SAINT VITUS (USA) – Saint vitus, 2019

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El próximo mes de agosto se cumplirán cuarenta años desde que SAINT VITUS se subieran a un escenario por primera vez. Durante el presente año la banda afincada en Los Angeles se encuentra dando una gira de conciertos de la que algunos privilegiados pudimos ser testigos. Se trata de una formación clásica y en cierta manera de culto, que suele nombrarse junto a los BLACK SABBATH, CANDLEMASS y PENTAGRAM como los padres -más bien los abuelos- de lo que más tarde conoceríamos como doom metal, ese subgénero que mucho más tarde CATHEDRAL democratizó para acercarlo a un público más amplio abriendo a su vez otras ramas de este inmenso árbol que es el heavy metal.

En una era en la que las vanguardistas propuestas metaleras están a la orden del día, todavía existe un reducto de nostálgicos que disfrutamos con el sonido retro de los dadores del género. Más que un ejercicio de melancolía creo más bien que se trata de un verdadero reconocimiento que solo la edad adulta y un buen ejercicio de cribado puede otorgar. Hoy más que nunca, cuando es habitual preguntarse qué será del metal cuando desaparezcan, progresiva pero indefectiblemente, los dinosaurios del género, me parece importante rendir homenaje a bandas que no siempre fueron tratadas con el debido respeto.

En pleno siglo XXI, una banda como SAINT VITUS pareciera desubicada. Han cambiado tanto los parámetros que ellos mismos definieron allá por 1978-1979 que resulta difícil amoldarse a la simplicidad que nos proponen, a la desnudez impúdica de su música y la frustración que significa escuchar unas canciones que llegan al alma sin exceso de florituras ni abalorios. Una vez mentalizados ya podremos disfrutar del nuevo trabajo de  SAINT VITUS, que no está ni va a estar jamás a la altura de sus mayores clásicos -no pasa nada por reconocer lo evidente- pero que al menos nos va a traer de vuelta a la realidad: a las guitarras que suenan a guitarras, a baterías que suenan a baterías y a bajos que… suenan. Sí, porque aquí el bajo suena alto y claro como sólo puede sonar cuando la herencia recibida viene directamente de las mejores bandas de rock de los setenta, que no es por ponerse impertinente pero ha sido la mejor década de la historia para este género musical.

Saint Vitus es todo un carrusel de heavy, doom y proto-heavy metal muy disfrutable. La inicial “Remains” es definitoria del sonido de SAINT VITUS; culebrea por terreno desértico dejando un sinuoso rastro que todavía vemos desde la lejanía. De primeras queda patente aquello que comentaba de que aquí los instrumentos suenan orgánicos y como grabados con técnicas e ingeniería de sonido de una época lejana pero que hoy más que nunca muchas bandas noveles intentan imitar. El momento estrella, como en la mayor parte de los temas, es cuando el señor Dave Chandler nos escupe a la cara alguno de esos solos alocados, repletos de fuzz y psicodelia, y entonces entendemos muchas cosas. “A prelude to…” nos sumerge en la calma más absoluta, en una composición que tiene mucho de los THE DOORS más trascendentales y que sirve de preludio para el que posiblemente sea el tema más marchoso de todos, “Blodsheed”, donde queda patente que cualquier esfuerzo de  algunas bandas actuales por imitar el sonido de los clásicos es en vano: a SAINT VITUS la habilidad les viene de serie. Chandler vuelve a repetir uno de sus espaciales y heavys solos, y es que este hombre es colgarse una guitarra y montarse directamente en la furgo de los CREAM.

Ya asentados, nos atacan con otro corte que irradia mala baba por los cuatro costados en “12 years in the tomb”, acaso uno de los que podríamos definir como más puramente doom. Imprescindible escuchar este corte con auriculares para disfrutar la experiencia sensorial de un nuevo solo de Dave Chandler, aquí jugando con los controles para que el sonido vaya del lado derecho al izquierdo. También bastante densa en sus formas se nos presenta “Wormhole”, aunque es cierto que los golpes de efecto empiezan a ser muy similares, sobre todo en cuanto al trabajo en las seis cuerdas. “Hour glass” es el tema más bluesero del disco. Tiene ese tufo sabbathiano que tanto nos gusta a los amantes de este género y, si bien puede pecar de ofrecer poca chicha, se postula como de los más brillantes por su sencillez y la maestría en la ejecución. Esa batería es de las que se tienen que enseñar en la escuela.

Casi llegando al final la banda nos sorprende con el tema más extravagante y que definiría como atmospheric doom. Pon una grabadora en una charca repleta de ranas y sapos croando, añádele unas monocordes y lisérgicas notas de bajo y algunas voces y sonidos espectrales como del viento. Ya está, ya lo tienes, acabas de hacer un tema donde la perturbadora atmósfera no necesita de cuerdas, parches ni amplificadores. No obstante, hay quien verá en ello una manera de rellenar disco. ”Last breath” es el tema más oscuro del disco, con mayor profundidad y un marchamo que sin duda alguna nos retrotrae al funeral doom más primigenio. Destaco aquí el trabajo de Henry Vasquez, que saca bastante partido de los timbales aéreos. Y ya para finalizar una curiosidad como “Useless”, que muestra el rostro más desfasado de SAINT VITUS, tanto que es básicamente un corte punk a degüello donde Dave Chandler mete su varita mágica con un solo de esos en plan SLAYER con su ración extra de fuzz.

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