SCHAMMASCH (CHE) – Heart of no light, 2019

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Una de las metas más difíciles de alcanzar para un grupo de metal es el desarrollo de una evolución coherente. Muy pocos logran mantener unas señas de identidad propias, respetuosas con el concepto original, sin dejar de lado la exploración de nuevos territorios musicales que expandan su música y profundicen en sus ideas hasta los límites de su propia creatividad.

No en todos los casos es necesario apelar a la coherencia. El paradigma de banda fiestera y macarra o de goregrind vomitivo (en el buen sentido) no requiere, por definición, un desarrollo complejo, puesto que su propuesta inicial no lo es. Es obvio que no es indispensable un marco complejo para que una banda realice música interesante y de calidad. En el caso se acompañarse de un concepto con cierta profundidad, se crea una necesidad de mantener una esencia, más allá del estilo musical concreto, que mantenga una mínima cohesión.

SCHAMMASCH es uno de los casos que mejor está sabiendo mantener y pulir su propuesta conceptual. No sólo tiene un sonido y una imagen muy reconocibles y genuinos sino que, desde que abandonaran el raw black de sus inicios, cada lanzamiento incorpora la cantidad justa de innovación que les permite progresar en su sonido manteniendo intacto su carisma. Heart of no light viene a refrendar este argumento con otro trabajo de extenso minutaje, una prueba más de que no buscan simplificar el proceso de creación. Como resultado de ello debemos entenderla como una obra poliédrica, disfrutándola desde todas sus lateralidades y contemplando todas sus aristas, que no son pocas.

Puede que haya quien esperara algún proceso de experimentación o evolución más profundo, pero lo cierto es que nos encontramos ante una vuelta, al menos en parte, a lo que ya escuchamos en Triangle, con un par de virajes sorprendentes. Podría verse también como una continuación natural, interpretando su pasado EP Maldoror chants como una concesión experimental. Sea como fuere, lo cierto es que la fórmula de Triangle aparece ahora más concisa y directa, condensando de alguna manera aquel triple álbum en uno solo, más cohesionado y compacto. El laboratorio de Maldoror chants tampoco ha sido fútil y se deja notar en algunos momentos más atmosféricos, especialmente en “Innermost, lowermost, abyss”, un epílogo instrumental de nada menos que quince minutos.

Este cierre es una muestra más de que ninguna de las composiciones de SCHAMMASCH es fruto del conformismo, ni son creadas para contentar al seguidor habitual. Incluso la introducción se sacude dicha etiqueta. “Winds that pierce the silence” tiene entidad propia; es una pista más, con un bello piano y un interesante juego de punteo y percusión contenida. “A paradigm of beauty” es otro de los momentos que sorprenderán al más bregado y quizá chirríe en los oídos de los más puristas. Con un estilo que juega entre lo atmosférico y el post punk más oscuro, digno de JOY DIVISION, supone una ruptura abrupta del leit motiv musical. No obstante está tan fuera de contexto y resulta tan distinto que funciona a la perfección. Es una suerte de pausa que permite tomar distancia con el álbum, contemplarlo desde un punto vista alejado y ser más conscientes de su magnitud. “A bright ablaze” y “Katabasis” exploran la vertiente más introspectiva y espiritual, mientras que “Ego sum omega” y “Rays like razors” recuperan ese black metal agresivo pero atmosférico, llegando ésta última a recordar por momentos a sus primeros trabajos más crudos.

Todo lo que propone el quinteto suizo rezuma carácter y autenticidad. Las melodías de guitarra emanan versatilidad y plasticidad, la batería es creativa y cambiante y la voz muestra un gran nivel en los variados registros que propone. Cada obra tiene su público y no todo el mundo gusta de las complejas y poliédricas, pero dentro de su ámbito SCHAMMASCH vuelve a alumbrar una creación completa y casi perfecta, demostrando ser una de las bandas con más carácter del metal contemporáneo.

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