PSYGNOSIS (FRA) – Neptune, 2017

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Han pasado dos años desde que PSYGNOSIS decidiese suplir la baja de su cantante Yohan Oscar de la manera más inusual posible, con el violoncellista Raphaël Verguin, que aun así ya era miembro de sesión del grupo, pero no oficial. El acto de presentación fue el EP AAliens, en el que nos presentaron una nueva versión de su tema más conocido, “FIIIX“, en la que las líneas del violoncello sustituían la voz, y una canción completamente nueva, “Man ov steel“, en la que su nuevo miembro no sustituía ni reemplazaba nada, tomaba su camino por pleno derecho. En aquella reseña, además de echar en falta la voz, afirmé que “Man ov steel” sería el nuevo camino a seguir para los franceses… y así ha ocurrido. 

Guste más o menos la falta de voz, es innegable que el grupo está completamente transformado en su última versión. Las canciones no dan espacio alguno para la voz, están pensadas por y para ser instrumentales. Buena prueba de que los de Maçon compositivamente no miran atrás, han tomado un nuevo riesgo en su carrera (y van…) y se han metido hasta las orejas. No es posible implantar líneas vocales porque alteraría bastante la estructura de las canciones. 

No obstante, por más que diga y establezca que el cambio ha sido grande, no hablamos de que los franceses tengan un sonido radicalmente distinto. Nada más lejos de la realidad, PSYGNOSIS siguen sonando a ellos mismos; la única diferencia es que los riffs de death metal se alargan mucho más en el tiempo y, por ende, la batería tiene un tratamiento más rítmico, no tan extremo, sino que en lugar de enfocarse en la brutalidad lo hace en mantener una velocidad constante. El violoncello, como es lógico, ha pasado de tener un papel que normalmente era secundario (salvo algunos instantes) a primario, a ir parejo a la guitarra, el bajo y batería, pero aun así hace sus propias líneas independientes. Por contra, hay menos breakdowns, menos blastbeats y menos samples. En definitiva: mucho menos espacio libre, de ahí que un cantante no tenga lugar aquí. 

Pero lo que más impregna todo, y que no ha variado un ápice, es el ambiente que generan los franceses. Ese ambiente tan suyo, tan imprescindible y que no se puede describir con palabras, porque simple y llanamente se siente. Su horror vacui sigue vigente, y el desafío de escuchar una obra de PSYGNOSIS de una sentada sin saturarse sigue vigente. Es más, al prescindir de la voz y su variedad, Neptune se hace más denso y más complicado. ¿Es necesariamente malo? No, pues Neptune tiene mil detalles que no saltan a la primera escucha, ni a la segunda, ni a la quinta, pero por otro lado es inevitable percibir cierto aire monótono. Si hay cambios (que los hay, y no son pocos), estos son más duraderos. En otras palabras, cuando son lentos, se tiran más rato siéndolos, y cuando son rápidos… En resumen, encontramos temas extensos y el nuevo tratamiento, con un ritmo más constante, hace que si no tenemos puesta la atención suficiente nos aburramos. Pero probablemente al grupo le dé absolutamente igual que haya oyentes que los encuentren soporíferos. Nadie decide sustituir al cantante por otro instrumento de cuerda mientras hace canciones de más de diez minutos por pura casualidad. 

El propósito de Neptune, de por qué todo es como es, se descubre tras muchas escuchas, y no es ni más ni menos que el de crear su propia banda sonora (la cinefagia de estos chicos ya venía de lejos, con su amplio uso de samples). Si bien antes he hablado de una linealidad deseada en las canciones, no todo el monte es orégano. Los cortes no son hieráticos, siempre buscan subir y bajar de intensidad, como si recreasen alguna escena cinematográfica. “Storm” tiene como pilar un melancólico piano, pero acaba teniendo uno de los riffs más épicos y finalmente tira por el camino de los blast beats. ¿Quizás ejemplifica la batalla del héroe caído? “To Neptune” tiene cierto aire frío y espacial que podría encajar en cualquier film de ciencia ficción. 

Aunque en definitiva lo que realmente vale la pena es escuchar de una sentada los 77 minutos de Neptune, por complicado que sea y cueste, incluso a mí, que desgranar las virtudes de esta obra me ha costado bastantes intentos y desconexiones mentales. Pero al final estos chicos, si les das la oportunidad, se salen siempre con la suya. Que siga así durante mucho tiempo. 

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