SEALED ROOM – Obsero, 2017

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Las cosas buenas se hacen esperar, aunque acaben demorándose como el embarazo de los elefantes, más de dos años. Eso puede aplicarse al nuevo trabajo de los vascos SEALED ROOM, Obsero. La gestación comenzó cuando el grupo lanzó una campaña de crowdfunding en 2015 que consiguió su objetivo. Pero desde ese momento y hasta que Obsero ha caído en nuestras manos han pasado más de dos años. Contratiempos y que grabar un trabajo no es cosa fácil cuando no es tu principal actividad, hizo que el proyecto se demorara. Afortunadamente, por fin en 2017 sale Obsero, un trabajo maduro en sonido, en composiciones y en ejecución al que sólo le pongo un pero: que es muy corto, no sé si premeditadamente o porque no se quiso demorar más la salida del disco. El caso es que la media hora que dura dice mucho y por eso uno se queda a medias.

El sonido de SEALED ROOM suele hermanarse con sus amigos SÔBER y SKUNK D.F., lo que se extiende también a otros grupos como los segovianos PRESOS DEL OLVIDO o los madrileños MOEBIO e INMUNE. Esto significa coger la influencia de grupos como THE MISSION o THE CULT y pasarlas por un halo algo más metálico y contundente que se mete de lleno en la segunda mitad de los noventa y primeros pasos del nuevo milenio (A PERFECT CIRCLE, TOOL, SMASHING PUMPKINS, SOUNDGARDEN…), además de la influencia teatral de HEROES DEL SILENCIO, como principal referente en España de estos sonidos. No obstante SEALED ROOM en Obsero se ha sacado de la manga un trabajo que va más allá y que tiene elementos progresivos, elementos ochenteros, pasajes de otros géneros y la particular voz de Iñigo Cano, cuyo rango tonal le hace andar al filo del abismo pero que sale victorioso por su propia contención.

De hecho la personalidad de SEALED ROOM tiene un componente fundamental en sus voces. Al principio uno puede pensar que Iñigo modula en el exceso, pero cuando escuchaba los temas más desnudos me acordaba de Germán Coppini en GOLPES BAJOS. Una vez que te acostumbras a esta característica, unido a la variada e imaginativa música de Mikel y el inagotable acompañamiento rítmico de Txema y David, es cuando le sacas todo el jugo a Obsero. Y es aquí cuando el “pero” se hace evidente. Porque seis composiciones se me antojan escasas, sobre todo cuando uno se da cuenta de que son capaces de mantener nuestro interés en temas largos como “Naufragaré“, que es una de las más noventeras y con una cantidad de efectos sonoros que abruma, o sobre todo “Volcán“, que para mi gusto es EL TEMA del disco, y eso que su estructura es circular y constante.

La influencia más sôberiana viene a la cabeza en “Etéreo“, que recuerda a una mezcla entre Morfología y Synthesis, con esos “etéreos” punteos y la voz de Iñigo llenándolo todo; la teatralidad ideal para apreciar las cualidades vocales antes mencionada tiene como ejemplo “Rocas” (que es la que me hizo pensar en GOLPES BAJOS), mientras que el sonido oscuro ochentero se nos sirve en bandeja en “Mi oscuridad“, con un ritmo que te hace mover los pies aunque no quieras. Para cerrar, “Sonríe“, un tema muy cañero y optimista en su letra que, dicho sea de paso, no he hablado de ellas pero son todas muy introspectivas y a la vez llenas de contenido.

Para mi gusto la espera ha merecido la pena. SEALED ROOM ha facturado un disco corto pero muy intenso y completo, lleno de detalles sonoros y con mucho trabajo de elaboración y evolución detrás. Sólo me queda saber si Obsero podría haber llegado a ser algo más ambicioso con más tiempo de elaboración aún o, como se suele decir, lo bueno, si breve, dos veces bueno. Sea como sea, Obsero no pasa desapercibido.

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