ROSY FINCH (ESP) – Scarlet, 2020

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Rosy Finch ScarletEs complicado plantarse ante un álbum de este calibre y definirlo, y mucho más pretencioso etiquetarlo y encasillarlo. ¿Doom? ¿Sludge? ¿Stoner? ¿Qué significan estas palabras cuando tantas y tantas bandas llevan literalmente décadas haciendo que un sonido específico evolucione y cada una de ellas trata de diferenciarse de la anterior pero sin perder ese muro de sonido que suponen esas guitarras saturadas, ese bajo crujiente y ese “fuzz” que suena impidiendo que haya un solo segundo de silencio? ¿Hemos llegado al punto en el que es todo un batido de cosas en el que no se distinguen los sabores y todo sabe igual? Categóricamente no.

Es cierto, y quien pretenda negar esto se engaña, que hay una marea de bandas que saturan al oyente. Cuando puedes hacer festivales de tres días de un único género es innegable. Pero aun así hay gente que es capaz de destacar por uno u otro motivo. ROSY FINCH es una de esas bandas que destaca, es una de esas bandas que de verdad aporta un significado a los géneros que abandera o bajo los que se ampara. Y hablo en plural en cuanto a los géneros y sin especificar porque desde que nacieron (o evolucionaron, o como queramos plantearlos) hace unas tres décadas, año arriba año abajo, cuesta encontrar algo que sea puro doom o puro stoner por ejemplo. La forma en la que todo se entremezcla es única en cada caso.

Pero es que durante los nueve cortes y pico (más adelante hablaré de ello) no te paras a pensar “esto es tal o es cual”. Ni te planteas a qué suena o a quién te recuerda. Y si lo haces es que no estas realmente pendiente del disco. Si por desgracia es tu caso, vuelve a ponerlo desde el principio y concéntrate.

Empezando por una aparentemente larga «Oxblood«, que con seis minutazos de duración puede parecer una locura para abrir un disco, siguiendo por «Lava» (carne de single, con un videoclip que, confieso, he puesto en bucle hasta la saciedad y con una sensibilidad especial en el sentido vocal) y pasando por todas las demás es un disco REDONDO. Así, con mayúsculas cada una y no solo la primera letra. La ejecución parece calculada matemáticamente tras haberse pensado muy bien lo que implica una obra de este estilo. No es para nada un disco que funcione por inercia, en el que dejas la siguiente canción porque “suena bien, no la quito”. Aquí la vas a dejar porque te va a sorprender y te vas a negar a pasar a la siguiente. No vas a querer oponerte a ello.

Es extremadamente complicado conseguir esto con un power trio, porque en el momento en el que uno de los instrumentos se desmarca para destacar la composición más allá de si mismo corres el riesgo de que el resto no sepa suplir ese vacío que genera. No va a pasarte eso durante lo que dure todo este Scarlet. En el momento en el que el bajo aparezca (por brevemente que sea) en solitario para acentuar algo, la batería sabe suplirlo. ¿La guitarra se marca y destaca? Tranquilo. Aquí tienes una dosis de voz desgarradora empujando con más fuerza. ¿Y que la voz quiere escapar de los límites etéreos de la música? Muro de sonido, cerramos en banda y aquí no escapa nadie, directo a hacer que te retumbe el pecho, te aumente la presión arterial y te bailen hasta los empastes.

Y es que cada canción tiene algo singular. «Vermilion» te engaña porque quieres repetirla (los cinco minutos se hacen cortos), «Amaranto» es esa canción que quiero que suene en los directos y me deje sudando y resoplando, «Gin fizz» es un juego delicado que trasciende las barreras de sus propios géneros y resulta hipnótica… y así una tras otra. Adoro el juego de hacer que todo gire en torno al color rojo (si a estas alturas no ha quedado claro…) porque da otra sensación de uniformidad dentro de lo conceptual que no siempre destaca tanto si no se especifica.

¿Qué hace en definitiva que Scarlet destaque entre las decenas (literalmente) de grupos que cada mes editan un disco de este estilo? Que va directo a la yugular, que va buscando sangre y que es absurdamente más rabioso que cualquier banda media. Creo que la única forma de superar la experiencia que supone este disco podría ser verlos en directo. Hacedlo, porque no me cabe la menor duda de que al acabar vais a ser una persona completamente distinta a la que entró en la sala para ver a una banda que probablemente no conocía.

Por último, odio las pistas ocultas (de aquí lo de nueve pistas y pico). Me daban rabia cuando usaba casetes cuando iba al instituto, y me da rabia tener un espacio en blanco en digital hasta que empieza a sonar la siguiente canción, porque no me gusta el vacío y odio el silencio (como persona, no lo soporto), pero es que el cierre deja tan por lo alto todo que uno no puede enfadarse ni un poco. Si una banda ha conseguido que cambie de opinión sobre ese aspecto, creo que puede conseguir cualquier cosa de mí.

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