SHADOW OF THE TORTURER (USA) – Dronestown, 2014

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shadowofthetorturer01Nuevamente, tras hacer lo propio con discos míticos como el de SPINA BIFIDA, el sello Memento mori nos sorprende con una nueva reedición, esta vez con un disco editado en 2013 por Blind date sólamente en vinilo y que ahora es presentado en formato cd con el tema con el que la banda participó también en 2013 en el compartido con los sludgers alemanes GHOST OF WEM

Este trío de Seattle, con nombre sacado de la novela de ciencia ficción de Gene Wolfe, nos presenta su doom ritual, lento, agonizante y ultra-pesado, cincuenta y cinco minutos repartidos en tres cortes épicos y grandiosos, poniendo a prueba la resistencia de cualquier oyente no acostumbrado al género. Desde luego, y para amantes del doom más puro, este disco es una golosina, una obra que roza la demencia y que puede satisfacer las expectativas de cualquier seguidor, incluso, del drone, el sludge o el funeral doom, de los que SHADOW OF THE TORTURER sacan muchas influencias. Sonido excelente, con B-Bench y su bajo como protagonistas; ella es la encargada de golpearnos con sus letales ritmos una y otra vez. Las guitarras cortan como machetes afilados, y la batería es la encargada de, a cada golpe de caja, poner un clavo más en nuestro ataúd. Estas son las sensaciones al escuchar este tremendo trabajo.

El disco es una obra conceptual sobre los famosos sucesos ocurridos en Jonestown (Guyana) en 1978, donde el reverendo Jim Jones, fundador de la secta Templo del pueblo, propone y obliga a sus miembros a cometer un suicidio masivo que aún a día de hoy genera montones de teorías y que sigue horrorizando y fascinando a partes iguales. «We are a righteous people – Guyana», el segundo corte, incluye parrafadas del propio Jones y sus acólitos con la versión más oscura de la voz de su cantante y guitarrista Mikey Brown y el incesante ritmo lento y tortuoso instrumental. «Indianapolis – Ukiah», que abre el álbum, se separa en dos partes bien diferenciadas, con dos ritmos básicos y sus contadísimas variantes, sin duda, el mejor de los tres. Cerrando el cd, «Afterlife – Cities of the damned», bonus track sacada del mencionado split y en la que de nuevo Brown canta de forma más oscura, comenzando con un ritmo desesperantemente lento para desembocar en dos partes igualmente repetitivas pero más rápidas y heavies, con toques del antiguo death doom.

Un disco estupendo, que a mí personalmente me entretiene (¿estaré ya dañado irreversiblemente?) y que en ningún momento me aburre, algo complicado en canciones que rondan (y superan) los veinte minutos de duración. Y por cierto, me encanta la portada, con esa inquietante sencillez que plasma perfectamente lo que significan SHADOW OF THE TORTURER: paranoia, miedo, muerte, soledad y oscuridad.

miguelfirma

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