SARAH LONGFIELD (USA) – Disparity, 2019

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Que el artista está en su derecho de hacer lo que le da la gana es algo que todos damos por hecho y entendemos, al igual que respetar a la persona que piensa distinto a nosotros. Ideas obvias y evidentes que atropellamos una y otra vez. Por ello sé que a muchísima gente le va a impactar lo que puede encontrar en este Disparity y no siempre para bien.

Para ello hay que poner un contexto: Sarah Longfield es una guitarrista de Wisconsin famosa por su virtuosismo a la guitarra, con una inclinación bastante fuerte al shredding y que pertenece a esa clase de músicos que han hecho carrera en Youtube, como Jared Dines, Rob Scallion o Stevie T. Todos ellos tienen en común su espectacularidad a la hora de tocar, sus versiones inusuales y diversos experimentos hechos simplemente por diversión. Material que luego es usado por páginas como Metal Sucks o Metal Injection para rellenar contenido cuando no hay otra cosa mejor que hacer.

Longfield, algo menos inclinada a versiones, siempre ha cultivado esa imagen de «guitarrista de djent/metal progresivo moderno» que tanto amor y desprecio suele despertar. Quizás por estas expectativas (lógicas) que puede crear su material más conocido, Disparity pille a muchos con el pie cambiado. 

Su nuevo álbum completo, al que soy incapaz de numerar entre su torrente de EPs, versiones y experimentos, suena a todo menos a lo que cabría esperar de una guitar hero o de su otra banda, THE FINE CONSTANT: dream pop, smooth jazz, indie, industrial… y un poco de shreding. 

Al navegar por su discografía en bandcamp, entendemos que no todos los gatos son pardos y que el material de Longfield dista mucho de ser una constante masturbación de guitarras. Y es importante hacerlo para entender de dónde viene este Disparity.

El álbum está lleno de texturas de todo tipo, pero sobre todo es un álbum etéreo, con canciones realmente suaves como «Embracing solace«, «Departure«, «Sun» o «Miro«. A esto ayuda la peculiar voz de Sarah, con un tono bastante agudo. No es, sin embargo, la primera vez que oímos a Sarah cantar, ni tenemos sonidos tan calmados. Uno de los «abuelos» de este disco es Velvet nectar, un álbum completamente metido en el dream pop y que resultaba ser un tanto empalagoso. Aquí la dulzura está bastante más equilibrada gracias a la cantidad de cambios de género y uso de instrumentos que emplea la multinstrumentalista: piano, violín y arpa en «Intro«, un guzheng en «Departure» o un saxo en «Sun«. Las guitarras no son protagonistas, son un elemento más y usado de diversas maneras, ya sea construyendo diversas armonías o en momentos muy concretos en solos. Porque lo más cercano que encontraremos a la Longfield youtuber es al principio de «Cataclysm«. Más allá de eso, los momentos de onanismo guitarrero están muy dosificados.

Aun así me atrevo a calificar esta obra de virtuosa. No por el número de notas tocadas por recursos, sino por la variedad que presenta, todo salido de la misma cabeza: del dream pop a la música oriental en «Departure«, el metal instrumental de «Cataclysm» contiene dosis de electrónica, «Citrine» es inspiración directa de grupos como FOALS o TWO DOOR CINEMA CLUB y sin embargo tiene escarceos con el jazz, algo que explotará «Miro«. «Stay here» es estructurada a base de guitarras, pero no mediante una encadenación de solos tras otra, sino de diferentes texturas que hacen que un solo surja de manera natural. Una solución similar a la que usaron LINKIN PARK en One more light, su última obra de estudio, con múltiples guitarras usadas para construir los temas y que, desde luego, no sonaban como esperaríamos. 

El único punto de «oscuridad» en este viaje sobre las nubes es «The fall«, por sus tintes industriales y cercanos al synthwave. Pero eso es lo más duro que encontraremos.

Longfield ha hecho el disco que ha querido, algo lógico si la obra en cuestión lleva el nombre del artista o su pseudónimo, pero que no solemos parar a pensar, sino que nos dejamos llevar por lo que queremos oír. Pues lo que deberíamos esperar es el absoluto deseo del creador o creadora en este caso. 

Por ello, este tipo de discos juegan en una liga y en unas normas distintas, e independientemente de que al receptor le guste o no lo que escucha debe reconocer las ideas estructuradas y claras, cómo ha plasmado con la mayor fidelidad posible lo que tenía en su cabeza. Por ello este Disparity cumple y de sobra. 

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