PROGENIE TERRESTRE PURA (ITA) – U.M.A., 2013

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Uno de los enigmas que más ha desvelado al ser humano desde que tomó conciencia de sí mismo es el de el espacio más allá de nuestra frontera planetaria. Ha generado cantidades ingentes de literatura y mitología, se ha estudiado desde ángulos muy diversos y ha ocupado buena parte de nuestras ensoñaciones. Como no podía ser de otra manera, también la música se ha hecho eco de esta inquietud ante el universo desconocido.

A este respecto el black metal es probablemente el subgénero que más claramente ha profundizado en este viaje interestelar del intelecto y los suizos SAMAEL ya introdujeron conceptos astronómicos en su Passage de 1996. Siete años después DARKSPACE recogerían el testigo  transformando el black industrial de sus compatriotas en algo mucho más crudo y opresivo que otras bandas como MIDNIGHT ODYSSEY o MESARTHIM continuarían moldeando de distintas maneras.

Uno de los vástagos más interesantes de esta escuela es PROGENIE TERRESTRE PURA (o q[T]p). Este dúo veneciano editó en 2013, vía Avantgarde Records, su primer trabajo titulado U.M.A., acrónimo de “Uomini, Macchine, Anime” (Hombres, Máquinas, Almas). El concepto en el que se basa está algo más alejado de la visión nihilista del espacio, representada en la figura de los agujeros negros como símbolo de un cosmos hostil, frío y solitario, para introducirnos e una vertiente muy influenciada por la ciencia ficción de Isaac Asimov, Phillip K. Dick o Robert A. Heinlein, que gira en torno a cuestiones como los viajes espaciales, la colonización de otros planetas o la cibernetización de la civilización.

Para lograr que una música tan pesada logre dicha ambientación, q[T]p apuesta por envolver su sonido en diversas capas de digitalización que le otorgan un sonido metálico y frío, como si saliera directamente de las entrañas de un gigantesco navío espacial. Adicionalmente los sintetizadores complementan a los teclados con ritmos y sonidos que provienen directamente del psybient, trayendo a la mente algunos de sus ejemplos más prominentes como H.U.V.A. network o CARBON BASED LIFEFORMS. Cuando el black metal entra en acción se nos muestra una producción en equilibrio milimétrico entre un sonido crudo y uno más moderno y diáfano. Las guitarras se muestran algo difuminadas, casi como una lejana transmisión radiofónica, pero al mismo tiempo no están excesivamente distorsionadas y contribuyen a crear una atmósfera muy densa, en contraposición a unos teclados y sintetizadores muy luminosos. Esto se hace patente ya en el tema de apertura “Progenie terrestre pura“, donde la evocación de algún tipo de tecnología aeroespacial se alterna con fragmentos de puro black atmosférico.

En lo que a ambientación respecta, la voz juega un papel fundamental, sonando lejana, como suspendida en mitad del universo. Aparece principalmente con dos registros diferentes, una especie de susurro digitalizado y un gutural nebuloso, cuyo rasgar de las cuerdas vocales apenas es perceptible, siendo en ocasiones difícil distinguir una de la otra. No sólo destaca en cuanto al continente, sino también en lo que a contenido se refiere, condensando en pocas palabras algunas reflexiones interesantes, como es el caso de “Sovrarobotizzazione“, en la que se plantea una emancipación de la propia especie humana a través de la tecnología, o “Sinapsi divelte“, donde se elucubra acerca de los límites de la conciencia humana.

Como colofón a este sonido, que parece bailar entre lo orgánico y lo artificial, la percusión suena casi robótica y juega entre contrastes, con continuos cambios de ritmo y yuxtaponiéndose en ciertas ocasiones mediante furiosos blast beats a las melodías de notas largas. Quizá no haga uso de recursos arriesgados, pero los que utiliza son efectivos y están bien escogidos. La longitud de las canciones, que oscilan entre los 7 y los 13 minutos distribuidos en apenas cinco pistas, juega en su favor a la hora de mostrar todo su potencial.

U.M.A. es toda una ópera espacial, una experiencia inabarcable que nos transporta a horizontes inhóspitos, nos hace elevar la mirada hacia lo desconocido y flotar en la ingravidez de su excelente ambientación para aferrarnos al suelo con toda la densidad de sus lejanos sonidos metálicos. Se trata de una hermosa pero inquietante metáfora de nuestra existencia, que nos ayudará a comprender que lo importante es disfrutar del trayecto, más allá de las preguntas que formulemos y las respuestas que obtengamos durante el viaje.

 

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