RAGE (DEU) – Wings of rage, 2020

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Corría el año 1998 y un imberbe Sel trabajaba para una empresa subcontrata de la SEAT en el sector del metal. Como todo el mundo sabe, los trabajadores de ese ramo vamos haciendo cuernos, headbanging y molinillos por las líneas de montaje de la fábrica constantemente. En uno de los descansos entre headbanging y mosh pits un compañero me habló maravillas de unos tales RAGE a los ques no tenía el placer de conocer. Al cabo de unos días me pasó una cinta con el título de un disco que rezaba Black in mind en su solapa. El daño estaba hecho… Desde aquel día hasta la actualidad los germanos son una de las pocas bandas que han aguantado el paso del tiempo conmigo. Con algún que otro altibajo, pero siempre atento a sus discos. Y heme aquí contando batallitas de abuelo cebolleta puede que para rellenar espacio, para hacerme el entendido de la banda o simplemente para dejar entrever que este es un grupo muy especial para mí al que le tengo un gran aprecio y del que no había hecho nunca una crítica.

Tengo que reconocer que no hice mucho caso a los temas adelanto que fueron subiendo antes de editar el disco. Pero tras leer varias entrevistas y alguna crítica en las que se insistía por parte de los redactores y del propio Peavy en que el disco era una vuelta a su sonido clásico o más bien un compendio de todas las épocas del grupo, no puede evitar pedírmelo para hacer la crítica. Al principio tenía algo de miedo, ya que muchas veces cuando se vierten estas palabras sobre un grupo no son ciertas o, si lo son, lo que nos encontramos son refritos de tiempos pretéritos y mejores. Pues, como no podía ser de otra manera, ni lo uno ni lo otro. Y es que si algo sabe hacer bien el señor Wagner es sobrevivir a modas, ser siempre fiel a su estilo, pero sabiéndose adaptar a los tiempos, cambiando lo justo para no repetirse disco tras disco y no sonar a estancado. Y eso, amigos, después de veintitrés trabajos me parece una tarea titánica.

Este Wings of rage nos traslada a casi todas las épocas de RAGE. La base sonora sería la de mediados de los 90 con su Black in mind como buque insignia, por la velocidad de los temas y la agresividad de las guitarras. Por supuesto, actualizada a los tiempos que corren. Pero también tenemos la melodía y partes más intrincadas de la época Smolski, un par de canciones que nos devuelven a la época orquestal de XIII o Ghost y ramalazos por aquí y por allí de épocas aún más pretéritas, del Trapped! para atrás.

Esta vuelta a las raíces ya se pudo apreciar desde el cambio de formación y la incorporación de Vassilos Maniatopoulos a las baquetas y sobre todo con Marcos Rodríguez a las seis cuerdas, ya que su The devil strikes again era casi un homenaje constante al ya mencionado y nunca suficientemente idolatrado Black in mind. Pero en esta ocasión las similitudes no son tan evidentes y, lo más importante, los temas tienen un peso propio y no molan solo porque suenan a aquella época sino porque son temas bien estructurados, con calidad y muchísimo gancho.

Las cinco primeras canciones son canela en rama, destacando sobre todo “Let them rest in peace” y “Wings of rage”, que en disco ya me parecieron temazos y suponía que en directo podían ganar mucho más. Y después de verlos mis sospechas se confirmaron. Clásicos instantáneos para un servidor. Estos cinco temas son pura adrenalina, rabia y melodía a partes iguales. RAGE en estado puro. Peavy es capaz de sacar su parte más agresiva en las estrofas para luego deleitarnos con su voz más melosa, sin dejar su peculiar rasgadura al cantar en los coros o estribillos. Me encanta la voz de Peavy en este disco. Parece que esté en una segunda juventud y vuelva a atreverse con todos sus registros, desde los más graves y agresivos, pasando por su registro más «happy», hasta los más melódicos.

A partir del sexto tema nos encontramos con la parte más orquestal del disco con “A nameles grave” y “Shine a light”, donde el grupo baja el acelerador y entra en esos medios tiempos con cierto toque de balada que tan bien se le dan. Puede que estos dos temas no lleguen a las cotas de excelencia de otros de su carrera, pero desde luego no desmerecen para nada al resto del disco y dan cierto descanso después de tanta tralla.

La nueva versión del archiconocido “Higher than the sky” para mí se la podrían haber ahorrado, ya que, aparte de meterle más agresividad, no veo que aporte nada. Es más, le quita ese halo de melancolía que tenía la original. “Blame it on the truth” y “For those to wish to die” ponen punto final de manera más que correcta al disco. No son malos temas para nada. “Blame” tiene un estribillo muy speedico y vacilón que mola lo suyo. Pero seguramente palidecen ante la calidad de los cinco primeros.

RAGE nunca han dejado de facturar buenos discos. En todos y cada uno de ellos podemos encontrar dos o tres temas excelentes. Pero creo que con este Wings of rage han subido el listón de los dos últimos lanzamientos. Y, francamente, no creo que sea nostalgia. El disco es un back in time en muchos aspectos, pero a pesar de que los temas recuerden a otras épocas, ni mucho menos suena a refrito. Las canciones suenan actuales, con entidad propia pero sonando a RAGE cien por cien.

Si eres fan del grupo y les habías perdido un poco la pista con este disco seguramente te vuelvas a reencontrar con ellos. Si no los conoces, es un disco perfecto para comprobar de lo que son capaces. Espero que esta nueva formación aguante muchos años y nos siga regalando discos tan buenos o más que este. RAGE forever.

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