Raíces subterráneas: los discos que nos marcaron

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Para los amantes de la música no hay barreras a la hora de escuchar. Tanto si aún te sientes apegado al formato físico como si has llenado tu estantería virtual, nuevas canciones entrarán a formar parte de tu vida constantemente. Puede que las escuches en la radio, te las recomiende un amigo o aparezcan de repente en los medios especializados. Un grupo desconocido, o un nuevo disco de esa banda que te tiene enganchado, acaba de llegar para quedarse. Es complicado hacer una selección de sólo cinco de ellos, pero ahí están. Porque no todos los discos son iguales. Os vamos a contar cuáles son aquellos de los que nunca nos podremos desprender. Así nos conoceréis mejor, porque son las arrugas de nuestra memoria.

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Aida

BULLET FOR MY VALENTINEThe poison (2005).

Este top 5 no va de calidad, va de mi persona, así que os aguantáis, trves del heavy metal. Todo aquel que me conozca y que esté leyendo esto ya sabía de antemano que este disco iba a salir (con el Scream aim fire, otro clásico). Así que lo pongo de primero, os doy la razón (y las gracias) y continúo rodando.

Ahora hablando en serio, BFMV fueron la banda “crush” de mi adolescencia, me compré sus discos + merch y me pasé todo un año dando por saco con sus temas. Con diecisiete años, mis padres (hola, os quiero) me llevaron al “Resu” a verlos y casi me muero en directo dándolo todo y llorando de felicidad. Qué queréis, era joven, y ojalá todo el mundo haya vivido algo así. Fueron como el círculo perfecto para mí como fan, y se cerró en ese festival. Tampoco se les podía pedir mucho más, qué se le va a hacer. Siempre nos quedará París.

THE AGONIST – Once only imagined (2007).

Dudaba entre ellos y ARCH ENEMY, ya que estos últimos son inspiración y ejemplo desde mis trece años. THE AGONIST aparecieron poco después para mí en un foro, y me enganché a “Business suits and combat boots” como si me fuera la vida en ello. ¿Una tía como Angela, pero gritando letras contra el capitalismo y el maltrato animal? A pesar de que musicalmente prefiero a ARCH ENEMY… ¡denme cinco! Supongo que a estas alturas de mi vida ya he hecho eso que decía Freud de “matar al padre” y no han vuelto a entusiasmarme tanto… pero oye, siguen siendo parte de mi vida.

PROUD’Z – Dulce miseria (2009).

También llamado Dulce fucking miseria. ¡Joder! Discazo con mayúsculas. Me engancharon desde los viajes en autobús al instituto y me seguirán molando por los siglos de los siglos. Dieciséis temazos que te revientan por dentro uno tras otro, y encima el grupo en directo sube el nivel de bestialidad. Una lección de actitud ante la que solo queda hacerles una reverencia. Me quedo con el discurso final del (tremendo) disco: “Sólo hay una banda que tenga mi nombre, que tenga mi estilo y que tenga mis cojones. Solo contra todos, mis cojones contra todos y perderéis, hijos de puta. Pues he sentido el hedor de la muerte y es un olor inconfundible que te deja helado, que te deja absorto y en el que sólo tienes deseos de ser el mejor. PROUD’Z 2009, cabrones. PROUD’Z 2009.

APOCALYPTICA – Worlds collide (2007).

Vengo de la música clásica, y cuando dejó de convencerme el tema aparqué el fagot y cogí el micro. Pero claro, está ahí y no se olvida. APOCALYPTICA entraron en mi vida de rebote, compré su 7th Symphony sin conocerlos y ya no se fueron de mi playlist. Quizá sea por esa cualidad de permitirte hacer varias cosas a la vez y no captarte al 100% al darle al play (o que no me paro demasiado a analizarlos) por lo que no les he cogido manía aún. Volviendo al disco, de Worlds collide me quedo por supuesto con las colaboraciones que hicieron con Corey Taylor y Cristina Scabbia: “I’m not Jesus” y “S.O.S.”.

HABEAS CORPUS + ESCUELA DE ODIO – A Dolor (2010).

¡Já! Os creíais que no iban a caber pero estas dos bandas tienen palco VIP aquí, en mi corazón y en mi estantería. Habría puesto el O todo, o nada de HABEAS porque es un must a pesar de las críticas que se llevó en su momento. Y de ESCUELA el Quien siembra miseria recoge la cólera por más de lo mismo. Pero voy a elegir esta obra común de forma simbólica por englobar a dos pilares im-pres-cin-di-bles en uno.

Más grupos así de directos y comprometidos, por favor, y por supuesto… ¡fascismo nunca más!

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Alberto Carrasco

LINKIN PARK – Hybrid theory (2000).
Este curro fue clave para muchos “niños de los 90”. Fue el primer disco de metal que escuché y el primer disco que tuve original. Si no se quemó dentro del discman en una de tantas escuchas fue de milagro.

Sin estar muy dentro del metal ni del rock por aquellas épocas de instituto, estos doce temas me frieron el cerebro cuando los escuché por primera vez en casa de un colega; nada que ver con las canciones de MAGO DE OZ, SARATOGA, TIERRA SANTA y demás grupos cuyas camisetas se dejaban ver entre los más “heavys” de mi entorno. Himno tras himno, ejemplo para mí perfecto de lo que es un disco al que no le sobra ni media canción y que, desde mi opinión, sirvió (junto a otros también míticos) para darle al metal un toque de frescura después del “primer Nu” de la década anterior.

IN FLAMES – Come clarity (2006).

Chándal mezclado con death melódico, ¿qué podía salir mal? Soy de los que celebran el giro que dio el estilo musical de IN FLAMES tras sus primeros discos y, entre toda su “segunda etapa”, creo que Come clarity se lleva la palma. En mi opinión no hay disco de esta banda que no tenga no uno sino varios temas imprescindibles; sin embargo, creo que la mayoría de LPs también suelen traer consigo una cantidad de relleno a veces demasiado notable.

No es el caso de este álbum, aquí echaron toda la carne en el asador y nos regalaron con ello toda una serie de temas enérgicos, rápidos, cabezones y, además, cantables, que es algo que a veces echo de menos en el mundo del death.

LAMB OF GOD – Sacrament (2006).

Hay peña que pasó de escuchar la música de la emisora de radio que ponían sus padres a escuchar CANNIBAL CORPSE. No fue mi caso. Yo empecé desde el rock alternativo, pasé por el rock urbano, por algo de heavy y power y poco a poco llegué a MEGADETH y METALLICA. Si bien es verdad que amé a los de Mustaine durante mucho tiempo el cuerpo me acabó pidiendo más chicha y, a pesar de no recordar muy bien cómo llegó a mis oídos, Sacrament me ofreció todo lo que necesitaba. Y no por esos micro infartos que provocan con su no parar “Redneck” o “Pathetic” sino por la maldita atmósfera oscura generada en temas como “Blacken the cursed sun” o “Walk with me in hell”; los giros melódicos “malrolleros” de sus guitarras, el tan reconocible estilo de Chris Adler, Randy Blythe dando una lección de cómo no ser monótono con sus tantos registros de guturales, rotos o como queramos llamarlo… Sacrament no envejece e invita a seguir dándole cera independientemente del tiempo que haya pasado de su lanzamiento.

AS I LAY DYING – Shadows are security (2005).
Si este disco no es una clara definición de metalcore ningún otro lo es. Hace jodidos años, intentando darle forma a un grupo que ni siquiera llegó a tener todos sus componentes, el cantante me dijo algo del estilo de “para tocar con nosotros tienes que escuchar esto, si no no te vas a sacar de la cabeza los ritmos “jevis” ni de coña”. Puta razón tenía.

Si bien es verdad que al principio me costaba horrores tragar la voz de Lambesis (luego me acabó encantando a pesar de que en el momento los guturales me parecían un martirio, era un poperazo de mucho cuidao en esa época), la novedad que me suponía la presencia brutal de los breaks, la pegada de los riffs y el contraste de todo esto con los estribillos hicieron que este disco se acabara colando en mi lista de imprescindibles.

TESSERACT – Altered state (2013).
Que me expliquen qué mierdas desayuna Jay Postones, batera la banda, que parece que no solo actúa como motor de la banda sino también como director, marcando cada pequeño detalle apreciable en cualquiera de los otros instrumentos (como si llevar la base de estos temas no fuera suficiente).

Alabanzas aparte, no es por este virtuosismo por lo que Altered state me parece un disco fundamental (fueras de serie hay en muchas bandas). Es más bien el desarrollo de los motivos musicales lo que me parece absolutamente destacable, cómo de una melodía de cinco notas o de una progresión de tres acordes esta gente consigue sacar un tema de duración considerable en el que el cambio de dinámicas hace que estés pegado a los auriculares hasta que toda esa tensión que se ha generado poco a poco da lugar a pasajes tan sobrecogedores como el cierre de “Resist”, última canción de uno de los bloques del disco.

Y, como no podía ser de otra manera con una lista de cinco discos, se me han quedado fuera auténticas joyas. Aquí dejo algunas de ellas: Lost forever/Lost together (ARCHITECTS), Sempiternal (BRING ME THE HORIZON), The blackening (MACHINE HEAD), Once more ‘round the sun (MASTODON), Stabbing the drama (SOILWORK), Ritual (THE BLACK DAHLIA MURDER), Ire Works (THE DILLINGER ESCAPE PLAN), Still life (OPETH), The subliminal verses (SLIPKNOT), In waves (TRIVIUM).

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Antonio Andrades

Todo el mundo dice que elegir cinco es difícil. Seguramente es cierto. Yo he intentado ceñirme más o menos al tipo de música que tratamos en esta web, para limitarme y simplificar, y aun así muchas cosas que han sido importantes en mi vida quedan en el tintero. Por eso, reconociendo que los cinco que voy a decir son muy típicos y aprovechando que este artículo lo voy a revisar y maquetar yo, me permito tomarme la libertad de nombrar algunos álbumes que me son muy queridos como mención honorífica: Human de DEATH, Chaos AD de SEPULTURA, Follow the reaper de CHILDREN OF BODOM, Clandestine de ENTOMBED, Killing technology de VOIVOD, In their darkened shrines de NILE, The downward spiral de NINE INCH NAILS, Come clarity de IN FLAMES, One de TESSERACT o Nothing de MESHUGGAH. Aún faltan muchos, pero animo al lector o lectora a elegir su favorito de entre ellos y considerarlo mi número seis. Los primeros cinco aparecen a continuación. No voy a hablaros mucho de ellos porque ya los conoce todo el mundo.

IRON MAIDEN – Somewhere in time (1986).

Tuve la suerte de estar expuesto a la música desde muy pequeño, pero Somewhere in time supuso uno de los puntos de inflexión más importantes en mi vida. Fue la primera vez que escuché heavy metal de forma consciente y deliberada y por iniciativa propia. Ocurrió a finales de los noventa. Yo era un niño que empezaba a estudiar música y aún no tenía mis gustos muy definidos (cuando mi primer profesor de piano me preguntaba qué música me gustaba no sabía qué responder), por lo que decidí probar a escuchar cosas diferentes por pura curiosidad. Mi vida habría sido muy diferente de no haber tomado aquella decisión: muchas de las cosas que he hecho, personas a las que he conocido, proyectos, ideas… Supongo que en mi caso el gusto por la música en general (y siendo el metal mi música favorita) se ha acabado convirtiendo en una parte integral de mi identidad. No estoy seguro de que sea mi preferido del grupo, pero le debo mucho a este álbum y, aunque con el tiempo mis gustos acabaron gravitando hacia cosas más radicales o enrevesadas, IRON MAIDEN siempre ha sido y será mi grupo favorito y seguramente el único del que puedo decir que soy un fanático incondicional.

MEGADETH – Rust in peace (1990).

Si IRON MAIDEN es mi banda favorita, Rust in peace es sin duda mi disco favorito de toda la vida. Para mí representa todo lo que el heavy metal debería ser. Lo he escuchado más veces que ningún otro. Debo llevar cerca de veinte años escuchándolo (como decía empecé bastante joven) y todavía me sorprendo a veces con algunos detalles. Además creo que es un disco por el que no pasa el tiempo. Seguramente si hubiese salido hace un año en vez de en 1990 sonaría igual de fresco y contemporáneo. O a lo mejor simplemente estoy diciendo tonterías.

SLAYER – Seasons in the abyss (1990).

Durante la adolescencia el thrash metal se convirtió rápidamente en mi estilo favorito, y también el de la gente con la que andaba. Conocer la música de esta banda fue como una revelación. Antes ya había oído a METALLICA, MEGADETH, KREATOR o SODOM, pero SLAYER se convirtió en una especie de referencia con la que comparar todo lo demás. Cuando mis colegas y yo decidimos montar nuestro primer grupo estaba claro el género que íbamos a tocar. Recuerdo que cuando daba mis primeros pasos con la guitarra o el bajo a mí no me interesaban los solos ni los virtuosos, sólo quería aporrear las cuerdas graves tan rápido como fuera posible. De hecho, se podría decir que mis amigos y yo prácticamente aprendimos a familiarizarnos con los instrumentos a base de chapurrear riffs de Jeff Hanneman. Por tal motivo, y para resumir, SLAYER es, en pocas palabras, mi mayor influencia musical en lo que a metal se refiere. Seguramente todo lo que he compuesto en mi vida tiene algo suyo. He elegido este disco en representación de toda la obra del grupo, pese a no ser el primero que escuché, por ser el que más me gusta y el que más he disfrutado con los años.

GUNS N’ ROSES – Appetite for destruction (1987).

No es un disco de metal, pero en cualquier lista de álbumes que han estado presentes en mi vida tiene que aparecer. Es un disco que llevo escuchando, sin exagerar, casi desde que nací, voluntaria o involuntariamente. Ha formado parte de los gustos musicales de muchísimas personas a mi alrededor (familiares, amistades, parejas, etc) y ha sonado en muchos lugares. Por este motivo lo tengo asociado a muchos recuerdos. Además contiene uno de los primeros temas que toqué sobre un escenario.

EMPEROR – Anthems to the welkin at dusk (1997).

Para mí fue uno de esos discos que te cambian la manera de entender las cosas. Cuando lo escuché por primera vez debía tener unos catorce años y pensaba que el metal era muy interesante pero que no dejaba de ser una diversión sencilla. Supongo que todos hemos tenido prejuicios ridículos en algún momento. Incluso había escuchado bandas muy bestias de brutal death y de black muy crudo (mi educación musical fue un tanto atípica), y me gustaban, pero disfrutaba de la sensación de caos y descontrol sin llegar a enterarme bien de lo que pasaba. Anthems fue el disco que me hizo ver que el metal en general, y el extremo en particular, podía ser algo tremendamente serio, elaborado, intelectual, sofisticado y de gran enjundia artística. Aún hoy pienso que es uno de los discos más perfectos de la historia del metal y de la música popular contemporánea en general.

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Chris Pérez

IRON MAIDEN – Piece of mind (1983).

La primera canción de metal que escuché fue “The trooper”, en una función fin de curso en los Salesianos de Granada. Fue un playback de alumnos de un curso superior que se hacían llamar RATAS SARNOSAS. Como anécdota, el batería de un muy conocido grupo de metal granadino formaba parte del mismo.

SLAYER – South of heaven (1988).

Soy un gran fan del thrash metal, sobre todo de aquellos gloriosos años de la Bay Area de San Francisco. Las notas con las que abre el disco fueron durante años el tono de llamada de mi móvil y la manera de tocar del maestro Lombardo fue la que hizo que años después mi pasión por la percusión se materializara comprando una batería.

GAMMA RAY – Land of the free (1995).

HELLOWEEN es uno de los mejores grupos de power metal que jamás han existido. Pero, para mi gusto, desde que Kai Hansen abandonara la banda alemana su nivel decayó. Este disco fue la banda sonora que me acompañó durante los viajes en mi época de universidad, y los temas del mismo, los únicos con los que he llegado a perder los papeles en un concierto de metal.

MEGADETH – Rust in peace (1990).

Junto al South of heaven y el …And justice for all de METALLICA, son el trío de ases que coronan el thrash metal. Este disco lo tiene todo. Temas impresionantes, buena producción… y era el único disco de metal que podía poner si problemas en el coche sin que mi padre pusiera mala cara.

OPETH – Damnation (2003).

Después de que Mr. Åkerfeldt sacara posiblemente los seis discos más impecables del death metal progresivo, se sacó de la manga un disco en acústico. En esa época era un true metalero bastante talibán, pero fue precisamente este disco el que hizo que los dos tapones que tenía en los oídos acabaran por caer.

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David García

Cobalto, dióxido de cromo, testosterona y furia fueron los ingredientes del caldo de cultivo en el que los discos que compartiré con vosotros germinaron y derivaron en lo que soy hoy en día desde aquel recreo de 1996. Ese día, antes de un examen de matemáticas, en el que mi por aquel entonces amigo Alfonso empezó a cantar una canción de manera desaforada a causa de los nervios, yo le pregunté qué era y ahí empezó todo…

BLIND GUARDIAN – Somewhere far beyond (1992).

Pues resultó que el tema que Alfonso cantaba a voz en grito era el “Time what is time” del Somewhere far beyond de BLIND GUARDIAN.

El disco en sí mismo y tomado en el marco de toda la discografía de los alemanes es y ha sido de lo mejor que han hecho, pero resulta difícil decirlo porque en aquella década los alemanes cada vez que sacaban un disco se convertía en el mejor disco del power metal del momento.

Ahora bien, ese álbum en mi cabeza lo puso todo patas arriba: sólo quería escuchar aquel cassette (sí, amigos, el metal para mí nació en cassette copiado y re-copiado tantas veces como era posible hasta que se escuchaban los ecos del primer disco que estuvo grabado en la cinta), quería acercarme a los “quinquis” para que me dijeran de qué grupos eran esas camisetas y me pasaran sus discos, quería tocar un instrumento y dejarme el pelo largo aderezado de una armadura de cuero y tachuelas.

Recuerdo una tarde en la que estuve escuchando en bucle este disco y el Forgotten tales durante casi seis horas seguidas prestando atención a cada nota, a cada sílaba de ese idioma que no podía entender pero que seguro decía cosas geniales… Luego resultó que no todo aquello que se decía en inglés eera necesariamente bueno, pero eso es otro artículo.

METALLICA – Black album (1991).

Era sólo cuestión de tiempo que los súper ventas del metal entraran en mi vida, pero en aquel momento para mí eso era underground total, casi delictivo.

Para muchos el Black album fue el comienzo del fin de los Four Horsemen: que si se volvieron comerciales, que si como lo de antes no había nada, que si Cliff Burton por aquí, que si Cliff Burton para allá, blá blá blá… En mi corazón de metal el Black album es y será el mejor disco de metal de todos los tiempos y punto.

Además, este disco me abrió los ojos al look heavy. Siempre diré que la primera vez que me colgué una guitarra me la puse a la misma altura que James Hetfield (tapándome la bragueta del vaquero), destrozándome las muñecas, pero ya sabéis amiguitos: “there is a long way to the top, is you wanna rock`n`roll” y “no pain, no gain”, que para eso me estaba haciendo heavy, coño.

NOCTURNAL RITES – The sacred talisman (1999).

Con mis cuatro perras ahorradas de mi cumpleaños, me acerqué a la Tienda Tipo de Vallecas cuando estaba en plena Avenida de la Albufera y me compré este disco. Había escuchado parte en un programa que tenía Mariano Muniesa en Onda nosequé y que luego desapareció.

No es de esos discos que marcan época ni estilo, pero siempre será el primero que me compré y me hizo sentir el metal como una parte de mí y que, gracias a mis perrillas, se hiciera más grande. Por ello quiero que me entierren con él, que así lo amortizo, que por aquel entonces fue el gasto más grande que había hecho nunca.

NIRVANA – Nevermind (1991).

En un adolescente al que todo el mundo le parece un tostón y que cree que es Billy Murray en El día de la marmota, el grunge es su guarida. Encontré con facilidad la empatía que necesitaba en mi desorientada vida.

En aquel momento íbamos todos los amigos al Para. Si eres de aquellos que no están familiarizados con mi dialecto, el Para era y sigue siendo una zona del Parque del Retiro de Madrid donde íbamos a hacer botellón e intentar ligar. Para lo segundo, muchos llevaban sus guitarras y mi amigo Javi (aún está ahí después de casi veinte años… como amigo, no en el Para, donde ya entraría en la categoría de viejo verde) solía tocar dos canciones que enloquecían al personal: “Smells like teen spirit” y “About a girl”. Ni Javi ni yo ligábamos mucho que se diga; mejor dicho, no ligamos nada de nada, pero conocimos a unas amigas que se dejaban tocar: las guitarras.

Para mí, NIRVANA siempre olerá a kalimotxo, donuts de chocolate, madera de guitarra barata y colonia de mora.

HÉROES DEL SILENCIO – Parasiempre (1996).

Me gustan HÉROES DEL SILENCIO, ¿qué pasa? Peor es la droga o ser de una de las dieciséis escisiones de Falange Española, ¿no? Pero no sólo me gustan, sino que me parece de lo mejor que ha salido de este país. Las hostias, en comentarios, por favor.

De este disco me he llegado a saber de memoria hasta los gritos que se oyen del público de fondo, y mira que me jode que la gente grite en los conciertos.

El cassette que tenía lo quemé (casi literalmente) el verano de 1999 de tanto escucharlo, ya que me había comprado un walkman con auto-reverse, MEGA-BASS y que aguantaba salpicaduras de agua (tope gama, oiga). Pude darle unas cien mil vueltas memorizando las letras, que en el caso de HÉROES tiene su gracia.

Al igual que hay discos que uno escucha y deja de lado durante muchos años, éste es ese lugar común al que siempre vuelvo con bastante frecuencia. Quizás es porque me hace recordar esos convulsos momentos vitales en los que imaginaba mi vida futura y, salvo porque me casé con la chica que me gustaba y con quien soy feliz, el resto se parece como un huevo a una castaña, creo que para mejor, pero eso lo diré en unos años.

Pues esta ha sido mi selección. Seguro que casi todos mis compañeros subterráneos dirán aquello de “no están todos”, como es mi caso, pero os aseguro que no nos hemos puesto de acuerdo en la frase. A rebufo de estos discos llegaron muchos otros, pero ya no son iguales porque no recuerdo el momento y las circunstancias en las que los escuché, por lo que habrán perfilado poco a poco mi gusto musical y me habrán abierto a nuevos sonidos, pero de manera más sibilina. Por lo tanto, y sintiéndolo mucho, no serán mis cinco más influyentes.

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Eloy Suru

AC/DC – Powerage (1978).

No solo de metal pesado vive el hombre y es, probablemente, uno de los mejores discos de la etapa de Bon Scott. Completo en cuanto a estilos del rock y el hard rock. 10/10.

IRON MAIDEN – The number of the beast (1982).

No se puede hablar de heavy metal clásico y dejar fuera este disco. Para mí es un imprescindible, sí o sí, no tiene una canción mala. Clive Burr hizo que quisiese tener el pelo largo y una chupa roja.

JUDAS PRIEST – Defenders of the faith (1984).

Junto con The number of the beast fue de lo primero que escuché, y una representación perfecta de los primeros ochenta y el nacimiento de lo que ahora se llama NWOBHM (que antes era solo heavy metal). La portada es para tirarse de los pelos.

LAMB OF GOD – Sacrament (2006).

Primer contacto con el metalcore. Digan lo que digan, ese género nació con bandas del estilo (todo lo que hemos visto después son subgéneros y grupos con identidad propia). Randy Blythe, Mark Morton, John Campbell y los hermanos Chris y Willie Adler son una de las mejores y más compactas formaciones que hay. Este disco es la prueba.

CANNABIS CORPSE – Tube of the resinated (2008).

Cuando tienes dieciséis años escuchas de todo, sin criterio muchas veces. Pero en ocasiones aparecen perlas como este disco. Creo que lo he escuchado hasta la saciedad… y bueno, tiene su contexto. No tienen un disco igual de potente (para mi gusto) como este debut… Es perfecto para matar neuronas.

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Francesc Albert

Cada etapa de mi relativamente corta vida ha estado marcada por un estilo musical diferente, que no es el único que escuchaba en ese momento, pero sí mi referencia a la hora de buscar nueva música. Por ejemplo, en los días en que realicé la Selectividad, y en los meses de estudio previos, el punk americano a lo NOFX o BAD RELIGION fue mi banda sonora por excelencia; y, en los primeros años de carrera, di un giro bastante radical hacia los sonidos más extremos dentro del metal, especialmente en cualquier cosa que llevase black escrito delante.

IRON MAIDEN – Iron Maiden (1980).

Pese al gran cambio de gustos que he experimentado a lo largo del tiempo, hay un “núcleo duro” de bandas que siempre las he mantenido presentes y nunca me han fallado. El mejor ejemplo de ellas es la doncella de hierro, que por descontado no necesita ninguna presentación. Mi decisión se ha decantado por este primer trabajo gracias a la magia que, más de treinta años después, sigue desprendiendo.

Tengo una reedición del disco original que me regaló un amigo hará unos cuantos cumpleaños, y es sin duda el vinilo al que más vueltas le he dado. Juegos a dos guitarras, temas con giros sorprendentes y melodías inolvidables, momentos más épicos en canciones como “Remember tomorrow” y otros muy cañeros (“Running free”), sin olvidar una de las piezas más memorables del heavy ochentero y del que estaría por venir: “Phantom of the Opera”. IRON MAIDEN nunca falla.

DISSECTION – Storm of the light’s bane (1995).

Lanzado prácticamente el mismo día en que nací, podría decirse que este álbum representa lo mejor de todo lo que se coció en Escandinavia durante los 90. Con una clara base de death metal en la que se recoge lo mejor que se había hecho hasta entonces, DISSECTION supo añadirle los ingredientes más destacables y épicos del gélido black de la segunda oleada. La producción también hace gala de esta mezcla de influencias, con la suciedad y el reverb adecuados para el estilo que practicaba la banda, aunque sin dejar de lado la nitidez necesaria para poder apreciar los increíbles pasajes melódicos que nos regala el álbum. De este modo, DISSECTION logró crear un disco imperecedero que, más de veinte años después, sigue coronándose como una de las mejores obras del metal extremo.

TAAKE – Hordalands Doedskvad (2005).

Siempre que sale el tema soy el primero que se lanza a argumentar que ni de lejos todo el black surgió de Noruega y/o Escandinavia. Bandas como SARCOFAGO, TORMENTOR o MASTER’S HAMMER son claros ejemplos de ello, y la lista podría ampliarse mucho más. Sin embargo, es innegable que el país de los fiordos y el lutefisk (os recomiendo probarlo, no es tan malo como dicen) posee un aura inigualable que rodea a toda la música que sale de ahí. Y no hablo solo de black metal, mirad a TURBONEGRO

Hoest, principal compositor detrás de TAAKE y líder de la formación, parece que entiende mejor que nadie la conexión que su país tiene con esta música, y la explota de maravilla en prácticamente todos sus discos. He escogido este en concreto no solo porque fue el que me dio a conocer al grupo, sino también porque cierra de modo brillante la trilogía que forman sus tres discos iniciales, y es de lo mejor que la banda puede ofrecer. Cada una de sus canciones es como un pequeño himno al black noruego puro y duro, con un contenido rico, variado y original, que bebe de todas las grandes bandas de la segunda oleada y de una apreciable diversidad de géneros. Personalmente, no dudaría a la hora de calificarlo como uno de los mejores discos de black de todos los tiempos, incluso por encima de los BURZUM o EMPEROR clásicos, pues TAAKE logra llevar un paso más allá la incesante búsqueda de la oscuridad y el frío noruegos.

ICTUS – Imperivm (2007).

A pesar de una trayectoria relativamente corta y una producción muy escasa, los gallegos ICTUS fueron una banda excepcional, pues lograron llevar la discreta corriente del llamado neo-crust a un nivel completamente nuevo. Sin lugar a duda, la colosal obra de 39 minutos de duración que constituye la única pista de su único álbum es una muestra clarísima de la calidad de esta banda. Sería un error tratar de etiquetarla como “progresiva” pese a su larga duración. No lo digo de manera despreciativa, y de hecho el prog clásico es uno de mis estilos musicales favoritos; sin embargo, este disco es un concentrado explosivo e imparable de riffs salvajes, que solo se ve frenado durante unos minutos por un pasaje al más puro estilo del post-rock actual. El resto es rabia punk/hardcore en estado puro, que en todo momento viene acompañado de unas líneas de guitarra inspiradas en el mejor death melódico, y que está coronada por una voz desgarrada y furiosa que nos transmite la desesperación y el odio que siente la banda de una manera particularmente cruda y potente.

Muy recomendada la recopilación en doble vinilo que salió hará unos tres años, tanto por la calidad de la edición como por la increíble música que contiene.

METALLICA – Ride the lightning (1984).

Al igual que MAIDEN, METALLICA no necesita presentaciones. No me considero un purista del grupo, y puedo disfrutar perfectamente de casi todos los trabajos que han ido sacando a lo largo de los años. Aun así, es innegable que el nivel de la banda nunca ha vuelto a estar a la altura de sus primeras obras. Kill ‘em all y su furia juvenil, Master of puppets y su indiscutible calidad musical, y, en medio, este Ride the lightning, que reúne la vertiente más cañera de la banda junto con sus inquietudes musicales más profundas que acabarían desembocando en el siguiente disco. Este punto intermedio entre ambas caras de la banda me resulta tremendamente apasionante, ya que muestra todo lo que una joven banda como METALLICA en esos años es capaz de dejar como legado a la historia de su estilo musical. A excepción quizá de un par de canciones (“Trapped under ice” y “Escape”), el resto de temas son poco menos que leyendas del thrash metal y del metal en general, y es uno de los pocos discos (quizá el único) que jamás me cansaré de escuchar. A la típica pregunta de “¿… en una isla desierta?”: el Ride the lightning y un par de altavoces.

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Irene López

Después de buscar infinitas fórmulas para hacer criba o separar imprescindibles, me decidí a juntar evolución y melancolía. Y, a pesar de la dificultad de elegir tan sólo cinco discos, ha sido un análisis precioso que recomiendo a absolutamente todo el mundo.

QUEENS OF THE STONE AGE – Songs for the deaf (2002).

Con QOTSA, y más específicamente con el Songs, empecé a interesarme por la música de otra forma. Comencé a indagar sobre músicos, sus otros proyectos, colaboraciones, estilos similares…

Por ellos descubrí bandazas como KYUSS, a raíz de que fuese la primera banda de Homme, HERMANO con John García, CLUTCH o en general el stoner.

Me quedo con el Songs de todos los trabajos de QOTSA, pues en este disco se mezclan dos músicos que fueron de mis primeros “ídolos” y han supuesto una gran influencia para mí: el ya mencionado Joshua Homme y Dave Grohl.

Grohl, por su parte, me descubrió NIRVANA, SILVERCHAIR, ALICE IN CHAINS, PEARL JAM, SOUNDGARDEN (Ay, Cornell…) o PROBOT con todas sus colaboraciones, y con él comenzó mi salvaje atracción por las baterías.

Amparando verdaderos temazos como “No one knows”, “Go with the flow” y “A song for the dead” en este trabajo Homme ya va dejando claro que, como veríamos en posteriores trabajos, él hace con la música lo que le sale de las pelotas. Y lo hace bien, MUY bien.

DEFTONES – White pony (2001).

El nu metal fue también parte muy importante de mi adolescencia. Y, de hecho, dejé el estilo bastante de lado después de esa época. Lo tengo totalmente asociado a un tiempo en el que todo era rebeldía, fiesta y pocas responsabilidades, por lo que este y otros discos como cualquiera de SOAD, el Follow de KORN o su homónimo, el Believe de DISTURBED, etcétera, son la banda sonora de mis días de ánimo festivo. Junto a cualquier playlist de QUEEN.

No es el primer disco de nu que escuché, ese fue el Iowa de SLIPKNOT (otro recurrente), pero a raíz de este particular trabajo conocí también TOOL y A PERFECT CIRCLE, por la colaboración de Maynard Keenan en “Passenger” (temazo), que han sido también de las formaciones que más me han marcado.

A DEFTONES siempre se les encasilló dentro del nu metal, y yo estoy de acuerdo, pero también pienso que ellos iban un paso por delante. Eran aún más experimentales, atmosféricos y con dejes progresivos. De lo más fresco que había dentro del estilo.

Y, para muestra, sólo tienes que escuchar este disco. Que, por cierto, definitivamente se vendría conmigo a una isla desierta.

MEGADETH – Countdown to extinction (1992).

Ellos fueron mi siguiente escalón desde que los descubriera en Escocia gracias a un compañero de trabajo con el Countdown to exctinction (que no es mi favorito, ese sería el Rust in peace). Me acompañaron durante los casi cuatro años que estuve viviendo y conociendo las Highlands. Fueron mi primer concierto fuera de las fronteras españolas, y justo antes de verles por primera vez en Glasgow me hice mi primer tatuaje. Una etapa de mi vida preciosa. Y por todo ello, MEGADETH y este disco tienen un valor altamente sentimental.

En cierto modo fueron quienes me empujaron a prestarle atención a los clásicos de la música. Si ellos eran de los grandes y molaban tanto, ¿serían igual el resto de titanes? Y por ello me animé con METALLICA, SEPULTURA, KREATOR, alguna cosa de SLAYER y me di cuenta de que, salvo MEGADETH, posteriormente los nacionales MUTANT y alguna que otra excepción, no me gusta nada el thrash.

En el Reino Unido, por supuesto, tampoco dejé de escuchar, dentro de esa lógica de “diecinueveañera”, a IRON MAIDEN, JUDAS PRIEST, SAXON y un largo etcétera, que para sentar unas bases musicales y conocer auténticas joyas estuvieron de lujo, pero los clásicos, unidos al thrash, la NWOBHM, o el heavy en general después de esto pasaron a un segundo lugar.

DEATH – Symbolic (1995).

Debe ser el único trabajo que he tenido claro que iba a incluir desde el principio. Y que se sigue repitiendo una y otra vez en las listas de favoritos tanto de músicos como de oyentes. Porque, ¿qué no se ha dicho ya de este disco?

¿Por qué no hay más bandas como DEATH y más discos como el Symbolic?” No sé cuántas veces formulé esa pregunta después de escucharlos por primera vez. Ni cuánto he exprimido este trabajo durante años, ajustándose a cualquier momento, sentimiento o humor.

Además, y a pesar de que la voz de Schuldiner siempre me ha parecido adecuada pero ninguna barbaridad (odiadme), él fue quien me enganchó a las voces rasgadas y los guturales.

Después de esto me lancé a bucear en el mundo del death, y aunque estuve mucho tiempo empeñada en buscar el mismo sonido en otras bandas, y di con gente como los gallegos UNREAL OVERFLOWS, tiré por una rama más técnica y progresiva, y así fue como di con NECROPHAGIST, OBSCURA, CRYPTOPSY, WORMED y otras muchas bandas que hoy en día para mí son básicas.

NAGLFAR – Pariah (2005).

Este último disco me ha costado la vida misma elegirlo. Si hubiese seguido mi evolución musical, como en los cuatro anteriores (más o menos), ahora tocaría hablar del homónimo de SYMPHONY X y el progesivo, el Above the weeping world de INSOMNIUM y el death melódico (que daría en sí mismo para otro top 5)… El primer disco de black que escuché sería el At the heart of winter de IMMORTAL. El Excercises in futillity de MGLA, mi opción más romántica y pasional, o el Wintersun de WINTERSUN y mis viajes con la saga de Canción de hielo y fuego

El caso es que en mi lista no podía faltar algo de black metal. Principalmente porque es lo que más me representa en la actualidad, y en particular NAGLFAR porque me provocaron una sed insaciable por el negro metal. Y cada vez doy con más bandas que me dejan la boca abierta y el corazón asomando por ella. Sobre todo actuales.

Seguro que quienes les hayan seguido la pista estarán gritando a la pantalla: “¿Por qué no el Vitrra? eran puro DISSECTION”. Pues porque para gustos los colores, y el sonido de NAGLFAR en sus comienzos me llevó a rechazarles en una primera escucha, pero el Harvest, pegadizo como él solo, me enamoró de ellos y el Pariah me volvió incondicional. Esas melodías, esos riffs disonantes…

¿Cómo hacer de la misantropía y la muerte algo espectacularmente bonito? La respuesta está en NAGLFAR.

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Jabo García

Dado que no me he tomado esto como la lista de los cinco discos que más me gustan (porque sería rotundamente imposible) no me ha resultado tan difícil como pensaba decantarme por las obras que más me han influenciado, tanto a la hora de cantar como a la de amar el metal extremo como lo hago a día de hoy. He aquí mis cinco:

DISSECTIONStorm of the light’s bane (1995).

El disco con mayúsculas. Si bien The somberlain también es una joya, lo que creó Jon Nödtveidt para su segundo LP es magia; black/death sueco de corte melódico que marcaría el camino a seguir a muchas bandas que escucho muy a menudo a día de hoy.

Las gélidas guitarras desprendiendo muerte y melancolía son dignas de pasar a la historia del metal como una genialidad. Riffs con una técnica exquisita, melodías e ideas irrepetibles, así como las letras y voces de Nödtveidt, plasmando desesperación y dolor a punta pala.

HYPOCRISY – Into the abyss (2000).

Cierto es que para muchos no será de los mejores trabajos de los chicos de Peter Tägtgren, pero Into the abyss tiene todos los ingredientes que hicieron que me enamorase de HYPOCRISY: death metal crudo, con esos sintetizadores marca de la casa, medios tiempos, tralla, flirteos con lo melódico que más tarde se convertirían en ingredientes principales y por supuesto una de las voces dentro del metal que más me han inspirado a la hora de cantar.

Puesto que no hay disco de estos suecos que no me guste, me decanté por su séptima obra por ser el ecuador de la madurez del sonido que HYPOCRISY ofrece a día de hoy, un equilibrio perfecto entre sus primeros años y la actualidad.

DIMMU BORGIR – Puritanical euphoric misanthropia (2001).

Uno de los discos de metal extremo más revolucionarios de la época, o al menos así es para un servidor. Dejando a un lado el excelente apartado sinfónico, de teclados y sintetizadores, la producción, ejecución y composiciones son impecables y nos muestran a unos DIMMU atrevidos, más rápidos, más agresivos y extremos. Odiados de manera absurda por muchos “trues” que les acusaban de “no hacer black metal como el que hacían al principio”, si hubieran prestado atención a su discografía sabrían que este LP era el camino lógico (y sorprendente) que la banda debía tomar. Mi disco de metal extremo sinfónico favorito sin ningún tipo de duda.

NUMENGaldutako itxaropenaren eresia (2001).

Una de mis bandas favoritas, ya no sólo del panorama nacional, sino del mundial. Esta gente parece que no sabe hace nada que no mole, demostrando esto ya desde su EP debut.

La manera en la que estos vascos mezclan el pagan black metal con folk y brutal death es una puta sobrada. Se nota más la parte brutal en Basoaren semeak, su siguiente LP, pero yo les descubrí con este y le tengo un cariño especial. Sin contar con que los elementos folclóricos y extremos son una auténtica maravilla y que Aritz es otra de mis referencias vocales a nivel nacional, Galdutako itxaropenaren eresia fue una de las obras que más influenció en mi devoción por los sonidos paganos.

THE BLACK DAHLIA MURDER – Miasma (2005).

Descubrí Miasma casi al mismo tiempo que Unhallowed, su primer LP, pero al haberlos escuchado en orden, el salto que pegaron de un disco a otro me pareció brutal, musicalmente hablando y en producción, manteniéndose esta muy natural pero más profesional.

¿Qué decir de THE BLACK DAHLIA MURDER? Si tuviera que escoger bandas que pudiera contar con los dedos de una mano de las cuales me gustaran todos sus discos esta sería una de ellas. Death metal melódico de los más agresivos y particulares que he escuchado nunca y cuyas voces han ejercido una fuerte influencia en mis maneras como proyecto de vocalista.

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José Luis Díaz

THE CLASH – London calling (1979).

Mis comienzos en la música están estrechamente ligados al punk y después de mi etapa adolescente, donde el punk nacional era mi referencia, el descubrimiento de THE CLASH fue clave. Compromiso, fuerza, descaro y mucha calidad.

PEARL JAM – Ten (1991).

El sonido Seattle me ha marcado profundamente. NIRVANA, SOUNDGARDEN y PEARL JAM son tótems para mi, pero si tengo que elegir me quedo con este álbum de PEARL JAM. Es una obra maestra de principio a fin.

BLACK SABBATH – Paranoid (1979).

El metal ha sido otra constante en mi vida, y si hay un disco que prendió la mecha fue éste. Su sonido y su estilo han sido imitados hasta el infinito, pero la combinación Osbourne/Iommi es única.

DEVIL IN ME – The end (2010).

El hardcore es otro pilar básico para mí. Bandas como MADBALL, SICK OF IT ALL, AGNOSTIC FRONT o BLACK FLAG me han influenciado y me siguen acompañando. Sin embargo me parece justo nombrar como referencia a DEVIL IN ME, una banda portuguesa que consiguió a mi parecer grabar uno de los discos más honestos y redondos de la historia del hardcore. Larga vida a DEVIL IN ME.

ALEXISONFIRE – Crisis (2006).

Mi banda de cabecera. Los canadienses grabaron en 2006 el disco que más me ha impactado, rompió totalmente mis esquemas y comprendí que los estilos y las etiquetas no son más que un obstáculo para disfrutar de la música. This could be anywhere in the world es mucho más que una canción.

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José Manuel Simón

LEÑO – Corre, corre (1982).

Si hay que empezar por algún lado, se empieza por el principio. También podría haber puesto el Made in Japan de DEEP PURPLE, porque estos son los dos discos que mi padre solía poner en bucle y gracias a los cuales consiguió inocularme este virus. Vivir en Barakaldo significa identificarse con alguna de sus letras, y además en este disco tenemos temazos como “Entre las cejas” y el homónimo “Corre, corre” que muchas bandas han intentado copiar, pero nadie ha llegado a tener la clase y el nivel de LEÑO. Nadie.

IRON MAIDEN – Seventh son of a seventh son (1988).

El mejor disco de la mejor banda de la historia. Estamos ante el disco con más clase y elegancia de IRON MAIDEN, demostrada en clasicazos como “The evil that men do” y “The clairvoyant”, mis dos canciones favoritas de su carrera, y en otras piezas donde dan rienda suelta a sus influencias progresivas (“Infinite dreams” y “Moonchild”). Un dato: es el único disco de IRON MAIDEN que tengo en formato físico. Qué queréis, soy de la generación del eMule.

SOMAS CURE – Equilibrium (2013).

El disco con el que empezó todo, ya que fue mi primera reseña para Subterráneo y para mi anterior proyecto (Fakyea, un saludo, Fer). Considero a SOMAS CURE una banda especial que ya tiene un rinconcito en mi corazón, porque he visto su evolución (he tenido la fortuna de reseñar aquí todos sus discos e incluso entrevistarles) y me alegro de que estén donde estén porque se lo merecen, por su humildad y su constancia. Además de esto, hay temazos como “Bitácora”, “Te engañé”, “Colisiones” y la homónima “Equilibrium”.

MACHINE HEAD – The blackening (2007).

Ya os he dicho antes que soy de la generación del eMule. Descubrí este disco allá por 2010 y cada vez que lo escucho me sigue emocionando, y es que el propio Robb Flynn admite que nunca más podrá componer algo así. Además, admiro que ningún metalhead volviese a dar un duro por ellos tras pasarse al nu-metal y que sacasen temazos como “Halo” o “Clenching the fists of dissent” para volver a la tralla por la puerta grande y cerrar muchas bocazas. Es el disco que más me divierte escuchar.

HELLOWEEN – Keeper of the seven keys, I & II (1987 y 1988).

Los considero como un único disco porque era el auténtico deseo de HELLOWEEN. Qué voy a decir que no se haya dicho ya: si no son los dos mejores discos de la historia del metal, cerca andará. De dos genios como Kai Hansen y Michael Kiske solo podía salir salir el álbum perfecto, porque tiene temazos que son puros singles como “I want out” y “Dr. Stein”, otras más rápidas como “Eagle fly free” y “March of time” (si alguien me pregunta qué es el power metal le enseño esto), baladas como “A tale that wasn’t right” y las odas épicas y grandilocuentes de “Halloween” y “Keeper of the seven keys”. Si es que hasta por componer los temas más flojos pagaría cualquier banda de power metal de medio pelo.

Dejo fuera, aunque me joda, Lost forever // Lost together de ARCHITECTS (2014), Dookie de GREEN DAY (1994), Gaia II de MÄGO DE OZ (2005), El espíritu del vino de HÉROES DEL SILENCIO (1993), Sempiternal de BRING ME THE HORIZON (2013) y To pimp a butterfly de KENDRICK LAMAR (2015), a los que tengo mucho aprecio.

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Juanjo Gallego

Cuando lees este tipo de preguntas en un artículo o entrevista no te planteas lo difícil que va a resultar responderlas si te las plantean. Así que tras una criba, dolor de cabeza y sentimientos enfrentados por todo lo que me dejo fuera, ahí va una selección de cinco discos que me han marcado en mi vida y los motivos:

DEW-SCENTED – Inwards (2002).

Este es el primero que nombro porque fue el disco que abrió mi camino al meta extremo. En su momento me parecía incluso una abominación, y por ello el amigo que me lo grabó (en cinta de cassette, ¡qué tiempos!) me dijo “te acabará gustando, es sólo que aún no has acostumbrado ni tu mente ni tu oído”. Gracias a este álbum ahora puedo disfrutar de grupos de la agresividad de DAGOBA o GOJIRA.

KOMA – Sinónimo de ofender (2004).

Conozco a más de uno que usa frecuentemente la frase “no me gusta el metal en español”. ¿Pero qué estilo? ¿Es acaso lo mismo KOMA, MEDINA AZAHARA y SARATOGA? No. KOMA tiene un estilo muy especial, que me ha alegrado demasiadas tardes con sus letras como para no hacerlos aparecer en esta lista. Una pena que se hayan separado.

STATIC-X – Cannibal (2007).

RAMMSTEIN podría ser el mejor grupo de metal industrial si no hubiese existido el gran Wayne Static y su banda. Y con esta afirmación creo que he dicho suficiente para que escuchéis este LP de metal moderno y pegadizo.

CHILDREN OF BODOM – Follow the reaper (2000).

En mi adolescencia renegué de demasiadas cosas por intentar ser absolutamente “true”. Una de ellas era el progresivo. Cuando COB “evolucionaron” su death melódico llevándolo hasta un punto progresivo, aluciné con cuánto me podía gustar un contrarritmo o que una canción tenga más melodías y riffs de las necesarias. Fue hasta polémico su lanzamiento porque los fans lo acusaron de flojo comparado con los álbumes anteriores, pero es un álbum bestial.

METALLICA – Master of puppets (1986).

Quizá esto parezca obvio recomendarlo por la magnitud del grupo en sí, o de la misma canción que da título al álbum. Por ello quiero que repaséis el b-side del álbum. Eso que no se escucha tanto porque pulsamos stop tras los cuatro primeros cortes. Empezad desde “Disposable heroes” hasta “Damage Inc.” porque quizá pasa desapercibido que este álbum no tiene un riff o un minuto malo.

Otros: DAGOBAWhat is Hell about, DISTURBEDBelieve, SEPULTURAArise, KREATORViolent revolution, MACHINE HEADBurn my eyes, FEAR FACTORYDemanufacture.

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Marta Fernández

GUNS N’ ROSES – Use your illusion II (1991).

Recuerdo perfectamente cómo pasábamos las tardes de domingo mi hermana y yo, con nueve y cinco años respectivamente, tiradas en su cama con el libreto del Appetite for destruction, aprendiéndonos de memoria las letras de las canciones. Sin embargo, el Use your Illusion II fue el primer disco que elegí y que hice mío. Este trabajo fue el responsable de que me identificara con un estilo musical concreto, en un momento de inocencia en el que no entendía de prejuicios musicales. Creo que ahí empezó todo.

Ahora, debido a la distancia y a la decepción que me llevé con el Chinese democracy y con su directo hace algo más de una década, el primer disco de mi existencia está cogiendo (mucho) polvo en una estantería. Espero que el paso de los años me vuelva a reconciliar con ellos.

NON SERVIUM – Orgullo obrero (1999).

Mi macarrismo musical no se podría explicar sin el Orgullo obrero. A pesar de que el punk siempre fue el epicentro de mi sensibilidad musical, NON SERVIUM clavaron en mis entrañas la rabia del Oi!, el orgullo de barrio y las noches sin dormir. Fueron los responsables de la creación de auténticos himnos y de marcar un hito musical dentro de la música callejera dentro de la escena madrileña.

HELLOWEEN – Keeper of the seven keys 1 & 2 (1987/1988).

HELLOWEEN fue una banda que coexistía conmigo sin pena ni gloria. No les dediqué mucho más tiempo que las noches de Excalibur y la sintonía de Odyssey de Radio Jabato. Cuando, sin apenas esperarlo y con mucho recorrido como banda, el Rabbit don’t come easy me trastocó la existencia. Fue a partir de ese disco cuando sentí el mayor flechazo musical de mi existencia redescubriendo los Keeper of the seven keys. Posiblemente por lo tardío de mi descubrimiento, siempre seré más de Andi Deris que de Michael Kiske.

BARRICADA – La tierra está sorda (2009).

Me resulta imposible seleccionar un sólo disco de BARRICADA, es más, los considero una banda de la que puedo elegir más temazos independientes que discos completos. Por esa razón he optado por quedarme con La tierra está sorda, el último trabajo de estudio de la formación compuesta por el maravilloso triunvirato de El Drogas, Boni y Alfredo Piedrafita a los que siento como Los Barri originales. Este trabajo es una obra que devuelve la dignidad a las víctimas del episodio más oscuro de nuestra historia, una dignidad que le debemos como pueblo y que BARRICADA ha hecho de una manera magistral. Siempre he reivindicado la música como herramienta de expresión política y La tierra está sorda va un paso más allá, porque no sólo tiene valor musical, sino también literario e histórico.

EL ÚLTIMO KE ZIERRE – Esperando al viento (1995).

El punk rock de los primeros trabajos de EL ÚLTIMO KE ZIERRE me acompañó durante los mejores momentos de mi post-adolescencia. Creo que es el grupo que más veces he visto en directo. La pasión del Feo sobre el escenario y la potencia de sus letras, en las que se entrelazaban el amor, las drogas y la rebeldía, sirvieron para prender la mecha de todo el fuego que me ardía dentro. Sin ser nada especialmente extraordinario lograron poner la letra y los acordes exactos a todo lo que yo trataba de expresar en aquellos años. Una banda para no olvidar.

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Pablo Balbontín

Si el lector se fija en mi lista verá que todos los discos son relativamente modernos, algo que se debe a tres razones: se sigue haciendo música de calidad que data más allá del 86, me han marcado a mí a título personal, no pretendo sentar cátedra; y que detesto ver el Reign in blood y el Somewhere in time en todas las putas listas, como si no hubiese más discos relevantes. Además, lo interesante de estas listas es aprender algo nuevo, que todos nos sabemos el Master of puppets de memoria. Ah, y una última cosa: son todos los que están, pero no son todos los que son.

LINKIN PARK – A thousand suns (2010).

Podría haber dicho el Hybrid theory, porque fue el primer disco que tuve en mi vida, pero, como he dicho en la introducción, no voy a hacer lo típico. A thousand suns fue un álbum que odié a la primera escucha o, más bien, al primer single, “The catalyst”. Pero decidí darle una oportunidad hasta que a base de escuchas se convirtió en mi favorito y no me asusta decir que objetivamente es el mejor, donde el grupo reventó los estándares propios y los que debían ser los del rock mainstream para hacer un disco complejo y experimental, que no entra a la primera, que llevó al hartazgo al grupo durante su grabación.

Cabe de todo, desde el industrial de “Blackout” hasta la balada acústica pacifista “The messenger”. Todo el álbum merece ser escuchado de principio a fin, una maravilla.

CELTIC FROST – Monotheist (2006).

Reconozco el mérito y la influencia de Into the Pandemonium o To Mega Therion pero nunca he conectado con ellos, hasta que descubrí “A dying god coming to human flesh”, la canción más suave de la obra, pero que destilaba una oscuridad como no había oído nunca. Eso me llevó a este opus, una maravilla llena de malevolencia y muy sombría, que bien te aplastaba con “Progeny”, te conmovía con “Obscured” o directamente te llevaba a las catacumbas con “Synagoga Satanae”, un auténtico ritual ocultista.

Desde aquel disco me di cuenta de que a mí lo que más me atraía en la música no era la agresividad o lo épico, sino lo oscuro y retorcido.

AS I LAY DYING – The powerless rise (2010).

Ahora que los odios en el mundo metálico se concentran en el post black metal, hubo un tiempo, la pasada década, donde el trono de mierda le correspondía al llamado metalcore melódico, un término vago que englobaba a una serie de grupos que pegaron el pelotazo cuando el cadáver del nu metal se encontraba aún caliente, allá por 2003, y en el que se incluía a gente tan dispar como DEVILDRIVER, SHADOWS FALL, LAMB OF GOD o estos chicos de los que hablamos. Vale que la fórmula de versos guturales y estribillos melódicos era para denunciar a esos grupos a la Audiencia Nacional y que la tendencia a abusar de triggers y ponerlos al frente de la mezcla creó una generación de metalheads obsesionados por discutir quién era mejor batería que quién sin haber tocado una baqueta en su vida, pero AS I LAY DYING fueron mucho más que eso. Salieron de la fuerte escena yanki de hardcore cristiano para abrazar el death melódico a lo Estados Unidos en An ocean between us y este The powerless rise. Ambos discos me reventaron los prejuicios que tenía sobre el género. Para empezar porque no sonaban para nada a aquello en lo que intentaban encajonarles, y porque The powerless es una máquina de riffs excelentes, ritmos criminales y con el punto justo de melodía que hacía irrepetible esta obra. Durante sus 50 minutos es un no parar de violencia sónica. A la mierda los prejuicios.

ROB DOUGAN – Furious angels (2002).

¿Os ha pasado alguna vez que las letras de un grupo os hablan directamente a vuestra mente? El Sr. Dougan lo consiguió con su único disco completo hasta la fecha. No sólo me marcaron sus letras, también me abrió la puerta del trip hop y la electrónica en general, mundos en los que disto mucho de tener un vasto conocimiento pero en los que me siento como en casa. Más allá del tema homónimo y “Clubbed to death” (sí, la de Matrix), este crooner moderno, dignísimo sucesor de Sinatra, todo está plagado de cortes elaborados a la perfección y realmente sentidos. “I’m not driving anymore”, “Born yesterday”, “Speed me towards death”… En todas ellas abre su alma ante nosotros y nos canta directamente al alma. Dougan se muestra arrogante, vulnerable, esperanzado…. Se muestra humano.

FUNEBRARUM – The sleep of morbid dreams (2009).

Musicalmente ha supuesto para mí un antes y un después. El death metal siempre ha sido mi estilo de música favorito; da igual lo que escuche, tarde o temprano volveré a él, a pesar de que con los años he ido abriendo mi mente a otras sonoridades, una de las ventajas de irse haciendo viejo. Pero FUNEBRARUM me aplastaron contra el suelo más que ninguna otra banda, ese sonido oscuro que impregna todo el álbum era lo que llevaba buscando durante años. Nada más escuchar “Perish beneath” sabía que algo grande estaba por venir.

Así es, para mí, como se debe hacer death metal, con una buena dosis de oscuridad y agresividad, que realmente tengas la sensación de estar encerrado en unas catacumbas. A partir de ahí me interesé por el lado más cavernoso de este género: IMPETUOUS RITUAL, DEAD CONGREGATION, ANTEDILUVIAN, GRAVE UPHEAVAL, KRYPTS, CRUCIAMENTUM, ABYSSAL… Y los padres espirituales de todo esto, INCANTATION. Sin embargo, muchas de estas bandas no me llegaron a atraer tanto (bueno, ABYSSAL sí, pero se me acaba el espacio de discos), quizás porque se adentraban tanto en la caverna que resultaban demasiado densas. Incluso INCANTATION no han conseguido lo que este Sleep of morbid dreams sí ha hecho: quedarse en tu mente y atraerte allá donde ni la luz es capaz de penetrar…

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Pedro Díaz

BLIND GUARDIAN – Nightfall in Middle-Earth (1998).

Si mi memoria no me traiciona, podría asegurar que este es el primer disco que me compré relacionado con el metal. Un disco adquirido a ciegas, sin conocer al grupo, aunque por aquel entonces apenas conocía algún grupo. Básicamente me atrajo su portada, y aún recuerdo la fascinación que me produjo su primera escucha. Una sensación, la de estar descubriendo un mundo de sonidos nuevos, que pocas veces he vuelto a sentir y que, en parte, el anhelo de esta sensación es lo que me hace -a día de hoy- seguir escuchando y descubriendo nuevos grupos. Después de este disco he conocido muchos más y mejores y, aun así, el tiempo no le ha restado magia y un servidor sigue disfrutando cada uno de los 22 temas que lo componen.

IRON MAIDEN – Iron Maiden (1980).

¿Y tú con que grupo grande te iniciaste en el metal? Esta es una de las preguntas que seguramente te han, o te has, hecho alguna vez. En mi caso, la doncella de hierro fue mi principal referente y uno de los grupos que más me han marcado. Pese a que inicialmente me saltase la etapa de Paul Di’anno, fue precisamente el disco debut de la banda quien me hizo redescubrirlos cuando los tenía olvidados. Volver a disfrutar de ellos una y otra vez es de esos placeres de la vida de los cuales uno nunca se cansa.

AVALANCH – El ángel caído (2001).

Hablar de power metal hecho en español para mí es hablar de esta banda y este disco. Quince años después, creo que no exagero si lo considero un clásico imprescindible para entender el power metal de aquí, y el disco cumbre de su carrera hasta el momento. Curiosamente este disco fue el último publicado bajo la marca AVALANCH que puede encasillarse dentro de dicho género, pues se alejaron considerablemente en los siguientes trabajos. Aunque me siguió gustando la trayectoria que tomó la banda, un servidor siempre ha añorado su vertiente inicial.

INSOMNIUM – In the halls of awaiting (2002).

Este disco -y más concretamente el tema “The elder”- abrió una puerta de sonidos que tenía cerrada, ampliándome el espectro de estilos a escuchar. Hasta el momento las voces guturales eran algo que mis oídos no conseguían digerir bien, fue gracias a este trabajo que poco a poco me introduje en el death metal melódico. Una vez abierta esa puerta, el mundo del death metal en particular -y del metal extremo en general- se hizo mucho más asequible.

EDGE OF SANITY – Crimson (1996).

Trabajo que descubrí casi una década después, y que he escuchado hasta la saciedad para recuperar el tiempo perdido. En la lista de discos que te llevarías a una isla desierta, Crimson está siempre en las primeras posiciones. El trabajo contiene dos ingredientes imprescindibles para mí: calma y locura a partes por igual. Además utiliza uno de los instrumentos por el cual siempre he sentido predilección, la guitarra acústica.

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Rafa Pascual

KUEROCalles punk (2001).

Un disco lleno de himnos que marcó una etapa de pasar de escuchar sólo música a entenderla como una manera de vivir y de expresarse. Cada tema me hace volver a aquellos tiempos de cuando tenía diez u once años y nos pasábamos el día diciendo gilipuerteces y soñando con crear una banda y hacer el mal.

SLIPKNOTIowa (2001).

De los primeros álbumes que empecé a escuchar, allá por el 2001/2002, junto a RAMMSTEIN y SEPULTURA, fueron bandas pioneras para mí que escuchaba a raíz de mi hermana mayor y que me empezaron a llevar por este sendero oscuro y macabro. Un compacto potente y directo, con la calidad que precede a la banda.

FOURSCOREEl placer del rencor (2010).

En mi opinión uno de los mejores discos y una de las mejores bandas de hardcore del estado, tanto por estilo como por actitud. Este disco que empecé a escuchar hace siete años, y que aún sigue vigente actualmente en mi lista de reproducción, me dejó muy claro que lo mío era el hardcore. Brutalidad, actitud y sé tu mismx son las palabras que definen el disco.

ESCUELA DE ODIODe la esclavitud a las cenizas (2004).

Letras con mensaje y desde el corazón. Estos asturianos militantes de la clase trabajadora dejaron muy claro que el fin no justifica los medios y que la lucha es del pueblo y su ring es la calle.

AGNOSTIC FRONTWarriors (2007).

Padrinos del NY hardcore que junto a MADBALL y cientos de bandas más han influenciado a numerosas y numerosas bandas, contando la mía. Esta grabación está llena de canciones que aún perduran y siguen calentando el pit como el primer día.

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Raúl Orchid

DISSECTION – Storm of the light’s bane (1995).

Si tuviese que decir un disco que me llevaría a una isla desierta sin ninguna duda ese sería el Storm of the light’s bane de DISSECTION. La banda sueca, dejando a un lado la personalidad excesiva de su componente principal, Jon Nödtveidt, es el arquetipo de metal extremo con melodía para mi gusto. Tanto black como death, con unos desarrollos que transmiten frialdad como la de la cuchilla de la guadaña mortuoria de la portada y enganchan al mismo tiempo quedándose en nuestras mentes de manera obsesiva, y todo ello sin que se vea comprometida la tremenda sensación de maldad que evocan. Temas como “Unhallowed“, “Thorns of crimson death” o sobre todo esa maravillosa oda a la muerte que es “Where dead angels lie” son imposibles de superar por mucho que se haya intentado. Y no sólo por producción, genial con Dan Swanö tras los controles, sino por el propio espíritu que navega en sus riffs y melodías. Todavía tengo en la memoria cuando pude verles en directo en 2004 después de salir Jon de la cárcel y un par de años antes de suicidarse. Nunca olvidaré aquél concierto, y este disco será de los que más veces he escuchado en mi vida.

OPETH – Blackwater Park (2001).

Hubo un tiempo en que OPETH era mi banda favorita. Consumía con fervor todos sus lanzamientos, desde aquel Orchid ingenuo y al que en parte debo mi pseudónimo. La culminación para mí fue también el inicio de “algo” diferente en el seno de la banda de Mikael Akerfeldt. Blackwater park fue el disco que encontró en el camino al compositor y genio sueco con el señor Steven Wilson de PORCUPINE TREE y desde ese momento ambos iniciaron una andadura de simbiosis que abrió a Wilson al público metálico (ahí tenemos In absentia) e introdujo a OPETH en terrenos progresivos setenteros. De hecho el disco se llama así por una banda de los setenta alemana. El resultado, con la producción oscura y cerrada de Fredrik Nordström y el propio Wilson, es un disco apoteósico: intenso, mórbido, lleno de matices y fuerza al mismo tiempo… OPETH siempre tuvo el don de componer temas largos que estaban perfectamente estructurados y los claroscuros de Mikael con su voz eran incomparables. Escuchar cortes como “The leper affinity“, la hipnótica “Bleak“, la obsesiva “The drapery falls” y, cómo no, esa bestialidad que es el tema título, que acaba de manera orgásmica, siempre era una experiencia gratificante. Después, poco a poco OPETH se fue distanciando de la oscuridad y su relación con el progresivo setentero aumentó, hasta que ya no son nada de lo que eran.

BLACK SABBATH – Dehumanizer (1992).

Puede sorprender que elija justo este disco de BLACK SABBATH, un trabajo alejado de lo que todo el mundo considera que era su época dorada, una jugada que Iommi le hizo al entonces vocalista de la banda, el siempre minusvalorado Tony Martin, y que supuso reunir la formación que grabó Heaven and hell y Mob rules, es decir, que volvió a juntar a Dio con la banda. Pero la razón es simple: Dehumanizer fue el primer disco de heavy metal que escuché nunca. Y desde el principio me enamoré de él. La sensación de poderío rítmico que transmite Appice en cada pegada, con ese sonido tan latoso de su batería, la electricidad que contagian los riffs de Iommi con el siempre omnipresente Geoff Nicholls tras los teclados, el bajo inventivo de Butler y por supuesto la soberbia voz de Dio, me abrieron terrenos que no sabía que existían en la música. De hecho, al principio tuve la sensación de estar escuchando un tesoro escondido, de iniciar una pasión oculta que desde aquel 1996 en que lo adquirí, hasta ahora, me ha abierto más de veinte años de placer. Y no será su mejor obra. De hecho, está bastante infravalorada, pero probablemente será el único disco de mi amplia discoteca (que ya cuenta por dos dígitos los miles de discos…) que me sé de memoria desde el principio hasta el final. “Computer god“, “After all” (me encanta la sensación de dominio de Dio con su voz), la potente “TV crimes“, “Master of insanity“… es imposible elegir un tema, todos me encantan y me parecen únicos. Reconozco que luego al navegar hacia detrás en la música de BLACK SABBATH encontré discos mejores, pero por apego sentimental Dehumanizer no puede faltar.

SLIPKNOT – Slipknot (1999).

Si pongo el Dehumanizer de BLACK SABBATH por apego sentimental, este “no debut” de SLIPKNOT lo pongo por lo mismo. Andaba yo en el instituto y, aunque ya escuchaba sonidos duros, me movía más por otros derroteros como el punk melódico y el rock alternativo. Esto me llevó a un festival mítico en su momento en los alrededores de Madrid que fue el Festimad de 2001. Era el momento de mayor popularidad del nu metal y, aunque yo ya había escuchado algún que otro grupo en los locales de Malasaña, no era un estilo que siguiera mucho, hasta que me planté en Móstoles y pasaron por allí entre otros SLIPKNOT. Cuando los tíos salieron con esos trajes de presidiarios y esas máscaras pensé que era una broma. Pero cuando escuché temas como “Eyeless“, “(Sic)” o “Purity, o sobre todo la forma en que acabaron con “Surfacing“, entendí que todo mi odio adolescente había encontrado por fin apego en una banda. El siguiente trabajo, que fue precisamente el que presentaban en ese Festimad, Iowa, era aún más bestia, pero sólo por esos temas citados me quedo de largo con el “no debut” de SLIPKNOT: fuck it all!!!

POSSESSED – Seven Churches (1985).

Puede sonar a falsa autenticidad, pero escuché antes a POSSESSED que a METALLICA. Con esta banda descubrí el metal extremo y el thrash metal. Escuché “The exorcist” y, como estaba un poco obsesionado con la película, me sorprendió aquella música tan caótica y violenta que escapaba a todo lo que había escuchado hasta ese momento. Cuando vi el disco, con su satánica portada, me terminé de enamorar. Pocas camisetas habré usado con tanto fervor como la del Seven churches, y es uno de esos discos que colecciono en varios formatos, sólo por completismo. La voz de Becerra, las guitarras tan sádicas de Torrao y Lalonde, el caotismo absoluto de los ritmos de Sus… yo creía que aquello estaba mal hecho, que estaba mal producido o que lo habían grabado mal, pero no era así, simplemente era maldad sin contemplaciones. “Pentagram“, “Evil warriors” y, cómo no, “Death metal“, que me descubrió lo que era este género cuando investigué y empecé a hacerme con cosas de DEATH, CANNIBAL CORPSE, MORBID ANGEL… la culpa la tuvo POSSESSED. Se puede decir que su espíritu me poseyó y ya no tuve marcha atrás.

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Robin RM

METALLICA – Kill ‘em all (1983).

Qué sería de mí como metalhead si no señalara un disco de los de Hetfield/Ulrich & Co. Probablemente no será su mejor disco, pero sí el más rabioso y uno de los más enérgicos (junto con …And justice for all, el primero que llegó a mis manos de ellos). Esa furia y potencia juvenil trasladada a unas afiladas guitarras y una voz aguda e intensa… Las vueltas y vueltas que daría aquella TDK de 60 en mi walkman, en la minicadena…. Después cuando compré el vinilo no dejaba de pincharlo. Mi pasión con el thrash había comenzado.

MEGADETH – Peace sells… but who’s buying? (1986).

Para muchos metaleros de la época, los de Mustaine no eran más que una copia de METALLICA que seguía el mismo camino y daba los mismos pasos que ellos, pero para mí definitivamente no lo eran y más adelante llegaron a sobrepasar en mi altar de preferencias a los Four Horsemen. Con unas letras agrias, ideales para un adolescente, y una agresividad desenfrenada, sin duda fue una gloriosa banda sonora de aquellos días.

PESTILENCE – Testimony of the ancients (1991).

No han sido ni una ni dos veces las ocasiones en que he leído que a determinados fans de la ahora llamada música extrema no les gustaba o no escuchaban thrash metal. Pero ese desde luego que no era mi caso. Yo estaba muy metido en ese movimiento (eso sí, nada de cosas rebuscadas de 3ª división regional) y lo cierto es que lo que no era mi rollo era el heavy clásico de MAIDEN, HELLOWEEN, OZZY, SAXON… o aún menos el rock urbano de EXTREMODURO, PORRETAS, REINCIDENTES, LOS SUAVES… con lo que el paso a las voces guturales y afinaciones graves fue totalmente natural. Este pedazo de álbum fue clave en lo que serían mis gustos de ahí en adelante.

DEATH – Individual thought patterns (1993).

Si el anterior disco fue una pieza angular, este no lo fue menos. Ambos llegados a mí en un mísero cassette de 90 (un álbum en cada cara), gracias al familiar de un amigo de la época, significó un antes y un después para mí. Esa voz, la velocidad, técnica y oscuridad que desprendían aquellas composiciones… Fue algo que reventó mi cabeza y hoy en día me siguen fascinando.

ASPHYX – The rack (1991).

¿Qué podría resultar de mezclar aquella tenebrosidad y brutalidad con la acidez y melancolía que todos hemos llegado a sentir alguna vez? Pues ASPHYX y las voces de Martin Van Drunen son la respuesta. Atmósferas muy cargadas, música lenta, sucia y pesada junto a un vocalista diferente y único son razones suficientes para tener este disco entre uno de mis favoritos de todos los tiempos (ojo también a The last one on earth). Desde luego no estaba nada mal para ser una de las primeras formaciones del género que descubría junto a MORBID ANGEL, GRAVE, GOREFEST, DEICIDE, OBITUARY

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Sergio Puebla

Qué difícil elegir cinco discos que te han marcado la vida o mi top cinco de discos o lo que sea, joder, ya me cuesta hacerlo cuando son diez, con cinco ni os cuento. Así que haré como siempre y lo haré un poco a voleo e invocando ese voluble y a veces tan denostado criterio mío.

IRON MAIDEN – Live after death (1985).

No puedo decir que fue el primer disco de metal que escuché en mi vida, que eso quedaría muy bonico, pero la verdad es que no tengo ni idea de qué disco fue ese. Entre la tele y los discos que ponía mi hermano vete a saber cuál tiene ese discutible honor. Pero sí que fue un disco que se me quedó grabado a fuego en la retina y en la sordina. Aunque tendría que puntualizar que más que el disco fue el VHS, que me flipó desde el minuto cero en que lo vi, y al cual recurrí muy a menudo en mis tardes adolescentes. Ese inmenso escenario, esas pintas “guapas” (ahora más discutibles jejeje), esa multitud flipando igual o más que yo con lo que estaban viendo y sobre todo el espectáculo sonoro y visual de fuegos, luces y monigotes pululando por el escenario, me cautivaron de una manera irremediable. Luego llegarían las tardes quemando el vinilo en el tocadiscos de mi hermano y aprendiéndome los temas al dedillo.

BLIND GUARDIAN – Somewhere far beyond (1992).

El disco llegó a mis manos a finales de los 90 en una época donde tenía algo abandonado el metal, o si más no, su vertiente más clásica. Grupos de metal noventero como MACHINE HEAD, PANTERA, WHITE ZOMBIE o grupos de punk rock a lo BAD RELIGION eran lo que más me tiraba por la época. No había dejado de lado los clásicos, pero tampoco estaba muy metido en el tema. Un buen día un colega me pasó una cinta con este disco y al escucharlo volvieron a mí viejas sensaciones y a la vez unas nuevas que me colmaban de felicidad. Ahí estaban esas guitarras dobladas a lo HELLOWEEN, esos solos y esa energía, pero había más, mucho más. Mi parte rolera y lectora de fantasía flipaba con la portada y donde me llevaban las letras de las canciones. La epicidad de los temas y la voz de Hansi me enamoraron al instante. Y además hay que añadirle ese toquecillo guarrete y thrashero que aún conservaban sus temas. A partir de ahí volví a engancharme con más fuerza que nunca al metal y empezó mi periplo por los cientos de estilos que tiene esta mierda que tanto amamos.

DARK TRANQUILLITY – The gallery / DISSECTIONStorm of the light’s bane (1995).

Voy a hacer algo de trampa y voy a poner estos dos discos como si fueran uno solo, pero para mí es como fue, ya que me llegaron los dos juntos en el mismo K7 y por tanto para mí cuentan casi como un igual, ya que era acabar una cara de la cinta y ponerme la siguiente.

Yo no era ajeno a las voces guturales y a los sonidos más duros del metal, pero nunca habían logrado cautivarme del todo, ya fuese por voces muy burras o por música demasiado agresiva para mí. Pero cuando cayó en mis manos esa cinta fue una revelación divina. Qué voz más bestia y guapa tenía el pavo de DISSECTION, que melodías de guitarras más flipantes, guitarras dobladas por doquier, solos y riffs demoledores y qué velocidad más bestia, que cambios de ritmo más brutales y que locura de disco en general. No había escuchado nada igual en mi vida. El de DARK TRANQUILLITY también me gustó mucho, pero era más oscuro y las partes más brutas de batería a piñon “blast beat” (en aquella época no tenía ni zorra de qué era eso) no acaban de molarme tanto. Imaginad cuál fue mi sorpresa que cuando llegó el CD del pedido que hice para tenerlos originales (sí, antes se hacían estas cosas) y me di cuenta de que los títulos de los discos estaban cambiados y el que tantísimo me había flipado era el de DARK TRANQUILLITY y no DISSECTION. Evidentemente al poco lo remedié y me pillé el The gallery no sin la sorpresa de darme cuenta de que en la cinta que me habían pasado faltaba el tema “…of melancholy burning” que con el tiempo se ha convertido en mi favorito junto a “Edensping”.

GREEN CARNATION – Light of day, day of darkness (2002).

Lo mío con los temas largos es algo enfermizo o algún tipo de tara, ya que la mayoría de mis temas favoritos de los grupos son sus temas de más minutaje. Por tanto, cuando me dijeron que había un grupo que tenía un disco con un solo tema de sesenta minutos no pude resistirme, y si además hablaban maravillas de él el ansia de escucharlo era aún más irrefrenable. Light of day, day of darkness es una obra hecha con el corazón, es puro sentimiento, y eso se nota en cada segundo del disco. La primera media hora de disco me parece simplemente una OBRA MAESTRA, así de simple, no le sobra nada y, aunque hay que ir descubriéndolo poco a poco, al final acabas haciéndote con él, aceptando todos sus cambios de ritmo, sus partes acústicas, sus redobles, sus gloriosos riffs y los cientos de capas de sonidos y detalles que se esconden en él. Después de esta media hora viene la parte del saxo y los grititos que hay que decir que cortan un poco el rollo, pero conociendo la historia del disco y echándole escuchas acabas encajándola en él.

La segunda parte, más oscura y menos luminosa que la primera, cuesta más de asimilar, más aún si no estás acostumbrado a sonidos setenteros y progresivos, pero vive dios que cuando la conectan de esa manera tan perfecta con la melodía de la primera parte lo mínimo que puedes tener es un orgasmo musical.

Sólo puedo decir que creo que es un disco que hay que escucharlo una vez en la vida, y si luego te acaba subyugando, como a mí, ya es cosa del destino.

MOURNING BELOVETH – Formless (2013).

Mi encuentro con el doom metal no lo tengo muy claro, pero antes de escuchar este disco hacía tiempo que estaba metido en él, incluso tenía algún disco del grupo, pero nunca les había hecho mucho caso. Pero este disco me sedujo desde el primer momento. Temas laaaaargos (¡yuhu!), densos, repetitivos, con riffs simples pero jodidamente efectivos, con un bajo brutaaaal, creando un colchón de gordura y melodía a la vez (¡como a mí me gusta!), unas melodías tristes y melancólicas sublimes y con una voz gutural medio rota que es la puta bomba y un contrapunto perfecto a la voz limpia. Aún me pregunto cómo cojones se puede expresar tanto sentimiento con un par de notas como con el principio de “Theories of old bones”, empezar un disco así es toda una declaración de intenciones.

Desde luego es un disco que me ha marcado y al cual recurro muy a menudo. Algún día haré un tema como “Nothing has a centre”.

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Sil

BON JOVI – Slippery when wet (1986).

Siempre fui consciente de que mi hermano escuchaba cosas distintas a las que yo podía oír en otros sitios. Y un día escuché música pero sin música y un golpe de repente. Darling you give love a bad name. Parapam. Probablemente entré en la habitación de mi hermano y empecé a bailar de forma bastante ridícula, tanto como mis cuatro años me permitían. En algún momento le pregunté qué era el golpe del principio y me dijo que era una batería. Me explicó un poco como funcionaba y me fascinó que hubiese un instrumento al que se le daban golpes. Pero también me dijo que el que molaba era el guitarrista, Sambora. Y también un tal Van Halen, y Santana y Satriani

Seguramente todos los habitantes del planeta tierra tuvimos bastante “You give love a bad name” durante los 90. También más “Livin’ on a prayer” del que probablemente debimos haber tolerado. Pero los riffs chulescos y vacilones de “Social disease” o el rollo baladita ochentera de “Never say goodbye” también tuvieron su punto.

Sobre todo para mí este disco significó saber que la música era muy divertida, que los instrumentos eran algo muy raro en lo que tenía que profundizar y que los chicos podían llevar el pelo largo.

KAMELOT – Karma (2001).

Tendría doce años cuando de alguna forma llegó a mis manos un CD grabado de un grupo que se llamaba KAMELOT. Me parecía muy guay que se llamase así, estaba en una época en la que todo el rollo medieval me alucinaba.

Cuando empezó pensé que era algún tipo de música instrumental medieval, y me gustó. Pero empezó “Forever” y me gustó más. Y Roy Khan cantó y parecía que empezaba a contar una historia que tenía que quedarme a escuchar. Nunca había escuchado nada parecido y durante un verano entero solo escuché ese disco en repeat.

Con “Across the highlands” me imaginaba cabalgando a una guerra mientras tocaba una guitarra eléctrica. Con “The spell” reforzaba mi cuidadísima idea de que algún día cuando fuese mayor podría ser una bruja, y mientras escribía hechizos y organizaba aquelarres pondría canciones como esa. Con “Don’t you cry” no podía parar de llorar. Cuando volví de esas vacaciones solo quería escuchar power metal para siempre.

IRON MAIDEN – Seventh son of a seventh son (1988).

Tuve que descubrir a IRON MAIDEN en directo para saber que me encantaban. Me gustaban algunas canciones sueltas pero nunca les di más vueltas, y menos mal que llegó Antonio Andrades a decirme que eso era una barbaridad y un sinsentido.

Empecé por el principio con el homónimo y Killers. Empezaba a recordar momentos de mi vida en los que habían sonado esas canciones sin que yo supiera que era IRON MAIDEN, y de alguna forma me sentí acompañada. Estaba intentando aprender alguna de las canciones de esos discos cuando murió Clive Burr, el batería con la espontaneidad que yo intentaba imitar en vano. Y más que nunca entendí que los artistas no mueren.

Pero continué escuchando y en todos los discos de MAIDEN había canciones que me gustaban más y otras que me gustaban menos. Cuando llegué a Seventh son of a seventh son escuché con atención todo el disco. Había momentos en los que llegué a estar molesta porque no paraba de pensar “ahora vendrá una floja“. Y sonaba “Infinite dreams”. “Ahora vendrá una con menos rollazo“, “Can I play with madness”. “The evil that men do”, “vale, empieza lenta, seguro que esta es aburrida“, mierda para mí. Y así me pasé todo el disco la primera vez que lo escuché. Las siguientes ya pude disfrutarlo siendo consciente de la maravilla azul ante la que me encontraba.

SLAYER – Reign in blood (1986).

Viví hasta los veintitrés años pensando que SLAYER eran basura y sus fans una panda de descerebrados jodidos de la cabeza. Supongo que porque nunca había escuchado SLAYER y había conocido a gente muy ida de pinza que llevaba camisetas o muñequeras de los susodichos. Sí, las personas a veces somos gilipollas, pero podemos abrir la mente y dejar de serlo a ratos.

Me crucé con un fan de SLAYER que no era un descerebrado, y que quiso demostrarme lo equivocadísima que estaba. Así que mi partisano Antonio Andrades me puso un vídeo con SLAYER tocando “Raining blood” y me dijo “y ese es Lombardo, escucha lo que hace“. PUM PUM PUM. Taninoniii ninoniii ninoniiii. PUM PUM PUM. Estaban cubiertos de sangre. Y a mi me pareció lo más bonito del mundo.

Antonio me contó mil datos de SLAYER y me dijo que no escuchase el Reign in blood entero de golpe, porque era mucha tralla muy concentrada. Así que lo primero que hice fue ponerme ese disco del tirón muchas veces. Era como drogarme y ponerme cachonda a la vez. Cada bombo era una embestida y cada riff una caricia bastante prometedora. Sentía una imperiosa necesidad de correr y gritar y entendí por qué los fans de SLAYER estaban tan desquiciados: eran felices.

DEATH – The sound of perseverance (1998).

Este disco llegó a mis oídos de la mano de la directora de este webzine. Creo que la conversación en la que me lo presentó describe perfectamente el disco, así que poco más haría falta añadir.

Estábamos en su casa, escuchando música en el ordenador. Y me puso un disco que tenía que escuchar, porque era la hostia.

Pone “Spirit crusher” y no habían pasado ni treinta segundos de canción cuando la cabrona se pone a hablar.

¿No te flipan?

Yo miraba la portada del disco y no sabía lo que era. Era una montaña con personas luchando por trepar. También era una boca terrorífica que parecía gritar en un intento de sacarse de encima unos personajillos que le molestaban.

-El cantante es el guitarra también.
¿Cómo se llama?
Chuck, pero está muerto, tuvo un tumor en el cerebro.

En ese momento yo estaba aprendiendo bastantes cosas sobre el cerebro, y mi atención fue directamente al tumor de Chuck. Lo imaginé como una de esas personas trepando por la boca gigante de la portada, y me pregunté cómo algo así podía destruir a alguien capaz de hacer aquello que estaba escuchando. Las guitarras hipnóticas, la voz desgarrada como si fuese de un monstruo que intenta aconsejarte que no hagas algo terrible. Sentía una especie de cosquilleo con los platos de la batería y los ritmos que bailaban alrededor de todo aquel panorama como si nada fuese con ellos. Y el bajo, que hacía que todo pareciese en llamas, lleno de humo, sin escapatoria.

En mitad de mi cabeza imaginando todo eso, habló Irene.

Pero tía, ¿no te gusta? ¿No ves que es como alguien luchando por vivir? Si no te gusta estás muerta por dentro. Eres un robot.
Cállate, coño, que lo quiero escuchar.
¿Pero te mola?

Claro que me mola, Irene. Volví a mi casa aquella noche, lo escuché y me alegré de estar viva. Me alegré de que Chuck también lo hubiese estado en algún momento y me enfadé porque ya no lo estuviera.

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Silvia García

ROSENDO – Loco por incordiar (1985).

Será difícil elegir los otros cuatro discos que me hayan marcado, porque el primero lo tengo clarísimo. Loco por incordiar (1985), el primer disco de ROSENDO en solitario tras la disolución de LEÑO. Entonces todavía estaba buscando mi lugar en el mundo. Escuché ese disco con trece años y la búsqueda terminó. Ahí supe lo que yo era, lo que había sido siempre. Encontré la música que me acompañaría el resto de mi vida. Todavía después de infinitas veces “Flojos de pantalón” me sigue emocionando en directo. Y lo que es más, la inconfundible silueta de Rosendo, guitarra y cigarrillo en mano, que fue la portada de ese disco, está grabada para siempre en mi piel.

LOS SUAVES – Santa compaña (1994).

Cuando empecé a comprar música, la elección entre vinilo y cassette no era difícil. Su precio más que asequible y la versatilidad de su uso hacían de esas pequeñas todoterreno la manera más fácil de escuchar y compartir tus grupos preferidos. Pero los vinilos siempre me produjeron una atracción fatal, con sus enormes portadas y su ritual ceremonioso. Cuando salió a la venta Santa compaña (1994) de LOS SUAVES no pude evitar hacerme con una de aquellas joyas. El LP de este disco maravilloso es uno de mis más preciados tesoros. Con un presupuesto como el mío era complicado, así que lo compré a medias con mi mejor amigo. Era una edición especial, ya con ese formato en pleno declive, y regalaban además una camiseta que aún conservo y utilizo. Ambos hicimos cola durante horas en la mítica Madrid Rock para que nos lo firmaran todo. Nueve temas increíbles que nunca dejaré de oír.

RORY GALLAGHER – Etched in blue (1998).

Descubrí a RORY GALLAGHER precisamente por ser una recomendación de ROSENDO, que siempre ha mantenido que el irlandés es uno de sus ídolos. El primer disco suyo que escuché fue un recopilatorio publicado tres años después de su muerte, en 1998. Etched in blue se convirtió en uno de los imprescindibles en mi maleta. Daba igual en qué bar estuviera trabajando, mi turno empezaba cuando sonaba “Loanshark blues” . Acabó destrozado, como todos los discos que viven en las barras de los bares. Ahora sólo me queda su caja destartalada y una copia digital, lista para volver a sonar una y otra vez.

BARRICADA – La tierra está sorda (2009).

Parecía que iba a ser imposible quedarme con un solo disco de mis adorados BARRICADA. Nunca ninguna banda logrará enamorarme como ellos. Pero uno sobresale por mérito propio entre todos los demás. El último que grabaron juntos El Drogas y Boni y que se convirtió, sin duda, en el mejor de sus trabajos. Un disco emocionante y desgarrador que pone la cuerda en la llaga, que le da voz a la injusticia y la vergüenza de una España que quiso cerrar los ojos a las terribles consecuencias de la represión franquista. Además contiene dos temas basados en mi libro de cabecera, La voz dormida. Compré ese disco y la primera escucha se la di en el coche, no podía esperar a llegar a casa. Tuve que parar en el arcén para llorar a lágrima viva cuando sonaron los primeros acordes de “Hasta siempre, Tensi”.

TÁLESIEN – El silencio (2012).

La música me ha aportado muchas cosas en mi vida. Amigos, viajes, emociones y experiencias únicas. Muchas de ellas a través de este mundo de metal subterráneo, donde he formado una gran familia. Parte de ella serán siempre mis queridos TÁLESIEN. Desde mi llegada a aquel primer Subterráneo Heavy hasta hoy, cada uno de sus discos y sobre todo cada concierto han acabado en encuentros muy especiales. De todos, me quedo sin dudarlo con El silencio. No sólo porque para mí es su mejor trabajo, sino por la cantidad de buenos recuerdos que me trae esa gira. El mejor de todos, tenerles en la semifinal asturiana de la W:O:A Metal Batlle Spain. Allí no sólo sufrí y me emocioné con ellos, sino que conocí a muchos músicos y compañeros de profesión que aún siguen siendo una de mis principales motivaciones para seguir luchando por nuestras bandas. Escuchad “En tierra de nadie” o “Arriesgándome” y lo entenderéis.

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