SCALD (RUS) – Will of the gods is great power, 1997

Enlaces:

Ahhh…el underground ruso de principios de los ochenta…innovando mediante la importación ilegal de música occidental… A principios de los años noventa, entre la ruina institucional, el alcoholismo y la mendicidad infantil, ASPID (АСПИД), CHERNIY KOFE (ЧЁРНЫЙ КОФЕ), FRONT (ФРОНТ), MASTER (МАСТЕР), KRUIZ (КРУИЗ), SHAH, SKORAYA POMOSHCHJ (СКОРАЯ ПОМОЩЬ), TRUPNIY YAD (ТРУПНЫЙ ЯД) y, por supuesto, ARIA (АРИЯ) ocupaban los radiocassettes de una nueva juventud. La mayoría de estas bandas se formaron en Moscú y Leningrado (San Petersburgo) –los centros económicos y culturales del país– y tocaban los principales géneros de metal como el heavy, thrash, speed y death. Sin embargo, en Yaroslavl, una pequeña ciudad a 250 km al noreste de Moscú rodeada por bosques y con un río Volga que se congela en invierno, hubo un joven que se desvió de las tendencias para componer lo que aún se considera la joya del doom metal épico ex-soviético: SCALD. Si ya conocíais esta banda, enhorabuena, puesto que su brevísima obra quedó atrapada en el, ejem, permafrost, y solo en los últimos años ha salido a la luz como una cría de mamut siberiano. Tras una pausa de veintitrés años, salieron al escenario en el Hammer of Doom XIV (Alemania) en noviembre del 2019.

SCALD nace en 1993 por iniciativa y talento de Agyl (Maxim Andrianov) como fruto de un proceso de evolución musical: su proyecto de rock soviético 220 VOLT (1988-1990) se convertiría en ROSS (1990-1993), mezclando el sonido MANOWAR con temática folclórica rusa (el nombre no tiene nada que ver con Ross The Boss, sino con una referencia a la película Rus Iznachalnaya). A los 21 años, el compositor y vocalista autodidacta, junto a sus compañeros, cambiarían drásticamente de rumbo adoptando un sonido similar al BATHORY vikingo y a CANDLEMASS. Sus letras se enfocarían en el paganismo nórdico-eslavo y estarían escritas en inglés, alejándose por tanto de los clásicos temas del folclore nacional (poco popular entre el público underground del momento). Ante la insistencia de algunos compañeros en centrarse en el cristianismo evangélico, Agyl y el batería Ottar (Alexander Kudryashov) buscaron a otros músicos más acordes al proyecto. La banda se completó con las guitarras de Harald (Ivan Sergeev, el primo de Agyl), Karry (Vladimir Ryzhkovsky) y el bajista Velingor (Ilia Timashev).

La nueva formación comenzaría a interpretar lo que denominaron “ancient doom metal”, sacando la demo North winds (1994, Wroth Emitter Productions) y el álbum Will of the gods is great power (1997*, MetalAgen). Este último sería el que consolidaría su estatus legendario en la escena rusa. Tal vez este hecho se deba no solo a la calidad musical, sino también a la prematura muerte de Agyl en 1997 en un accidente de tren. Precisamente, el álbum se publicó de manera póstuma con alrededor de 1000 cassettes, convirtiéndose en una rareza. El mismo sello publicaría el álbum en formato CD por primera vez en 2003, reeditándose diez años más tarde por su creciente demanda bajo el nombre de Agyl’s Saga (en el que se incluirían los trabajos de ROSS). El interés de los sellos por la corta discografía de SCALD crecería también. En el 2005, Kyrck Productions & Armour publicaría 600 vinilos mientras que, en el 2018, saldrían nuevas tiradas de CDs por parte de Ordo MCM y Hammerheart Records con el tracklist reordenado. Esta última incluiría material inédito de la banda como demos, lives y covers (“Hail to England” de MANOWAR). Desde entonces, el álbum ha atraído con fuerza la atención del underground internacional. Pero historia aparte, toca centrarse en el propio Will of the gods is great power.

Truenos en la distancia. Bruscamente, uno parte el aire abriendo una compleja armonía con todos los instrumentos. Con la proclama de AgylWill of the gods is great power!”, la batería resuena y arriamos velas con “Night sky”. Una aventura épica llena de paisajes sonoros y emociones nos aguarda. Las fuerzas de la naturaleza, ya sean el trueno, el fuego, el viento o el mar, abren numerosos temas, ninguno de los cuales baja de los seis minutos mientras que dos superan los once. Durante las primeras escuchas, el álbum parece inabarcable por sus entrelazadas melodías, incansable voz y constante intercambio entre riffs y extensos solos. A pesar de sufrir de una producción crujiente, la banda se aseguró de empapar de epicidad cada detalle. Las influencias de CANDLEMASS y del BATHORY post-Hammearheart son evidentes en los parsimoniosos y distorsionados riffs que se combinan con las atmósferas que proporcionan los teclados (ej. “Sepulcral bonfire”). Las guitarras no dejan de alternarse y de armonizarse, aportando una constante sensación de “oleaje”. Detalles que podríamos llamar “folk” aparecen aquí y allá: en “A Tumulus” el teclado aporta una tonada que recuerda a una flauta pastoril, mientras que, a nivel compositivo, la repetición de melodías por varios instrumentos en tonalidades diferentes es claramente una inclusión de la música tradicional rusa. Otro ejemplo son las profundas campanas que marcan el clímax de “Ragnaradi Eve”, realizadas con un teclado Ensoniq.

Llama la atención que, tal como se explica en el librillo de la última edición, Agyl desarrollara una voz tan potente, elástica y carismática sin formación musical alguna. Inspirado por Valeriy Kipelov (ex-ARIA) y Eric Adams (MANOWAR), el joven trabajó un estilo único en la escena underground rusa. El registro de la voz a lo largo del álbum es muy variado, cambiando entre entonaciones profundas (“Night sky”) y voz raspada (“Eternal stone”). Si ya desde el primer tema la vocalización es fluida, demostrando su capacidad de control sobre los agudos gritos (“Eternal stone”, “In the open sea”), es con “A Tumulus” donde se descarga todo su talento. Siendo gran parte del tema cantado en su tono más bajo, los versos finales se expresan en el extremo opuesto, dominando magníficamente las prolongadas vocalizaciones mediante vibratos y modulaciones. Este camaleonismo, combinado con un fuerte acento ruso en inglés, permite a Agyl expresar con gran realismo tanto sentimientos ominosos como pasajes muy visuales. Las runas, los fiordos, los rituales, la taiga y las tormentas se evocan con convicción.

La fijación de SCALD por los paganismos nórdico y varego-eslavo coincide plenamente con el desarrollo de intereses parecidos en el metal escandinavo. Respecto al nombre de la banda, skald fue una figura de las cortes escandinavas durante la era Vikinga que componía y recitaba poemas épicos. Elementos de las mitologías tanto varego-eslava (“Perun”, “Svarog”) como nórdica (“Valhalla”) se presentan con vigor en las letras. El tono más épico y oscuro se resalta con la inclusión de las fuerzas de la Naturaleza, la sed de sangre o la gloria en la muerte. Todo esto se expresa con una métrica irregular y ausencia de rimas que, junto con el acento del vocalista, provocan una sensación de tiempos arcanos pasados por fuego y acero. Cada tema parece la traducción libre de una ya de por sí inexacta traducción de alguna saga o un códice arcanos. Respecto a las letras, Agyl nunca quiso publicarlas. Los dioses trataron de mantener su deseo al desaparecer los manuscritos durante el robo de su piso poco después de su muerte, por lo que las letras que se pueden leer corresponden a la reinterpretación de sus compañeros de viejas grabaciones. Aun así, las del tema “Eternal stone” no se llegaron a restaurar.

A través de este pionero álbum de la era post-soviética, SCALD homenajean el legado nórdico y varego en la historia y cultura rusas. La banda fue destinada a convertirse en una leyenda en el underground del metal, pero su destino estaba ligado al de su creador. Tanto su obra como su historia son épicas, enigmáticas y apasionantes. La tragedia, en cambio, terminaría dominando, dejando a este pionero y prometedor grupo en el imaginario de unos pocos, aunque cada vez somos más. Veintitrés años más tarde, el resto de los integrantes ha decidido devolverle la vida al proyecto. Para ello, Felipe Plaza Kutzbach (NIFELHEIM, DESTROYER 666) se ha propuesto defender la banda con el micrófono, comenzando con el concierto del Hammer Of Doom XIV y continuando con el Up The Hammers XV. Qué ocurrirá más adelante, solo Svetovid lo sabe.

* Aunque aún se considera 1996 como la fecha de publicación, Ilia Timashev (Velingor) detalla para este artículo que realmente ocurrió en 1997 y bajo contrato verbal.

PD: Agradezco a Ilia Timashev (Velingor) y a Tatiana Krylova (mánager de SCALD) por las numerosas aclaraciones.

Comparte: