SAOR (GBR) – Forgotten paths, 2019

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El folk como elemento de fusión dentro del metal ha estado dominado desde hace décadas en su práctica totalidad por la música celta y nórdica. En lo referente a los primeros, suele ser un reflejo de la tradición europea continental y mayoritariamente de la irlandesa, identificada con un carácter más festivo.

La tradición escocesa, que a mi entender ha tendido siempre una mayor tendencia a la melancolía, no ha sido un recurso tan frecuente. Algunos proyectos como WAYLANDER, HEOL TELWEN BRAN BARR o AES DANA mostraban una influencia mucho más profunda que la de simple recurso estilístico, si bien continuaban encajando más en el terreno de lo celta.

Andy Marshall fundaba SAOR en 2010 dando su espacio a la tradición musical y cultural puramente escocesa que, fundida con un black metal muy melódico pero potente, han creado una escuela que otras bandas como CNOC AN TURSA han tomado como base para elaborar fórmulas diferentes. Tres años después del excelente Guardians, esta one man band vuelve a reunirse, juntando a varios músicos de sesión de alto nivel para lanzar Forgotten paths.

A estas alturas nadie esperaba sorpresas en la propuesta de SAOR, y lo cierto es que no las hay, si bien existen elementos diferenciadores respecto a sus anteriores trabajos. Con apenas tres cortes, que superan los diez minutos de duración, y un epílogo instrumental, el minutaje total es sensiblemente inferior. Comparándolo con Guardians, son aproximadamente veinte minutos menos, y cuando uno disfruta de un disco es una diferencia muy importante.

El núcleo de black metal melódico y folk de herencia escocesa permanece intacto, pero su desarrollo es más directo. “Forgotten paths” comienza sin rodeos, con un blast beat que inmediatamente es flanqueado por toda la cohorte de riffs y melodías de corte épico a las que ya nos tiene acostumbrados. La flauta vuelve a tener un fuerte protagonismo, y de nuevo se evidencia la extraordinaria capacidad de Marshall para componer melodías que son capaces de remover sentimientos muy profundos. Con “Monadh” el violín toma el relevo a la hora de marcar los tiempos en una pista cuya estructura es similar a la anterior, incluyendo un bello pasaje muy atmosférico pasada la mitad de la canción. “Bròn” introduce un elemento hasta ahora inédito en SAOR como es una voz limpia femenina, cuyo tono nostálgico encaja a la perfección dentro de la fórmula habitual. “Exile” cierra el álbum con una tonada acústica, simple y hermosa, cuyos cinco minutos de duración quizá pidieran algo más de gancho.

Comparándose con su propio legado, quizá no sea su creación más elevada, pero es loable que se haya optado por una serie de cambios que evitan la autoclonación. Además, Forgotten paths no deja de ser un trabajo de gran calidad a todos los niveles en el que el espíritu de SAOR permanece intacto. Es inevitable, al escuchar sus melodías y sus extremos musicales, recibir un gran alud de emociones. Un fiel reflejo de la mirada que se regocija entre la melancolía la admiración, con los paisajes llenos de magia y vida de la antigua y fértil Escocia.

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