REO – El Valor de la Sangre, 2012

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Tras dos discos editados en 2005 y 2007, los vizcaínos REO vuelven a la carga con su tercer larga duración, después de cinco años de silencio discográfico. Atrás quedan ya los premios en el concurso Pop-Rock de Leioa en la categoría Metal y en el concurso de bandas ZurbaraRock, amén del continuo incremento de sus conciertos en el País Vasco, extendiéndolos a algunos puntos del Estado en la última etapa de la banda.

Antes me referí a esos cinco años entre el anterior trabajo y El Valor de la Sangre. Un largo lapso de silencio, pero también de trabajo compositivo, que puede explicar lo palpablemente disperso de este nuevo álbum. Una irradiación musical atenuada por la convergente labor e instrumento vehicular del disco que supone el trabajo vocal de Borja, quien intenta unir todas las piezas como si de un puzle se tratara.

Voz santo y seña de REO, dirige al oyente por el recorrido musical del disco, en un trabajo que se caracteriza por unas guitarras bastante heavies (excelente trabajo de Ibai y Gorka cuyo mayor paradigma pueda ser “La Balanza del Poder”), atornilladas a un esqueleto musical de corte moderno, un armazón musculoso de metal rabioso, pesado y de nuevo cuño, ejemplarizado en “Días sin Luz”.

Las piezas del puzle encajan, sí, pero a base de mazazos. Es como si éste se hubiera completado en distintos recreos, en épocas en parte diferentes unas de otras. Si bien hay cortes thrashcore tipo ABORTOS DE SATÁN en “Balas de Marfil”, o S.A. / KATALEPSYA como el fantástico tema que da título al disco, con unos coros que recuerdan a DENTERA, el grupo se pierde en un metal en cierto modo indefinido, delimitado tenuemente por el metal actual y visceral rollo ABADDON (ARG). Ejemplos de esto pueden ser “Para Nadie” y “Alma y Papel”.

Esas ciertas reminiscencias -antes indicadas- a SOZIEDAD ALKOHOLIKA se dan igualmente en el interesante himno “Rosa Marchita” y en la anti-eclesiástica  “Justa Venganza”. Por otro lado, siendo signo de identidad la agreste labor vocal de Borja, se agradece la escucha de voces limpias en “Otoño Gris” y “De Cansada Mirada” (buenas intenciones las de esta especie de bonus track) pero sobre todo compensa degustar partes thrash muy clásicas en “Rumbo Soledad”.

Un disco, en definitiva, coleccionista de canciones sin un soporte o estante claro, al que no quito méritos, sobre todo por temas tan llenos de vida como “El Valor de la Sangre” o “Días Sin Luz”… O “Rosa Marchita” y esos riffs suyos tan clásicos.

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