Lauren Kashan demuestra un amplio rango vocal hacia tonos más graves y guturales, si bien en la mayor parte del disco su voz es más aguda y rasgada. A nivel musical, riffs que parecen haber madurado, presentando un hardcore más melódico y con predominio de conversación entre las cuerdas. Con respecto a su energía, sorprende la intensidad que transmite esta grabación, sin duda un punto positivo para la banda y que hará que cualquier fan quiera disfrutar de sus directos.

Su tercer corte, «Life on the razor’s edge«, crea un ambiente distorsionado y envolvente donde destaca el reverse delay en las guitarras. Un ritmo poco habitual en un estilo veloz, más pausado y sobrio, tiñe de oscuridad y elegancia esta canción, tanto en las voces como en los instrumentos. Y a partir de este momento, desde la cuarta canción del disco llamada «Hirudinea» (dato técnico y biológico: nombre del filo de anélidos conocido como sanguijuelas), entramos en un mensaje profundo y de crítica a nivel social. Un cambio de ciento ochenta grados como mencioné anteriormente para el contenido del disco y algo que no decepciona conociendo el perfil crítico de Kashan. Concretamente en esta letra se refleja a sanguijuelas que desde un nivel social superior venden un mensaje de apoyo a colectivos minoritarios sólo para sacar beneficio propio (¿a alguien le suena?). Breaks con sonidos metálicos hacia el hardcore beatdown, con la batería centrada en sus platos y siendo acompañada del bajo de Peter Bruno que exige protagonismo. Cierran la alineación voces rápidas con remates largos y desgarrados.

Con «The gray» continúa la crítica en las letras, y sorprende la aparición (corta, eso sí) de voces melódicas rozando la narrativa. Me llama la atención que hace referencia al Kintsugi, una técnica japonesa mediante la cual se reparan fracturas en cerámica con una resina que incluye polvo de oro. Dicen SHARPTOOTH «I saw the gray and decided: I fill the fractures with gold«, y creo que se basan en la misma filosofía de poner en relieve la superación de los problemas y mostrarlo con orgullo.

Prosigue el disco con «Evolution«, que es probablemente la canción que más acerca al grupo al hardcore-punk. En este caso, contando además con la magnífica colaboración de Justin Sane, cantante y guitarrista de los archiconocidos ANTI-FLAG. La participación de Sane propicia un estilo más rápido y ágil a nivel musical, así como la introducción de efectos vocales que no utilizan en el resto de los temas. Un aporte que se agradece en un momento en el que el disco se había hecho más denso y oscuro.

Con «153» amplían el rango vocal hacia un hardcore mucho más melódico y guturales en algunos puntos. El tema más corto del disco nos trae breaks pesados que ponen el contrapunto a las voces agudas, y donde la batería se lleva casi todo el protagonismo. Y con su octava canción, «The southern strategy«, llega la crítica más dura a la política estadounidense entre voces desgarradas y un bajo predominante que merece ser mencionado. «M.P.D.B» y «Nevertheless (She persisted)» cierran el disco con un estilo más comercial y con riffs pegadizos. Vuelve el two step bailable y los espacios previstos para el mosh en directo con sus subidas y bajadas.

En general es un disco variado, muy trabajado y con una gran evolución de toda la banda en relación con sus anteriores trabajos. Una composición mucho más elaborada y unas voces con un rango ampliado y mejorado. Sin duda me quedo con ellos para mi lista de reproducción. SHARPTOOTH muerden fuerte.

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