PYRRHON (USA) – Abscess time, 2020

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Hace poco menos de tres años que PYRRHON lanzaba su tercer y desorbitado larga duración. Fue precisamente con aquel What passes for survival con el que descubrí a estos neoyorquinos y me dejaron el ojete como un aspaviento en un velatorio. Locura sin descanso es lo que nos ofrece este cuarteto, cuyos cerebros han de estar interconectados por alguna especie de demencia colectiva, tan sólo a la altura de organizar un retiro de ayahuasca con tu familia en acción de gracias en el parking de una gasolinera. Pues una vez más llega esta demente formación de manos de Willowtip Records para volver a alisar los pliegues de nuestro recto con vibraciones emanadas de un metal extremo roído por la excentricidad de la técnica, del progresivo y de las fisuras más recónditas de la mente humana. Abscess time es pues el cuarto disco en larga duración de los de Nueva York, sumándose a dos demos y tres epés que completan su carrera discográfica.

¡Cuánta intensidad concentrada en cincuenta y seis minutos! En ocasiones, cuando se hace música tan (a priori) caótica, puede que si la duración del disco sobrepasa la media hora o cuarenta minutos pueda hacerse un poco complicada la escucha, pero no es el caso de PYRRHON. Esta peña sabe perfectamente cómo emplear su técnica para ponerla al servicio de la composición y estructuración en lugar de ponerla al servicio de sus propios egos, sin florituras virtuosas, sin solos de “mira, ¡Eh! ¡Cómo molo!” y sin necesidad alguna de que la melodía tenga protagonismo en ninguno de los cortes que componen Abscess time. Brutalidad, brutalidad y más brutalidad es lo que nos vamos a encontrar en este discazo que, de lo bueno que es, roza lo absurdo.

Técnicamente, como comentaba antes, van más encaminados por los derroteros en los que vagan bandas como ULCERATE, GORGUTS o GIGAN, por nombrar algunas. Son bandas que no se esfuerzan en demostrar lo rápido que pueden tocar, sino que hacen de la técnica un recurso para que su música suene todo lo complicada posible y para que ciertos recursos que otras bandas no sabrían o no podrían usar con asiduidad pasen de recurso a parte indispensable de su arte. Desde luego, no es música para todos los oídos, ni siquiera para todos los oídos que suelen frecuentar el metal extremo. Además de un uso soberbio de las disonancias y las progresiones, PYRRHON juega mucho con complejas y avanzadas estructuras que son capaces de provocar un esguince en un cerebro poco preparado. Cambios de ritmo constantes, parones de los que te dejan las rodillas una mirando para California y la otra mirando para Palencia, aumento y disminución de la intensidad según el momento, pero sin perder bajo ningún concepto esa sensación de obliteración sonora que es Abscess time de principio a fin.

Nadie destaca por encima de nadie. Todos los músicos están ahí para PYRRHON, como si de una ferviente secta al servicio de una deforme e infecta deidad se tratase. Todos y cada uno de los seres que forman PYRRHON están ahí con un propósito, y es el de hacer que tu mente se abra y que el oyente descubra nuevas verdades, tanto en la propia existencia como en lo más puramente intrínseco de la música. Todo esto es reforzado por un contexto filosófico y reivindicativo que aumenta con creces el atractivo de esta obra.

Voces que experimentan con registros, con tonalidades, con recursos de diversa índole e incluso con texturas, sirven como discurso de un apóstol poseído por un death metal de vanguardia, fresco y original al mismo tiempo que resulta familiar y podrido. Pero no queda todo ahí; PYRRHON no se limitan a explayar su death metal técnico dentro de esas fronteras, pues experimentan también con atmósferas creadas siempre por las cuerdas (tanto guitarras como ese brutal bajo) y con distintos efectos con los que han ornamentado voces y cuerdas para crear sensación de agobio, provocar ira o incluso de desesperación. Encima de todo, recurren también -algunos en mayor medida que otros- a géneros como el brutal death, el sludge, el powerviolence e incluso el grindcore o el noise, todo ello integrado con tal finura que de muchos detalles podrías incluso no darte ni cuenta si no prestas la atención adecuada.

Una puta barbaridad de disco idóneo para bautizos, cumpleaños de octogenarios o para practicar santería junto a tus primos pequeños. 10/10.

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