RAINER LANDFERMANN (DEU) – Mein wort in deiner dunkelheit, 2019

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El nombre de Rainer Landfermann debería sonar familiar (o al menos espero que así sea) a parte del público del metal extremo especializado. Sus inicios tuvieron lugar a principios de los noventa como bajista de PAVOR, quizá una de las bandas más injustamente olvidadas del death metal técnico, con quienes llegó a grabar dos álbumes en los que ofreció una interpretación al bajo de nivel apenas humano. Hoy es más recordado entre la audiencia del black metal depresivo (al menos entre la parte de esa audiencia que sí conserva cierta perspectiva histórica) por haber ejercido como vocalista en el mítico Dictius te necare de BETHLEHEM, donde grabó las que posiblemente eran las voces más extremas y enfermizas oídas hasta el momento y que con el tiempo han demostrado ejercer una enorme influencia sobre muchos vocalistas del mencionado género. También se dejó notar su colaboración como vocalista adicional en un tema del Passion de ANAAL NATHRAKH de 2011. Como vemos, sus apariciones por la escena han sido contadas, pero siempre sobresalientes.

Tras varios años de inactividad, el polifacético músico alemán decide volver al negocio ofreciendo esta vez una obra puramente personal. Firmando el proyecto con su propio nombre, Mein wort in deiner dunkelheit (que a su vez se puede traducir como «mi palabra en tu oscuridad») se revela como una típica obra de artista romántico en la que Landfermann se encarga de todos los instrumentos y voces, dando rienda suelta a todas sus inclinaciones musicales. Quienes conozcan los proyectos en los que ha participado Landfermann y el tremendo nivel que ha mostrado en ellos se alegrarán de comprobar que el álbum ofrece todo lo que podía esperarse y más.

Dando buena cuenta de la experiencia acumulada de su autor, Mein wort in deiner dunkelheit es ciertamente un álbum muy difícil de describir. Entra de lleno en el terreno del metal extremo de vanguardia y parece estar definido por la ambición por desafiar convenciones y experimentar con las reglas y expectativas. El álbum está marcado por una fuerte sensación de contraste, con pasajes caóticos de death metal técnico con armonía que juega entre el black metal y el post-rock enfrentados a otros más tranquilos en los que se recurre a teclados para acentuar el fondo atmosférico, revelando cierta influencia gótica. Hablamos de un disco de cuarenta minutos divididos en diez cortes, por lo que no hay temas tan largos como podría pensarse, pero lo llamativo es precisamente la extrema fluidez y celeridad con la que se nos conduce por los diferentes lugares que el álbum visita. No es un disco del que puedan extraerse temas estrella ni nada parecido, estando más bien enfocado como una experiencia completa que requerirá paciencia y dedicación.

Si la composición huye de la linealidad y juega entre extremos tan lejanos es precisamente para acentuar la poderosa carga emocional que mantiene. La sutileza y la elegancia conviven con el descontrol creativo más histriónico, con un notable componente teatral, sin esconder la rabia o la melancolía cuando se presentan. Debo reconocer que no sé lo que dicen las letras, pero en general la impresión que da el álbum es la de una obra muy íntima.

Por supuesto, y como no podía ser de otra forma, el nivel instrumental demostrado por Landfermann (en todos los instrumentos, no lo olvidemos) es absolutamente surrealista, y probablemente superior al de casi todas las one man bands que hay por ahí (si no todas). De verdad, cuesta creerlo. Quiero destacar en especial las líneas de bajo, tan extrañas que durante gran parte del disco no tengo ni idea de qué es lo que está haciendo. Y, naturalmente, las voces, que parecen una clase magistral sobre un estilo hoy tan imitado. En realidad, el dominio instrumental del álbum, aunque muy lejano a las posibilidades de la mayoría de músicos de la escena, no deja de ser el necesario para sostener unos temas basados en fundamentos muy enrevesados. Para mí destaca especialmente un uso de la armonía que hace lucir los ciclos funcionales de tensión y resolución pese a extenderse y saturarse al límite, además de arreglos y transiciones con algo de jazz que ayuda a mantener la homogeneidad en un disco tan diverso. Esto no quiere decir que estemos ante un álbum de metal-fusión, no obstante, pero sí es una obra muy experimental y cambiante que quizá intimide a una parte del público.

En efecto, Mein wort in deiner dunkelheit no es para todo el mundo, pero los trabajos íntimos y experimentales nunca lo son. Creatividad desbordada, emoción abrumadora y ejecución impecable: eso es lo que encontramos en la obra de una de las mentes más brillantes y desconocidas del metal extremo. Su nombre es Rainer Landfermann. Recuérdalo.

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