REMEMBRANCE OF LYSERGIC FUNERAL (R.O.L.F.) (ESP) + SIMÓN DEL DESIERTO (ESP) – Madrid – 27/10/2018

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Hay determinadas músicas que según dónde y cómo se escuchen dicen mucho más. Cuando supe que REMEMBRANCE OF LYSERGIC FUNERAL (R.O.L.F.), uno de mis descubrimientos de este año, venían a Madrid, me pregunté a dónde. Los de Algeciras venían a la sala La Faena II, desconocida para mí, aunque me habían hablado bien de ella en cuanto a sonido. Estaba seguro de que sería el sitio adecuado, lo más cercano a una cueva o garaje clandestino, como en su momento alguna vez que otra vi a MOHO y los disfruté como un enano. Pues bien, no me equivocaba; cueva no era, pero garaje en un callejón sin luz con timbre y todo para entrar sí. Aun así no me mintieron cuando me hablaron de la sala. Estaba bien preparada sonoramente, con paneles para evitar la reverberación y un buen equipo. Para mi gusto sólo un poco elevado en decibelios. Por lo demás el lugar perfecto para un viaje lisérgico de humo y piscotropía.

Junto a R.O.L.F. se presentaban SIMÓN DEL DESIERTO, uno de los proyectos de Julio y Javi que más interés suscitan. Sacando su cara más doom, el dúo madrileño ha evolucionado mucho desde sus inicios y ese Ursaria en el que dotaban a su música de un cariz ocultista setentero con voz femenina en frente. Dos años y medio después han dado un giro a su música, cambiado la afinación de la guitarra y de voz, y se han puesto a mirar directamente a finales de los ochenta y principios de los noventa, apuntando la brújula a Maryland. PENTAGRAM, THE OBSESSED o REVELATION son tres ejemplos de este sonido que partía de la escuela de BLACK SABBATH y lo transformaba con unos ropajes propios. Esta escuela, en unión con la distorsión y la desidia típica del grunge (en la que directa o indirectamente influyeron), se ha dado cita en el nuevo trabajo de SIMÓN DEL DESIERTO, Purgatory, de momento sólo editado en formato digital en su bandcamp.

Causa o consecuencia, este nuevo sonido precisaba una nueva voz, y encontraron la horma perfecta en Gustavo de LORDS OF BUKKAKE, CUERNO o ARROPIERO. El cantante de Barcelona le ha dado el sonido que necesitaba el micrófono para estos nuevos temas. La duda estaba en si para esta fecha madrileña Gustavo podría venir. SIMÓN DEL DESIERTO así lo confirmó días antes del concierto, pero una serie de catastróficas desdichas hizo que casi no pudiese aterrizar en Madrid con tiempo para el bolo. Tuvieron que ensayar a la carrera todos los temas del EP y presentarse en el pequeño escenario de La Faena II sin apenas descansar. Esto no impidió que Gustavo se entregara a la causa y se compenetrara a la perfección con sus compañeros, especialmente en la parte final de su concierto.

SIMÓN DEL DESIERTO decidió recorrer los cuatro temas de Purgatory en el mismo orden del EP y añadir como colofón una versión de una de las referencias de Maryland antes citadas, REVELATION. Empezaron con “The need“, una de las más doom y donde Julio tiene un gran protagonismo por los efectos de su guitarra en el solo. De hecho, fue lo que mejor sonó de su actuación, las seis cuerdas. Para mi gusto la voz de Gustavo estaba un poco tapada por la carga decibélica de los riffs y en este tema en particular, en donde rasga menos, costaba apreciarle. El riff central adictivo de “Aidst all odds” también fue  protagonista, todavía con Gustavo calentando sus cuerdas vocales, aunque muy compenetrado con Julio, siempre posicionado hacia el guitarrista.

Pero si me quedo con algo de la actuación de SIMÓN DEL DESIERTO es con lo que venía ahora. Mi canción preferida del EP es “Purgatory“, y aquí sí, Gustavo sonó con un volumen adecuado. El tema es un gran himno y creo que es la que mejor refleja el espíritu e influencia de la que parte el grupo en este trabajo. Igualmente, y aunque quede tapada por la citada, “The caryatid swansong” es la que más grunge destila y hasta pudimos ver a Gustavo desatado con el micrófono en un momento dado. Como estábamos en familia (unas treinta personas, pero la mayoría conocidos), la sesión fluía con naturalidad y relajación. Y así llegaron a la versión de REVELATION elegida, “Stars almost drown“, donde bromearon con la rapidez del tema “a lo SUFFOCATION“… Todo lo contrario, el espíritu doom volvió a embriagar al trío poniendo un broche final a 35 minutos de actuación muy lustrosos.

Espero sinceramente que esta formación de SIMÓN DEL DESIERTO no se quede en anécdota, pues creo que han conseguido el sonido que buscaban y al cantante adecuado. Eso sí, que algún sello se fije en ellos ya y edite Purgatory físicamente (si puede ser en vinilo para apreciar mejor su portada ya sería ideal). Los coleccionistas lo agradeceríamos.

Cómo dije en mi reseña de Taró de muerto, el último disco de R.O.L.F., pocas veces el nombre de una banda es al mismo tiempo tan extraño y tan descriptivo: reflejo de un viaje psicotrópico directo hacia la muerte. Siendo herederos de BLACK SABBATH, el propio Mateo, el batería, nos lo recordaba con su camiseta del Sabbath bloody Sabbath, sin perder de vista la propia dinámica de los temas con esos pasajes up-tempo en medio de la pesadez. Pero el grupo de Algeciras va más allá y se deja llevar  por ELECTRIC WIZARD o REVEREND BIZARRE, el sludge de EYEHATEGOD y la crudeza noise de los SONIC YOUTH más arriesgados, siendo el propio sonido una parte muy importante de la música de R.O.L.F.: cacofónico, claustrofóbico, inquietante… ¿lo lograrían llevar al directo? En parte esta pregunta la tenía contestada con un disco registrado en escena que tienen en su haber (Thunderkiss), pero quería comprobarlo con mis propios ojos.

Tardaron un poco en adaptar el set de la batería que había dejado Javi a los requerimientos de Mateo, pero no se retrasaron mucho en empezar pasadas las once de la noche para ofrecernos un viaje lisérgico de una hora. Efectivamente, en directo R.O.L.F. son más contundentes, no tan claustrofóbicos, y también más crudos, especialmente Fernando en sus solos. Por otro lado la voz principal rasgada de Yaiza estuvo bien colocada en la mezcla, siendo un poco más difícil de desentrañar su voz limpia y sobre todo la cacofónica de Fernando, que no se quitaba el efecto eco ni para hablar con el público, lo que resultaba curioso. Por otro lado los temas de Taró de muerto, que tocaron casi íntegro, mantienen ese aura extraña y enigmática que los caracteriza, pero se potencian en crudeza y protagonismo para los diálogos musicales, lo cual coloca a R.O.L.F. en la lista de bandas que hay que ver en directo porque son “otra cosa” a lo que ofrecen en disco, lo cual no es en este caso perjudicial, todo lo contrario.

Comenzaron con “Estado ulterior“, como también empieza Taró de muerto, y el sonido fue instrumentalmente muy bueno desde el principio, alto pero bien mezclado. La voz de Yaiza queda un poco en segundo plano, pero también ocurre en el disco, donde se busca el protagonismo de la distorsión. La brutalidad vino con “Instinto criminal“, uno de sus primeros temas en ser registrado y que ya conocía por su versión en el directo de Thunderkiss, pues tanto su demo como su debut American tape están más que agotados. Y para completar este inicio de presente y pasado de R.O.L.F. sólo restaba “Caballo de Atila“, de Es un hermoso lugar para morir, primera vez en que hizo su aparición la voz cacofónica y con eco de Fernando, que sonaba bastante bien en la mezcla en directo y, como bien dijo, por donde pasa el citado caballo no vuelve a crecer la hierba.

Volviendo a Taró de muerto, llegó mi tema favorito del trabajo, “XIII Lunas“, donde Yaiza da una lección de extremismo vocal sin rasgar su voz y que también deja mucho espacio para que Fernando se explaye a gusto con su guitarra con unos ropajes solistas muy Tony Iommi. Sin abandonar el último disco, siguieron con “Veneno!” corte mucho más sludge y con una de esas partes tan características de descomposición estructural que parece un ensayo improvisado. En este punto era evidente que en escenario el protagonismo visual se lo llevan tanto Mateo como Fernando. El primero porque con su set de batería llenaba el escenario, además de su potente forma de tocar (que le generó un problemilla con el charles en un momento dado, que tuvo que recomponer con la ayuda de Javi de SIMÓN DEL DESIERTO). En cuanto a Fernando, enseguida pasa a primer plano con sus efectos y solos incendiarios. Yaiza es pieza clave para llenar los huecos con su bajo, pero se mantiene más sosegada detrás del micro.

Volviendo al pasado con formas muy sabbathicas en el solo, interpretaron “n.318“, tras la que nos tenían preparada una sorpresa en forma de nuevo tema, “Krokodil“, según Fernandosobre la alegría de vivir“… Sonó bastante pesado, más de lo que hasta ese momento había transcurrido la noche, lo cual abre el signo de admiración de cara al futuro. Era el momento de volver a Taró y para ello escogieron uno de sus temas más extensos, “Materia negra“, donde colabora en el disco Xavi en las voces. Ante la falta de éste, según Fernando porque estaba en EE.UU, de la voz se encargó Mateo, que lo hizo de manera solvente, aunque uno echaba de menos esa voz tan teatral y particular que tiene este tema en el disco.

Dada la densidad reinante, optaron por desengrasar con “La fuente“, según ellos el tema más cañero de la noche. Efectivamente así lo fue, con unas formas más aceleradas de lo habitual. Sin embargo los redobles de Mateo y su posterior desarrollo crustie se comieron un poco el sonido, haciendo que el tema aparentase más caótico de lo que es. Tenía su sentido, pues ahora venía el corte más raro e inquietante de Taró de muerto, “CxOxDxAx“, con protagonismo absoluto para Fernando. Tema fantasmagórico, absorbente en su propia psicotropía, que en directo no tuvo tanta magia (tenía curiosidad por saber cómo se expresaban en este corte), pero mantuvo su carácter y personalidad frente al resto, haciendo que la parte final del concierto fuese un ir y venir de distorsiones y voces cósmicas.

Para despedirse tenían preparada una versión y no podía ser de otro grupo, SAINT VITUS, al que deben venerar porque ya tienen alguna que otra versión de ellos a sus espaldas. Aquí optaron por “Burial at sea” encargándose Mateo de las voces, aunque me gustó menos que cuando hizo lo propio en “Materia negra“, quizás por la mayor exigencia rítmica del corte de la banda de California. En cualquier caso fue un final muy adecuado para cerrar un recital de movimiento instintivo y crudeza sonora, entre amigos y conocidos, ante devotos de lo fuera de lo común y, en esencia, un recital totalmente subterráneo, en donde se recreó un universo paralelo en el pequeño espacio del garaje en el que estábamos. Creatividad en estado puro, narcotizante y no apta para todos los oídos.

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