SCARS (BRA) – Predatory, 2020

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¿Es un disco malo por no ser absolutamente nada innovador y adherirse exclusivamente a un sonido concreto? ¿Por qué revivals de ciertos géneros son mejor considerados que otros? ¿Influye en la perspectiva que podamos tener la era en la que dicha obra ha salido al mercado? Son preguntas con múltiples respuestas y tan variables como la persona que trate de cerrarlas. Pero sobre todo, inconscientemente, influye el gusto de la propia persona evaluadora. ¿Cuántas copias de INCANTATION son encumbradas últimamente o cuantas obras de post black copan los Top 10 de cada año? Quien escribe este texto también tiene su parte de culpa en la creación de altares invisibles, pero no puedo evitarlo, para ser honestos. Planteo todas estas preguntas a riesgo de comprometer la integridad de la reseña, pero es que este Predatory es un buen y un mal álbum, sin llegar a extremos, tampoco sin demasiados grises, porque es imposible separar lo positivo y lo negativo. 

Superado fácilmente el prejuicio Brasil + thrash metal = Beneath the remains, uno ve que la cosa no va de repetir punto por punto a la banda extrema más famosa de dicho país sudamericano, sino de mirar más hacia Reino Unido y Alemania, personificados en ONSLAUGHT y KREATOR. La primera referencia más en lo instrumental y lo segundo más en lo vocal. De todos modos las fronteras son difusas en este sentido y SCARS básicamente suena a lo que podemos esperar del thrash germano y británico moderno. He ahí su primer punto fuerte y débil. Porque seguramente aquel oyente cuyos favoritismos vayan por esos territorios perdonará la falta de originalidad absoluta y con razón. Cumplen punto por punto la lista de lo que se debe hacer, con solvencia, y encima suena muy bien.

Pero el caso contrario tampoco estará falto de argumentos. Todo muy rápido y enérgico, pero esto ya lo he oído 100000 veces y desde luego no estoy dispuesto a oírlo durante una hora seguida. La falta de variación entre temas acaba pesando bastante y la energía que sueltan «Predatory«, «These bloody days» y «Ancient power«, la triada inicial, se diluye por completo si en una sesión ininterrumpida llegamos hasta los dos bonus tracks de cierre. Pero la perspectiva cambia si estructuramos las escuchas por dos/tres canciones. Ni siquiera el ejercicio de escalas clásicas y shredding de la instrumental «The unsung requiem» ayuda a evitar la saturación sónica. Los descansos los tendremos que poner nosotros, porque así será como apreciaremos mejor unos cortes que honestamente no son malos, ni mucho menos. Y más cuando ayudan unos estribillos muy marcados. Si André Guilger, vocalista, tiene algo que enfatizar a nivel lírico, créeme que te enterarás fácilmente y además lo recordarás, al menos durante varias escuchas de Predatory.

Ya que el material en sí, debido a su naturaleza genérica, puede ser fácilmente olvidable, el grupo al menos cuenta con el arma de unos fraseos reconocibles y perdurables. Al fin y al cabo, no han sido pocas las bandas del género que han tenido esta característica, y así lo muestra su enorme influencia…

Una idea desaprovechada, y que habría ayudado a reducir el cansacio de la escucha consecutiva, habría sido el de un mayor uso de transiciones. Ya sea a través de un armónico, un sonido ambiental… Sólo se emplea, precisamente, en los cortes que cierran la obra (excluyendo las canciones extra), «Beyond the valley of despair» y «Violent show«, y el resultado no es negativo. Pero por razones artísticas que sólo la banda conoce, se opta por una canción tras otra de manera consecutiva, y como hemos reiterado en este texto, a no ser que cada canción sea una genialidad indiscutible, esto facilita que la fatiga se apodere de nosotros, arrojando al ostracismo unas canciones que cumplen los estándares del género. 

Predatory cumple como disco de thrash casi por completo. Hay momentos genuinamente buenos y más que aceptables, con una producción excelente y que tendrán el aprobado y el suspenso de según qué públicos, pero que, sin discusión alguna, la banda tampoco lo pone sencillo a través de la vía acumulativa. 

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