PYLAR (ESP) – Horror cosmyco, 2019

Enlaces:

Antes de entrar en materia con la reseña, me gustaría que hiciésemos entre todos un pequeño ejercicio de memoria. Cada vez que en un medio de ficción, sea cine, serie o novela, aparece un extraterrestre, ¿alguna vez ha sido representado algún ser que no tuviera al menos una vaga forma antropogénica o se asemeje a algo que tenga que ver con nuestro entorno natural o imaginario colectivo? La respuesta en el 99,9% de los casos es negativa. Como seres humanos nos es imposible imaginar algo que se escapa de nuestra propia estructura mental. Incluso nos cuesta concebir que haya en el eterno vacío espacial seres que no estén basados en el carbono como toda vida en la Tierra. 

Algo que no podemos ni tan siquiera imaginar es abominable, imposible de traducir a nuestras limitadas mentes humanas. Por eso el terror cósmico de Lovecraft ha tenido tanta influencia en la ficción que consumimos en pleno siglo XXI, hasta el punto de llegar a ser tópica en géneros musicales como el heavy metal. Si alguien lee de verdad alguno de los relatos donde aparece su bestiario (cosa no tan común como parece) sabrá que hacía énfasis en lo imposible de aquellas criaturas, y lo harto difícil que era definirlas. Por ello, y sin que nadie se lleve a equívoco, aunque me gustan grupos como THE GREAT OLD ONES, los tremolo pickings no me parecen lo más adecuado para transmitir aquellos horrores innombrables. 

Horror cosmyco trata de reflejar de manera sónica no sólo a aquellas criaturas espantosas que escapan de toda comprensión humana, sino también la sensación de vacío y el miedo que puede sentir un ser humano al estar sólo y perdido en medio del sistema solar, enfrentándose a la negritud más absoluta. Esto va mucho más allá de un «PYLAR meets Lovecraft», sino que es un compendio de noise, dark ambient, drone y ligeros toques de metal extremo. Y aun así siguen siendo cien por cien reconocibles. La banda ha pasado de los rituales pretartésicos a algo mucho más grande, antiguo y sombrío.

Y aunque los géneros ya citados puedan echar para atrás por inaccesibles, los sevillanos han equilibrado todo de tal manera que su obra es bastante accesible e invita a continuar avanzando en la senda de los terrores espaciales. Podrían haber realizado un álbum de noise de 40 minutos y decir «así habla Cthulhu» y quedarse tan panchos. Pero no; al igual que los extraterrestres antropogénicos, estos horrores están traducidos para nuestra comprensión humana. 

El comienzo de «Tiniebras y fulgor» impone sobremanera, con esos sintetizadores graves y el uso de un theremin que evoca una señal de radio perdida proveniente de una expedición espacial. Quizás los únicos que previamente habían logrado ese efecto de «perdido en el espacio» habían sido DARKSPACE, y eso ya son palabras mayores.

Cuando el tema gira hacia el drone se hace incluso más atractivo, porque presenta una evolución a fuego extremadamente lento; queremos ver cómo sigue evolucionando la canción, a la que los 15 minutos no le pesan. 

Siguen jugando por completo en el dark ambient en «La nada (se cierne sobre el todo)«. Un título muy adecuado no sólo por lo minimalista del asunto, sino por su juego con el silencio. Partes en las que apenas oiremos un ligero feedback, algún golpe a la batería y los cánticos de Lengua de Carpa que, como es habitual, son empleados como un instrumento más, sin destacar pero añadiendo su parte al todo. 

Un juego con el silencio que amplían en la segunda parte de «Negros abismos sueñan mi mente«, donde progresivamente todo va cediendo su espacio a la nada. Y eso que el corte comenzó con una atmósfera sucia y opresiva similar a los BLUT AUS NORD de The work which transforms god o Thematic emanation… y los deslices de PYLAR con el metal extremo caótico de gente como PORTAL

Quizás sea «Tenebrosa armonía» el corte más «clásico» del grupo (y eso que el grupo muta 180º tras cada disco), con esa batería caótica que parece que no sabe lo que hace, aunque realmente sea todo lo contrario. Pero ese sintetizador de película de ciencia ficción de los años 50 y el riff de guitarra perenne nos ponen en nuestro sitio: La pesadilla espacial aún no ha acabado. Aunque sí es cierto que esta última composición no es tan tenebrosa como sus hermanas. 

En el fondo no deja de ser un disco de PYLAR. El esqueleto identitario se encuentra en aquel lejano Poderoso se alza en my, mientras que para encontrar otro ejercicio tan relativamente abstracto hay que bucear en aquel atrevido La gran obra, donde ahondaban en las notas largas hasta la extenuación. La diferencia es que ahora todo está envuelto en una oscuridad tan negra que ni tan siquiera la humanidad puede concebir.

PYLAR (con ayuda del escritor Francisco Jota Pérez en el apartado lírico) han vuelto a transformarse en un ser completamente diferente. La única duda que queda después de tantas mutaciones es ¿qué les queda por hacer? 

Comparte: