ROTTING CHRIST (GRC) – Their greatest spells, 2018

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En las últimas dos décadas, el metal extremo es uno de los géneros musicales que ha experimentado un mayor florecimiento en cuando a variedad de estilos y de sonidos. Este crecimiento ha tenido lugar gracias al esfuerzo de una gran cantidad de bandas que a golpe de guitarra, conciertos y sobre todo mucho sudor, han sido capaces de forjar distintas escenas musicales, escenas que hoy en día son referentes incluso para artistas alejados de estos terrenos. Generalmente se suele asociar un conjunto de bandas a cada estilo, bandas cuyo nombre ha pasado estar unido de manera indisoluble con ese subgénero. Sin embargo, no es tan habitual el caso de bandas que logran distanciarse de una etiqueta concreta y que, bebiendo de fuentes muy diversas, acaban fraguando un estilo personal y reconocible. ROTTING CHRIST se enmarca perfectamente en este segundo grupo. A lo largo de sus treinta años de carrera, la banda helena, estandarte del black metal en su país, ha transitado por una cantidad enorme de estilos, probablemente más que cualquier otra de las bandas de su género.

A lo largo del tiempo, su sonido ha experimentado una renovación considerable, y su música es siempre una amalgama de influencias que reflejan las inquietudes musicales del principal compositor del conjunto, el cantante y guitarrista Sakis Tolis. Si bien sus primeras demos y splits se podrían considerar como una amalgama indefinida de grindcore y metal extremo, de la que poca cosa es rescatable, su sonido fue evolucionando hasta desembocar en el Thy mighty contract de 1993. En él ya se pueden apreciar los grandes rasgos que definen el núcleo del sonido ROTTING CHRIST: atmósferas de tono decididamente black, con una elevada dosis de melodía y épica que en cierto modo evocan el heroico viking metal practicado por BATHORY, y con un estilo de riffs heredados directamente del heavy metal más clásico. Tanto este álbum como el Non Serviam de 1994 se pueden considerar estandartes de lo que en algún momento se ha llegado a llamar “melodic” black metal.

A título personal, considero que su verdadera eclosión como una banda esencial dentro del metal extremo se da con el Triarchy of the lost lovers de 1996. Aunque sigue la misma línea que los anteriores álbumes, con esta obra la banda alcanza un cénit tanto a nivel compositivo como de producción. Se trata de un disco apasionante de principio a fin, con riffs aplastantes y melodías memorables que coronan el que para mí es el mejor trabajo de su carrera. Es interesante ver cómo, tras haber tocado techo con este gran álbum, la atención de la banda se desvió hacia otros terrenos en los que incorporaron un feel más gótico, propio de bandas como KATATONIA  o PARADISE LOST, lo cual es especialmente notable en el Sleep of the angels de 1999. Resulta particularmente interesante el caso del Khronos, del año 2000, ya que en este álbum se intuye una influencia industrial que le da un toque muy distintivo a varias canciones, e incluso contiene un cover de la mítica banda de neofolk/industrial CURRENT 93 (es curioso que, al margen de esta pequeña incursión hacia otros territorios musicales, la conexión más evidente que se puede establecer entre ambas formaciones no proviene del aspecto musical, sino del profundo interés que ambas manifiestan por lo esotérico y lo oculto).

En álbumes posteriores, como por ejemplo el espectacular y pegadizo Theogonia, la banda fue dando forma a lo que sería la culminación de todos sus años de experiencia, volviendo a su estilo más primerizo pero integrando todas las influencias adquiridas hasta el momento. El giro más reciente en su estilo lo han dado con el Κατά τον δαίμονα εαυτού de 2013 y su más reciente Rituals de 2016. En ambos discos la música está rodeada por un aura ritualística (valga la redundancia) mucho más pronunciada que de costumbre, las canciones tienden hacia el minimalismo y se prioriza la atmósfera por encima de la virtuosidad técnica. Es una apuesta atrevida, porque este nuevo estilo no ayuda a que las canciones entren tan bien como en otros trabajos, y salvo algunas excepciones se requiere de varias escuchas para poder apreciar plenamente toda la fuerza y melodía que poseen.

La principal característica de Their greatest spells es que se pueden encontrar ejemplos de todas estas épocas en las treinta y tres canciones que contiene el doble recopilatorio. La única excepción es la última de todas, “I will not serve“, que es totalmente inédita. Las canciones escogidas son perfectamente representativas de cada etapa, y encapsulan de manera eficaz todo el bagaje musical que ROTTING CHRIST lleva a sus espaldas. Sin embargo, un aspecto que desde mi punto de vista resulta más bien negativo es que no siguen ninguna ordenación temporal. Eso implica que tan pronto podemos encontrarnos con uno de sus temas más recientes, con una producción de lujo, y que a continuación salte a otro de los primeros, con una producción mucho más modesta tanto por presupuesto como por época, y que el salto resulte demasiado abrupto. Además, si el orden fuese cronológico, se podría disfrutar mucho más de los sutiles cambios que la banda ha ido realizando con el paso de los años, lo cual permitiría apreciar aún más su colosal obra. Tampoco parece que se haya seguido ninguna estructura concreta al escoger ese orden. El primer tema del primer disco resulta potente como apertura del recopilatorio, lo cual tampoco es un gran mérito teniendo en cuenta que se trata de la épica “The sign of prime creation“, que es la misma canción que abre el Theogonia, y también es digna de mención la elección de “Cold colours” como cierre, con su aire más industrial y melancólico. Para el segundo disco, de nuevo, se recurre a otro inicio de álbum, en este caso el tema “The sign of evil existence“, clásico por excelencia de la banda, del Thy mighty contract. Para el resto de canciones, la ordenación no es demasiado interesante, y de hecho más de una podría haberse movido a otra parte para crear algún tipo de contraste, del que este recopilatorio desgraciadamente carece. Es especialmente molesto en el caso del primer tema, precisamente, ya que al final aparece un efecto de sonido en crescendo destinado a conectar con la siguiente canción de su álbum original, pero que en este recopilatorio se queda en nada.

En resumen, Their greatest spells es un recopilatorio que hace honor a su nombre ofreciéndonos una interesante colección de los mejores temas de ROTTING CHRIST, pero que podría haber dado mucho más de sí. Con todo el buen material que había disponible, es inevitable pensar que una ordenación más cuidada que evitase fallos como el mencionado anteriormente habría resultado en una compilación mucho más consistente. Su principal virtud radica en que es capaz de ofrecer al menos una muestra de cada una de las incontables épocas por las que ha pasado el grupo, y el seguidor acérrimo de la banda, entre los que me incluyo, probablemente no echará de menos ninguna canción.

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